Edición Nº 1798


 

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ARTICULO

13 de noviembre de 2003


Del Toro Un Pelo
Segunda corrida, un derroche de torería. El Fandi y Barrera le pintaron la cara a mañosos astados mejicanos de pésimas intenciones.

Por el MARQUES DE VALERO DE PALMA

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LA segunda corrida de feria ha tenido un triunfador: Vicente Barrera, el torero de Lima vigente hasta hoy, después de la desaparición de Antonio José Galán y el retiro de José Mari Manzanares. Y a pesar de no cortar trofeos esta corrida ha tenido a otro gran triunfador en El Fandi y antes de explicar los cómos y los por qués de todo esto hagamos un recuento de resultados de los toros, a mi juicio necesario, para poner las cosas en su sitio, en estos momentos.

Me dicen, me cuentan que los toros mejicanos han perdido boyantía y nobleza en estos últimos tiempos. Hay, existe, una inevitable comparación entre los toros mejicanos de esta corrida y los de Puga de la corrida anterior y de la segunda novillada. Los toros de Puga, esperemos a la tercera y a la quinta corridas, son garantía, a mi juicio, de poder ver torear. El que yo diga esto me satisface sobremanera porque significa que el toro peruano, después del esfuerzo de Roberto Puga en estos últimos años, ha alcanzado su mejor nivel desde el año 80 que yo estoy viendo toros en el Perú. Porque recuerden que, excepto algún solitario "Viña" que otro y algo más por ahí los toros peruanos eran un auténtico desastre, casi siempre, por falta de casta (perdida a lo largo del tiempo), y por actuar estos toros con mansedumbre defensiva y apareciéndose, las más de las veces, como broncos y difíciles. La comparación de los "pugas" con estos Real de Saltillo mejicanos evidencia una mayor nobleza y colaboración con el torero por parte del toro nacional, a pesar de una cierta blandura tenaz y soterrada que el ganadero habrá de ir corrigiendo. Pero ese toro nacional que acaba de salir a la luz en los ruedos, supone la recomposición de una cabaña harto deteriorada y en descomposición. Ya no se necesita al toro mejicano ni al colombiano ni al ecuatoriano. Ni encarecer el espectáculo con toros españoles. Los toros nacionales de hoy, los que estamos viendo en novilladas y corridas, dan juego, son toros. Podrán tener todos los defectos de presencia y de comportamiento que se quieran pero dan juego de toros, se comportan como toros, reaccionan como toros, se complican como toros y son toros hechos y derechos y no búfalos con maquillaje y hechura de toros, como los recordamos de otros tiempos.

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En su propia cara. El Fandi demostró valor superlativo ante un lote que sabía latín. Le valió una cogida y no poco susto . Ya no es solamente un banderillero.


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Los toros mejicanos de Real de Saltillo de esta segunda corrida fueron complicados y difíciles, pero cuatro de ellos, el primero y los tres últimos, repitieron, se dejaron torear, soportaron larga faena sin abrir la boca y encerraron casi siempre peligro latente y constante.

