| |
CABE imaginarse una calle Azángaro
en la que se ofrezca el servicio de aplicación de huellas
dactilares. Los delincuentes utilizarían delgadas capas de
látex como las que se observan en las películas. Peor
aún, tomando en préstamo una idea de Misión
Imposible, podrían correr de un puesto a otro con dedos recién
cercenados y conservados en hielo.
|
|