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Edición Nº 1794 |
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Todavía Está
Pichón AL primer vicepresidente de la República, Raúl Diez Canseco, no le tomó ni un día en el despacho presidencial, en reemplazo de Alejandro Toledo, para alborotar el gallinero. Bastó con leer los titulares del martes último: "Quiero Irme", fue la primera plana de La República; "Se Quieren Derrumbar al Gobierno" la de Correo; "Raúl Diez Canseco desaira al Congreso", la de Expreso. ¿Dónde estamos, en Bolivia?, se rascaba la cabeza más de un transeúnte. No, RDC simplemente había convocado el lunes 13 a Palacio a los editores y directivos de la prensa nacional -bajo la premisa de un diálogo "off-the- record'"- y se fue de pico. No hay reserva que resista -lo sabemos bien en el gremio- una confidencia que es compartida entre más de una veintena de periodistas. El error es sólo atribuible a un político novato, que no debiera ser el caso de RDC. Ex diputado, candidato a la alcaldía de Lima, a la Presidencia de la República en 1995 y sobrino de Fernando Belaunde Terry, por añadidura. Y no sólo eso. Esta es la vigésima quinta vez que RDC reeemplaza a Toledo en el despacho presidencial, aunque pocas veces por tantos días como ahora: el presidente Toledo recién regresa a Lima el miércoles 22 próximo, en la tardecita. Así le toca a RDC una semana cargada. Waisman no es el único
en el partido oficialista que ha sacado el serrucho (que lo niegue la
primera ministra Beatriz Merino), y la controversia que ha generado el
retiro del Perú del G-21 (grupo de 21 países opuestos a
los subsidios agrícolas en los países desarrollados, que
se formó para la Cumbre de la OMC en Cancún) es un sanbenito
del cual RDC torpemente no ha sabido sacudirse. CARTA A ZOELLICK El lío empezó a principios de octubre. El jueves 2, el ministro de Comercio Exterior decidió retirar al Perú del G-21. No lo hizo ante la coordinadora del grupo, Brasil, sino con una carta dirigida a Robert Zoellick, representante comercial de EE.UU. (USTR). Ahora CARETAS releva en exclusiva parte del contenido de la famosa misiva. "El Perú suscribió un documento sobre agricultura, que representaba una amplia gama de intereses comerciales de los países en desarrollo y del Perú en particular, sobre la base de que el conjunto de países que suscribieron el documento (grupo que posteriormente fue denominado G-21) participaran y propiciaran un diálogo fructífero y constructivo que tuviera como meta un acuerdo global y equitativo en el tema Agricultura y que fuera mutuamente beneficioso para todos los países miembros de la OMC", señala. "No ha sido así y no es la intención del gobierno peruano con su participación en el G-21 poner trabas en el proceso, sino que por el contrario, en todo momento, buscó que el grupo cumpliera un papel conciliador para cerrar las diferencias existentes en el tema agrícola". "En ese ánimo, el Perú no continuará participando en un grupo que plantee posiciones extremas que dificulten el avance de las negociaciones de Doha. El Perú no se asociará a propuestas que propiecen las diferencias, en detrimento del consenso. Es por ello que, al concluir la Conferencia de Cancún, ha concluido también nuestra participación en dicho grupo". Lo sorprendente es que el retiro no fue consultado con el canciller Allan Wagner ni el presidente Toledo. El reclamo de RDC de la primacía de su ministerio en la política de comercio exterior respecto a Cancillería contribuyó a descaminar el debate (CARETAS 1793). TLC VS G-21 La verdad de la milanesa es que el retiro del Perú del G-21 fue gatillado por el Embajador del Perú en Washington, Roberto Dañino, quien vio peligrar las avanzadas negociaciones para llegar a un Acuerdo de Libre Comercio (TLC) entre el Perú y EE.UU. a dos semanas del fracaso de la Cumbre de Cancún. El 2 de octubre, precisamente, el tema de tratados bilaterales de libre comercio de EE.UU. iba a ser evaluado en una reunión de interagencias norteamericanas. Ya el Senador Grassley (Comité de Finanzas) había declarado en el Finantial Times que su gobierno analizaría los países "que jugaron un rol constructivo en Cancún, y aquellos que no". También otro