Vicente Barrera, como siempre en Lima, no defraudó. Vicente Barrera es más Vicente Barrera, creo yo, en Acho que en ninguna otra plaza de España si exceptuamos, quizá la de Valencia. Aquí se encuentra a gusto y esto es definitivo y definitorio porque los toreros tienen sus plazas, inobjetablemente, y el calor ambiental en algunas les propicia el triunfo y en otras el fracaso y la bronca. En la faena de muleta a su primer toro fue buscando el poder pararse hasta que lo consiguió y así dio dos tandas extraordinarias, lo mejor de la tarde, de esa forma que lo define como torero de inmensa quietud. Erguido, porte altivo, mano baja, tirando del toro, atornillado en la arena, girando y marcando el compás de la media circunferencia con la punta del pie levantando el talón, con el toro a la distancia justa por haberle dado salida perfecta para la nueva jurisdicción, ligazón perfecta ésta que hacen de Vicente Barrera el mejor enhebrador de pases de la actualidad cuando logra centrar al toro en ello. Magníficas tandas. Esta es la gran dimensión de Vicente Barrera: su gran conjunción en la geometría de los tres pases ya que en los de pecho se pasa al toro por delante como hacía el Viti. Pinchazo y estocada y retardo del toro en morir. Con este toro hizo lo mejor de la tarde. Porque en su segundo, en el que cortó orejas, jamás llegó a torear con la perfección como en esas dos magníficamente bien ligadas tandas de su primer toro. En su segundo estuvo lleno de tenacidad, de deseos, de voluntariedad, de decencia, de querer hacerse con el toro, cosa que el público captó con esa conexión casi paranormal y sobrenatural que existe con este torero. Era un esfuerzo común. Todos, pero especialmente los del tendido de sol cercanos a la faena, hacían más fuerza que nadie. Tensión se llama a esto. Cuando Barrera empezó a poner en franquicia al toro pasándoselo ya con lucimiento y calidad, los olés estallaron con fuerza, la tensión se deshizo y el toro, que ya tenía muy pocos pases, se entregó y Barrera lo exprimió hasta el final con medios pases propinándole la estocada de la tarde y de muchas otras tardes, de la que rodó el toro sin puntilla. Dos orejas absolutamente excesivas. Fue una faena muy corta de lucimiento. Fue un premio a la tenacidad. Digamos que la estocada mereció, por sí misma y ayudada por la lidia tenaz, una solitaria oreja. No más.

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i Lidiador consumado, Barrera exprimió los pases a sus toros. Dos orejas y salida en hombros.

El Fandi tuvo, con su primer toro, la suerte de espaldas. Fue el peor toro de la tarde. Enrevesado. Se colaba. Dificilísimo. Digamos que sólo pudo con este regalito de Belcebú alegrar a la concurrencia en el tercio de banderillas. En su segundo sacó valor y genio para ir a comérselo, buscando el triunfo a como diera lugar con esa decisión que está exhibiendo en esta feria. Fue muy superior a su toro en todo instante e hizo todo un complicado y valentísimo faenón a base de chicuelinas fajándose con el toro, banderillas a la moviola, al violín y al quiebro marca de la casa y, por consiguiente, ovacionadísimas, y con un toro que se las traía ya que manseaba sacando genio y queriendo rajarse este valentísimo gran lidiador y poderosos sacapases, con la sola idea de buscar el triunfo prodigó una larga faena arriesgando una barbaridad (fue cogido y volteado, gracias a Dios sin consecuencias) de la que perdió las dos orejas ganadas a ley (la valentía también hace cortar orejas) tras una buena estocada en la que el toro acabó amorcillándose dificultando el descabello que se logró al cuarto intento.

El mejicano Antonio Bricio tuvo más que suficiente con llegar indemne a la otra orilla tras surcar las aguas procelosas y negras infestadas de peligros de un primer toro que se las traía. Se le adivinaron cosas, se le vio no exento de temple y finura, pero todo en el terreno de la intuición, del asomo, de la cata, del indicio, de las buenas maneras. A su segundo toro le hizo una faena larguísima que aguantó sin abrir la boca. En este segundo toro, de cuando en cuando, las maneras, las señales, asomos, catas e indicios de finura mostrados en la lidia de su primer toro, se hicieron mucho más ostensibles. Pero todo iba y venía. Unos cuantos pases por aquí, dos o tres por allá casi perfectos, pero de repente no llega, este no sale, este se queda corto, ahora hay un achuchón, ahora encela nuevamente, buena tanda pero queda corto en el remate y así, sin convencer convenciendo y sin lidiar toreando fue aplaudido sin llegar a cuajar, con mucha ausencia de ritmo y sin ninguna construcción de faena. La hizo larga y las palmas se enfriaron tras una estocada con muerte lenta subsiguiente.

Vicente Barrera salió de la Plaza a hombros.

A la próxima corrida, la de los seis toros de Jiménez, acudan con infusiones de valeriana por delante a fin de evitar problemas cardíacos.

 


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