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ARTICULO
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13
de noviembre de 2003 |
Del Toro Un Pelo
Segunda corrida, un derroche de torería. El Fandi y Barrera
le pintaron la cara a mañosos astados mejicanos de pésimas
intenciones.
Por el MARQUES
DE VALERO DE PALMA
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i |
LA segunda corrida de feria ha tenido un triunfador: Vicente
Barrera, el torero de Lima vigente hasta hoy, después de
la desaparición de Antonio José Galán y el
retiro de José Mari Manzanares. Y a pesar de no cortar trofeos
esta corrida ha tenido a otro gran triunfador en El Fandi y antes
de explicar los cómos y los por qués de todo esto
hagamos un recuento de resultados de los toros, a mi juicio necesario,
para poner las cosas en su sitio, en estos momentos.
Me dicen, me cuentan que los toros mejicanos han perdido boyantía
y nobleza en estos últimos tiempos. Hay, existe, una inevitable
comparación entre los toros mejicanos de esta corrida y los
de Puga de la corrida anterior y de la segunda novillada. Los toros
de Puga, esperemos a la tercera y a la quinta corridas, son garantía,
a mi juicio, de poder ver torear. El que yo diga esto me satisface
sobremanera porque significa que el toro peruano, después
del esfuerzo de Roberto Puga en estos últimos años,
ha alcanzado su mejor nivel desde el año 80 que yo estoy
viendo toros en el Perú. Porque recuerden que, excepto algún
solitario "Viña" que otro y algo más por ahí
los toros peruanos eran un auténtico desastre, casi siempre,
por falta de casta (perdida a lo largo del tiempo), y por actuar
estos toros con mansedumbre defensiva y apareciéndose, las
más de las veces, como broncos y difíciles. La comparación
de los "pugas" con estos Real de Saltillo mejicanos evidencia una
mayor nobleza y colaboración con el torero por parte del
toro nacional, a pesar de una cierta blandura tenaz y soterrada
que el ganadero habrá de ir corrigiendo. Pero ese toro nacional
que acaba de salir a la luz en los ruedos, supone la recomposición
de una cabaña harto deteriorada y en descomposición.
Ya no se necesita al toro mejicano ni al colombiano ni al ecuatoriano.
Ni encarecer el espectáculo con toros españoles. Los
toros nacionales de hoy, los que estamos viendo en novilladas y
corridas, dan juego, son toros. Podrán tener todos los defectos
de presencia y de comportamiento que se quieran pero dan juego de
toros, se comportan como toros, reaccionan como toros, se complican
como toros y son toros hechos y derechos y no búfalos con
maquillaje y hechura de toros, como los recordamos de otros tiempos.
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En
su propia cara. El Fandi demostró valor superlativo
ante un lote que sabía latín. Le valió
una cogida y no poco susto . Ya no es solamente un banderillero.
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Los toros mejicanos de Real de Saltillo de esta segunda corrida
fueron complicados y difíciles, pero cuatro de ellos, el
primero y los tres últimos, repitieron, se dejaron torear,
soportaron larga faena sin abrir la boca y encerraron casi siempre
peligro latente y constante.
Vicente Barrera, como siempre en Lima, no defraudó.
