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1-Priscilla Monge (ver sus feminazis boomerangs)
es figura de la primera plana del arte internacional. Ella representó
a su país, Costa Rica, en la pasada Bienal de Lima. Ahora
esta misma muestra se exhibe en el Museo de Arte Costarricense en
la que además incluye las 6 grandes fotos censuradas que
iba a presentar en la Bienal de La Habana. La trayectoria de Monge
es ejemplar. Ella es tomada en consideración por la mayoría
de los curadores del jet-lag, a diferencia de lo que ocurre con
nuestros más sobresalientes artistas, que suelen ser ignorados
dentro del ámbito internacional. El problema es nuestro conservador
de distribución y consumo del arte, agravado por la inexistencia
de un museo de arte contemporáneo que nos permita comprender
mejor al siglo.
2.-Clara Astiasarán es cubana y
vive en San José, donde hizo una maestría en Historia
del Arte. Anteriormente había trabajado en las Direcciones
de Artes Plásticas y Patrimonio de la Casa de América.
Ha sido curadora independiente y tiene varias publicaciones, pero
su salto a la fama -esa perversión del prestigio, Rosa Montero
dixit- surge a raíz de su texto sobre la participación
de Monge en La Habana. Admitamos que ella es provocadora, pero fundamentalismos
de Miami al margen, la torpeza cubana revela la fragilidad de un
régimen que agoniza. Por considerarlo imprescindible entrevistamos
a Monge y Astiasarán. Caretas tiene la primicia de publicar
su texto en la extensión que este espacio permita:
3.-Clara Astiasarán sobre Priscilla
Monge: "Enumeración de las sangres":
a. El amor es cosa de vida o muerte. La
Habana, Cuba, 1961. La Revolución estrenaba sus dos primeros
años. En Ciudad Libertad, la víspera de la invasión
de Playa Girón, ataques mercenarios cobran la vida del joven
Eduardo García Delgado. Antes de morir escribe con su sangre,
en una puerta blanca donde cae recostado, el nombre de Fidel. Dotaba
a la historia cubana de una intervención de evidente acento
estético.
b. La locura es cosa de vida o muerte.
Tiempo después Nicolás Guillén, perpetuaría
de forma apologética la gloria de ese gesto último
en un poema titulado La sangre numerosa. El poema hacía
alusión a la capacidad de reproductibilidad de esa acción,
como si se tratará de un sistema fabril o una enfermedad
contagiosa. Se constituía el gran canto de esos años;
la epicidad de esa muerte la conformación de un modelo.
c. La memoria es cosa de vida o muerte. En
la zona más antigua de La Habana se encuentra la otrora casa
presidencial, hoy Museo de La Revolución. Se conserva allí
la puerta que aquel joven grabara con el nombre del líder
de la Revolución. Muy cerca, tiene lugar la Bienal de La
Habana, evento que invita nuevamente a la artista Priscilla Monge
(Costa Rica, 1968). La artista en su cualidad de turista, se convierte
en espectadora activa del espacio visual. De este modo crea nuevas
estrategias de significación, con la potestad de dirimir
la historia desde la no implicación. Desde ese lugar Monge
enfrentó en La Habana esa (otra) memoria.
4.-La belleza es cosa de vida o muerte.
Dijo alguna vez el poeta Ezra Pound: "La belleza es difícil".
La belleza, se ha visto amenazada en estos tiempos por la obliteración
que le ha dispensado el discurso del arte contemporáneo y
particularmente el discurso crítico. La no existencia de
formas estables que la contengan, desplazan el concepto de belleza
del objeto al acontecimiento. El ideal de perfección y perpetuidad
tambalea ante la efímera vida del criterio o la responsabilidad
que la subjetividad ha ocupado en ese proceso de identificación.
Ya Kant nos había advertido en su Crítica del juicio
que la pretensión de universalidad de la belleza era atravesada
por connotaciones como el gusto, y susceptible a categorías
como espacio y tiempo. Priscilla Monge, ha decidido aprovechar el
contexto en el cual debe trabajar, visibilizando propuestas conceptualmente
ligada a espacios físicos concretos y a su manera de interactuar
con el medio. Rescata escenarios de cierta apariencia armónica,
despojándolos de su sentido primigenio y esboza su reflexión
sobre el propio lugar del arte. En La Habana decide llamar la atención
sobre este "suceso-objeto" que se constituyó en ideal para
el discurso revolucionario de los años 60's.
Con una serie de seis fotografías, la artista
reedifica el escenario sustituyendo el nombre de Fidel por algunos
textos que ya van siendo reconocidos en su repertorio. Esta vez
no sólo dialoga desde esa retórica de la frase hecha,
impuesta por el lenguaje o por su eficacia, y que ha manipulado
para atentar contra los mitos; porque esta vez el mito no es sólo
el arte. La artista somete a la desfragmentación un capítulo
de la historia cubana, y con él la legitimidad de toda una
"realidad" en la que una nación ha definido sus ejes de supervivencia.
Otro poeta, Rainer María Rilke, ya había dicho: "La
belleza es tremenda". Continuará.
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