|
Edición Nº 1796 |
|||||||||||||||
|
|
|||||||||||||||
|
|
Sístero
al Susto ESCRIBE LUIS FELIPE GAMARRA DEBAJO del atardecer de Tarapoto está uno de los paraísos turísticos de la selva peruana. El Sauce ha resistido bombardeos del EP, feroces incursiones del MRTA y hasta la ilícita adquisición de terrenos por corruptos adscritos al régimen de Montesinos. En esa misma ciénaga que convierte las 4x4 en monumentos móviles de barro, está Sístero García, ex jefe del batallón nororiental del MRTA. En una mesa del Restaurante la Colpa, separa los frijoles buenos de los malos. Once años atrás, en la tupida selva del Ene, "lo malo se tenía que convertir en bueno, si no, te morías de hambre". Acaba de escribir Así se rompió el acero. Veinte capítulos de su militancia subversiva. MEMORIAS SALVAJES "¡Todos cojan palos o piedras! - Era la orden. Sin miedo ni compasión, querían recuperar su trinchera. Los policías retrocedían sin dejar de disparar. Sus vehículos quedaron hechos chatarra y ceniza ¡Aquí comienza la guerra popular!, gritaron todos", escribe Sístero, al narrar la toma de la provincia de Juanjuí, organizada operación con la que el MRTA logró dominar San Martín, en 1985. Sístero dirigió el batallón y murió un policía. A principios de la década de los sesentas, Luis
de la Puente Uceda rompió con el APRA y fundó APRA Rebelde,
convertido en el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). Desde ese
día, la izquierda se agruparía en una extensa lista de siglas
(PUM, PSR, ORGA, UDP, VR, PM, etc.), la diferencia entre cada una estribó
entre la palabra y el fusil. El más radical fue el "Proyecto Revolucionario"
que en 1982 llevó el nombre de Movimiento Revolucionario Túpac
Amaru (MRTA). Ese año empezaron sus pintas, volanteo y toma de
emisoras. Rápidamente el MRTA se hizo de la selva nororiental,
mientras en la sierra Sendero Luminoso desató su barbarie. La desgracia
que hizo palidecer al Perú durante los próximos años
fue el peor episodio de sangre de toda nuestra historia. Sístero
es parte de ella.
"Desviaron sus ideales, se desprestigiaron, se hicieron burocráticos, caudillistas; utilizando una política criolla se hicieron de incondicionales mediocres, para tener las riendas del movimiento y así agarrarse la plata de los cupos y del narcotráfico", escribe sobre sus antiguos camaradas cuando recuerda los crueles métodos que adoptó el MRTA, los que lo terminaron por definir como un grupo terrorista. "Me fui con más de 100 hombres. Después de eso todo se vino abajo, la guerrilla del Norte Chico, la columna Alcides Reátegui, el Estado Mayor de la Milicia del Huallaga Central y la columna Lino Ayachi Tapuchima, renunciaron por el mismo motivo". Sístero García renunció al MRTA el 13 de enero de 1992. Un poco tarde, pues cabe recordar que en 1989 el MRTA ya había secuestrado y torturado a una docena de empresarios y en 1990 asesinó al Ministro de Defensa, el general EP(r) Enrique López Albújar. La práctica más extendida del MRTA fue el secuestro, que marcó una etapa de extrema violencia urbana. Las "cárceles del pueblo" se convirtieron en la amenaza de todo empresario. Con el dinero recaudado de los plagios y el narcotráfico, compraban armas cada vez más sofisticadas, como las que mostró el camarada `Tito', antes de morir en la operación Chavín de Huántar ¿Por qué Sístero no está en prisión? Pocos lo entienden. La última vez que entró en un calabozo fue en 1991, cuando la Policía lo capturó en el aeropuerto de Tarapoto. Según el reporte policial, cargaba con un millón y medio de dólares. Sístero aduce que sólo tenía 100 dólares. A mediados del '91 Carlos Gonzales, dueño del hotel Puerto Palmeras, lo visitó en la cárcel de Castro Castro. Allí, narra Sístero, se arregló su salida. Gonzales sobornó jueces y fiscales para obtener su libertad. Su motivo, explicó Gonzales, fue pacificar Tarapoto. No quiso precisar cuánto le costó. El olor del aceite quemado de una carretilla de emoliente fue la primera sensación de libertad. Fueron tres años de prisión de sus dieciséis como guerrillero y terrorista. Aún pesan sobre el dos órdenes de captura. "El arrepentimiento es un concepto moral", dice, "yo no estoy arrepentido; si maté gente no lo recuerdo, corrían muchas balas en un enfrentamiento. No tengo de qué arrepentirme". Señala incluso, con desfachatez, que pretende la presidencia de su región. Al salir del restaurante observamos un calendario con una turgente modelo que sostiene un frasco de aceite para carros. "Es mi hija", afirma Sístero, y como en todo, no bromea.
|
||||||||||||||
|
|
|||||||||||||||