Vicente Barrera es más Vicente Barrera, creo yo, en Acho
que en ninguna otra plaza de España si exceptuamos, quizá
la de Valencia. Aquí se encuentra a gusto y esto es definitivo
y definitorio porque los toreros tienen sus plazas, inobjetablemente,
y el calor ambiental en algunas les propicia el triunfo y en otras
el fracaso y la bronca. En la faena de muleta a su primer toro fue
buscando el poder pararse hasta que lo consiguió y así
dio dos tandas extraordinarias, lo mejor de la tarde, de esa forma
que lo define como torero de inmensa quietud. Erguido, porte altivo,
mano baja, tirando del toro, atornillado en la arena, girando y
marcando el compás de la media circunferencia con la punta
del pie levantando el talón, con el toro a la distancia justa
por haberle dado salida perfecta para la nueva jurisdicción,
ligazón perfecta ésta que hacen de Vicente Barrera
el mejor enhebrador de pases de la actualidad cuando logra centrar
al toro en ello. Magníficas tandas. Esta es la gran dimensión
de Vicente Barrera: su gran conjunción en la geometría
de los tres pases ya que en los de pecho se pasa al toro por delante
como hacía el Viti. Pinchazo y estocada y retardo del toro
en morir. Con este toro hizo lo mejor de la tarde. Porque en su
segundo, en el que cortó orejas, jamás llegó
a torear con la perfección como en esas dos magníficamente
bien ligadas tandas de su primer toro. En su segundo estuvo lleno
de tenacidad, de deseos, de voluntariedad, de decencia, de querer
hacerse con el toro, cosa que el público captó con
esa conexión casi paranormal y sobrenatural que existe con
este torero. Era un esfuerzo común. Todos, pero especialmente
los del tendido de sol cercanos a la faena, hacían más
fuerza que nadie. Tensión se llama a esto. Cuando Barrera
empezó a poner en franquicia al toro pasándoselo ya
con lucimiento y calidad, los olés estallaron con fuerza,
la tensión se deshizo y el toro, que ya tenía muy
pocos pases, se entregó y Barrera lo exprimió hasta
el final con medios pases propinándole la estocada de la
tarde y de muchas otras tardes, de la que rodó el toro sin
puntilla. Dos orejas absolutamente excesivas. Fue una faena muy
corta de lucimiento. Fue un premio a la tenacidad. Digamos que la
estocada mereció, por sí misma y ayudada por la lidia
tenaz, una solitaria oreja. No más.
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i Lidiador
consumado, Barrera exprimió los pases a sus toros. Dos
orejas y salida en hombros. |
El Fandi tuvo, con su primer toro, la suerte de espaldas. Fue el
peor toro de la tarde. Enrevesado. Se colaba. Dificilísimo.
Digamos que sólo pudo con este regalito de Belcebú
alegrar a la concurrencia en el tercio de banderillas. En su segundo
sacó valor y genio para ir a comérselo, buscando el
triunfo a como diera lugar con esa decisión que está
exhibiendo en esta feria. Fue muy superior a su toro en todo instante
e hizo todo un complicado y valentísimo faenón a base
de chicuelinas fajándose con el toro, banderillas a la moviola,
al violín y al quiebro marca de la casa y, por consiguiente,
ovacionadísimas, y con un toro que se las traía ya
que manseaba sacando genio y queriendo rajarse este valentísimo
gran lidiador y poderosos sacapases, con la sola idea de buscar
el triunfo prodigó una larga faena arriesgando una barbaridad
(fue cogido y volteado, gracias a Dios sin consecuencias) de la
que perdió las dos orejas ganadas a ley (la valentía
también hace cortar orejas) tras una buena estocada en la
que el toro acabó amorcillándose dificultando el descabello
que se logró al cuarto intento.
El mejicano Antonio Bricio tuvo más que suficiente con
llegar indemne a la otra orilla tras surcar las aguas procelosas
y negras infestadas de peligros de un primer toro que se las traía.
Se le adivinaron cosas, se le vio no exento de temple y finura,
pero todo en el terreno de la intuición, del asomo, de la
cata, del indicio, de las buenas maneras. A su segundo toro le hizo
una faena larguísima que aguantó sin abrir la boca.
En este segundo toro, de cuando en cuando, las maneras, las señales,
asomos, catas e indicios de finura mostrados en la lidia de su primer
toro, se hicieron mucho más ostensibles. Pero todo iba y
venía. Unos cuantos pases por aquí, dos o tres por
allá casi perfectos, pero de repente no llega, este no sale,
este se queda corto, ahora hay un achuchón, ahora encela
nuevamente, buena tanda pero queda corto en el remate y así,
sin convencer convenciendo y sin lidiar toreando fue aplaudido sin
llegar a cuajar, con mucha ausencia de ritmo y sin ninguna construcción
de faena. La hizo larga y las palmas se enfriaron tras una estocada
con muerte lenta subsiguiente.
Vicente Barrera salió de la Plaza a hombros.
A la próxima corrida, la de los seis toros de Jiménez,
acudan con infusiones de valeriana por delante a fin de evitar problemas
cardíacos.
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