influyente senador, Baucus, dijo que se estaba evaluando a aquellas naciones "cuyo rol fue menos que constructivo, lo que precipitó el fracaso de Cancún". El propio Zoellick fue aún más enfático, según Diez Canseco: "Fue muy claro: Perú salía de la lista de EE.UU. para alcanzar el tratado comercial si no dábamos una respuesta inmediata". Agregó RDC: "Era una cuestión de vida o muerte". (No quedó claro si Zoellick dió su ultimátum el mismo 2 de octubre, o el 16 de setiembre, fecha en que se supo del fracaso de Cancún coincidentemente con la visita de la primera ministra, Beatriz Merino, a Washington). Fue por eso que se optó por zanjar la posición peruana en el G-21 en la ya famosa carta a Zoellick. El canciller Wagner no pudo ser consultado puesto que se encontraba en las ruinas de Choquequirao donde no llega ni la señal de Tim. Según RDC, Dañino redactó "párrafos enteros" del documento, y la primera ministra Beatriz Merino puso el acento. Se sabe que el primer borrador fue redactado por Alfredo Ferrero, viceministro de Comercio Exterior. Conocida la decisión del Perú el Canciller de Brasil, Celso Amorín, el 6 de octubre, no pudo ser menos diplomático: "Las presiones y amenazas norteamericanas a los países que forman parte del G-21, que en la última reunión en Cancún se enfrentaron a EE.UU. y a la Unión Europea por los subsidios agrícolas, (son la razón por la cual) el Perú tuvo que optar por retirarse. Todos sabemos el poder de fuego norteamericano en todos los sentidos". Algo de experiencia tiene el canciller Wagner de cómo maniobrar
sin quemarse el pico.
EN LA PUERTA DEL HORNO El Perú ha solicitado a la Administración Bush que eleve la propuesta del TLC al Congreso norteamericano, a fines de noviembre, coincidiendo con la Cumbre Ministerial del Acuerdo de Libre Comercio para las Américas (ALCA) que se celebrará en Miami el 21 y 22 de noviembre. Según RDC y Dañino, merced al arriesgado gambito epistolar, y "el trabajo silencioso", estaríamos -junto con Colombia- en la puerta del horno. "Zoellick estuvo en el Perú el 27 de julio del 2001 -en víspera de la asunción de mando de Toledo- y entonces Pedro Pablo Kuczynski y yo (quien asumió el Ministerio de Economía) (el Premiariato) le planteamos el interés de alcanzar un acuerdo bilateral de comercio. El tipo quedó un tanto desconcertado", recuerda Dañino. "El ingreso per cápita peruano por exportaciones es de apenas US$ 280, el de Venezuela es de US$ 1,200. No podemos darnos el lujo de seguir esperando", explicó Dañino. Recién en el 2003 el proceso se desembalsó, y a lo largo del año se han tenido tres reuniones (marzo, junio y agosto) en la que se ha explorado el ámbito del posible acuerdo bilateral comercial. Son pocos los que dudan de las ventajas que un TLC acarrearía. El ATPDEA (Tratado de Preferencias Arancelarias Andino) -que ya desgrava centenares de partidas arancelarias peruanas, entre ellas los textiles- rige apenas hasta el 2006. Sólo con un TLC se extiende el beneficio. "Está demostrado que el ATPDEA sirve para reactivar la capacidad instalada, pero no para atraer nuevas inversiones", sostiene Dañino. Al mismo tiempo, EE.UU. ya ha suscrito TLC con Jordania, Singapur, Chile (en el 2002 tras 11 años de negociaciones), con Marruecos y Australia (2003) y el Tratado con los países centroamericanos en bloque está más cantado que la cumparsita. Si el Perú no sella el TLC, nuestros productos corren el riesgo de ser desplazados del mercado norteamericano. Se trata de un proceso plagado de incertidumbres. El Congreso norteamericano tiene 90 días para aprobar la propuesta de TLC que haga la USTR. Las negociaciones a partir de entonces pueden alargarse indefinidamente. Dañino, sin embargo, confía en sellar el trato durante el primer semestre del 2004. "Después vienen las elecciones a la Presidencia norteamericanas y nadie estará interesado de tratar el tema". Ingresar al TLC no es como ingresar a Disneylandia, pero la presencia de México y Chile (que ya tienen TLC) en la G-21 demuestran que una vez adentro el comercio internacional está lleno de montañas rusas, cuartos de espejos y trenes fanstasmas. Lo único que no hay son pichones.(Marco Zileri)
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