Edición Nº 1793


 

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    ARTICULO

    9 de octubre de 2003

    WOJTYLA: El Ocaso del Peregrino
    Juan Pablo II llega heroicamente a cumplir 25 años de
    pontificado, el cuarto más largo de la historia.

    "Que el Papa no pueda moverse no tiene nada que ver con sus facultades mentales. El no se retirará a un monasterio en Polonia", dice Manuela Borraccino.

    Escribe TERESINA MUÑOZ-NAJAR

    EN 1996, cuando el propio Juan Pablo II redactó las nuevas normas sobre el cónclave, tuvo en consideración la figura de la dimisión por dos motivos: la muerte o una grave enfermedad. "Se refería y eso queda clarísimo -dice la periodista italiana Manuela Borraccino- a una parálisis cerebral". Es decir a la pérdida casi absoluta de las facultades físicas y mentales. "Y este no es su caso", añade Borraccino. Sin embargo, la quebrantada salud de Juan Pablo II, a pocos días de conmemorarse los 25 años del inicio de su pontificado, ha generado una serie de especulaciones -y declaraciones de algunos importantes primados- sobre si debería o no dimitir y sobre quién podría ser su sucesor.

    Manuela Borraccino trabaja en la agencia italiana de noticias Kromos y hace seis años que viene cubriendo las innumerables actividades del Sumo Pontífice. Borraccino estuvo hace unos días en Lima y CARETAS tuvo la oportunidad de conversar con ella. "El Papa estará en el Vaticano hasta el último momento -explica- porque, si bien el último viaje que realizó a Eslovaquia (entre el 11 al 14 de setiembre pasado), significó un deterioro a su salud, está sumamente lúcido".

    Según la periodista, a Juan Pablo II le cuesta cada vez más recuperarse después de realizar algunos movimientos, como el trasladarse de una silla a otra, por ejemplo. "Tarda como media o una hora en volver a hablar y eso seguramente le causa mucho sufrimiento, porque generalmente está frente a un jefe de Estado o a las cámaras de televisión". "Hay que tener en cuenta -continúa Borraccino- que tiene 83 años, que ha sido víctima de un atentado, dos tumores, dos fracturas (al fémur y a la espalda) y que desde 1993 tiene el mal de Parkinson. No obstante sigue trabajando intensamente y no hace la vida que un hombre de su edad, con sus achaques y enfermedades, debería".

    Posibles sucesores: Darío Castrillón Hoyos, Joseph Ratzinger y Dionigi Tettamanzi. El africano Francis Arinze sería un milagro.

    Todos los días el Papa tiene, por las mañanas, cuatro o cinco audiencias. Por decir: con el jefe de Estado de Filipinas, con los obispos de Nigeria, con el prefecto de los obispos. Luego, el almuerzo: "se sabe que come poquísimo y si se le ve algo hinchadito es por los fármacos que toma contra el Parkinson". "Después del almuerzo, Wojtyla reza, reza mucho y a las seis de la tarde, otra vez a la carga". Revisa documentos, disposiciones, avenencias con Ratzinger, etc.

    "El Papa está lúcido -insiste Borraccino-, nosotros vemos su capacidad de improvisación los domingos en el angelus y todos los miércoles a las 11, cuando se encuentra con los peregrinos. Cuando recibe a los jefes de Estado, cuatro periodistas estamos autorizados a seguir la visita y a acompañarlo hasta su departamento, y si bien sus movimientos son más lentos, su memoria está intacta. Nos quedamos atónitos cuando pasa de un idioma a otro con tanta destreza o, cuando los peregrinos polacos le cantan canciones de su tierra y él recuerda todas las letras". Juan Pablo II, además, sigue viendo personalmente asuntos como los de Tierra Santa e Israel. "Todos los colaboradores del Papa -concluye Borraccino- dicen que si hubiera tenido que dejar el gobierno de la Iglesia, ya lo habría hecho. Los razonamientos de él no son humanos, su visión es exclusivamente sobrenatural. Sabe que a lo único que le tiene que ser fiel es al hecho que Jesucristo lo ha puesto allí".

    Ahora bien, ¿qué pasará cuando el Papa muera? ¿Quién será su sucesor? De acuerdo al dogma el tema está en manos del Espítiru Santo. Sin embargo, y recogiendo ciertos comentarios que se escuchan en los corrillos del Vaticano, se pueden hacer terrenales conjeturas.

    Todo parece indicar que los criterios para elegir al sucesor de Juan Pablo II serán los siguientes. En primer lugar, la edad. Después de un pontificado tan largo y carismático (sólo se puede igualar con los de San Pedro: 31 años, Adriano I: 23 y Pío IX: 32), se preferirá a un Papa mayor de 75 años, un Papa que pueda tomar el gobierno de la Iglesia por un quinquenio o un poco más. Así, quedarían excluidos, en América Latina, Rodríguez Madariaga y Rivera Carrera y en Europa, Christoph Schoembom, el brillante arzobispo de Viena que no ha llegado a los 60 y Carlo María Martini ex arzobispo de Milán, que es un hombre con una fama intelectual muy vasta y un reconocido biblista. Es incluso, un progresista. Y ese es el otro criterio. Se habla que en estos momentos, los premiados serán los conservadores y firmes. La Iglesia necesita de un guía fuerte, que la pueda sacar adelante cinco o seis años y después ya se verá.

     

    Manuela Borraccino, periodista italiana.

    No hay posibilidades, en esta oportunidad, que el elegido sea un arzobispo del Opus Dei, por lo que Cipriani también estaría descartado. La Obra puede estar haciendo muy buenas cosas pero sigue generando controversias dentro de la Iglesia, aunque su fundador haya sido canonizado. El nuevo Papa, además, deberá hablar cinco o seis idiomas.

    Dentro de este marco, se vislumbran como candidatos, el cardenal Joseph Ratzinger, director de la Congregación para la Defensa de la Doctrina de la Fe, quien es considerado un hombre fiel, leal, superconservador, conocedor de la doctrina y quien, por cierto, está cerca de Wojtyla hace 22 años. También, el actual arzobispo de Milán, Dionigi Tettamanzi, quien al igual que Ratzinger es muy conservador. Otro podría ser el cardenal de curia colombiano Darío Castrillón Hoyos (73). El conoce perfectamente la burocracia vaticana, otro de los requisitos que deberá cumplir el sucesor de Juan Pablo II. Por eso, es imposible que el elegido venga de Australia o del Africa. Tampoco será un norteamericano. La credibilidad de los arzobispos estadounidenses luego del escandaloso caso de pedofilia que envolvió a algunos, no está en su mejor momento.

    Cuando ocurra el fallecimiento del Papa, sus funerales se realizarán no antes de los primeros nueve días ni después de los 15 del deceso. En el transcurso llegarán los cardenales de todo el mundo. Pasado este tiempo y todas las celebraciones comenzarán las reuniones informales y finalmente, el cardenal Ratzinger, decano del Colegio Cardenalicio, determinará la fecha en que comenzará el cónclave (participarán alrededor de 120, menores de 80 años). Puede durar dos horas o dos semanas. Cuando los purpurados entren a la Capilla Sixtina se aislarán totalmente. Sin periódicos, celulares, televisores ni nada que los una a lo mundano. Hasta que la fumarola blanca anuncie el nombre del nuevo sucesor de Pedro.

     


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