Edición Nº 1799


 

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ARTICULO

20 de noviembre de 2003

Romance Redondo
Esforzado empate contra Brasil y vibrante apoyo de la número 12. La selección y el sueño del mundial alemán.

Escribe ABELARDO SANCHEZ LEON

CUANDO hay fútbol un domingo de quincena, con solcito primaveral acercándose ya a diciembre, lo que menos importa es el fútbol, porque antes, mucho antes, está la lista de las compras, esas cajitas modernas de chelas, esos tragos, esos piqueos, porque tendremos que vernos antes de las dos en casa de Chavela, la gracia está en comer antes y después, satisfechísimos, ver el partido peleándose con la siesta, porque a varios los pesca en esa hora grata de irse durmiendo un domingo a las cuatro, y el Perú-Brasil era tan intelectual, caramba, tan cuidado, tan aguantado, que los efluvios de todos esos tragos de la quincena hacían de las suyas hasta que llegó el penal. El maldito penal que le cobran a Brasil y el penal que no le cobran al Perú y, entonces, Coyo, saliendo de un sopor gracias a un césped demasiado cuidado para la habilidad brasileña, nos dice que el partido termina empatado, que no nos preocupemos, que estas eliminatorias extra largue no tienen por qué enfrentar a dos Chancillerías hermanas sin los 21, que sigamos durmiendo porque en el segundo tiempo empatamos, la cosa se pondrá alegre, Toledo saltará de alegría y después a manejar se ha dicho ese resultado intelectual del 1 a 1, que aquí no ha pasado nada, fojas cero, nadie se cae, con Brasil hay amistad, belleza, empatarles ya es un triunfo. Y lo es. Lo es porque si Brasil lo desea, gana. Y como lo quiso y no lo quiso, como Ronaldo está gordo, triste y pesado, como Rivaldo está inactivo y Kaká anda en lo suyo, este Brasil vino a que la fiesta de estas eliminatorias siga con su encanto hasta finales del 2005. Este Brasil tenía la cara despintada de la avenida Brasil.

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Nolberto Solano marcó su segundo gol de cabeza demostrando lo aprendido en su estadía inglesa con el Newcastle. Ya van dos en Eliminatorias. Al lado, Oscar Ibáñez, cansado pero satisfecho, ganó el titularato.

Por razones que todos los matemáticos saben, los verdaderos partidos eran Perú con Ecuador y Brasil con Uruguay. Esos sí fueron partidos a muerte, porque son enemigos directos. De alguna manera, los peruanos estamos acostumbrados a los partidos fríos e intelectuales, y no así a los encuentros en altura, con todo en contra, donde no se debe arrugar, pero tampoco regalarse, donde no se debe correr como loco, pero tampoco se puede ser demasiado lento. Para muchos, el Perú no sabe jugar en altura ni en el calor ni en el frío ni en terrenos mojados por la lluvia. Para otros, el Perú sencillamente no sabe jugar. Para algunos, felizmente que se lesionaron Palacios e Hidalgo y que Solano acumulara dos tarjetas, porque en Quito, con todo en contra, desde el viento hasta las tribunas, necesitábamos gente de raza, y no estilistas, no jugadores empaquetados y sí una dosis de marca, de fuerza, entrega tipo Cusco, aunque Autuori dijera que su equipo base es la legión extranjera, pero ahora, allá, en la altura, le caería bien su dosis de correlones ya maduros y no tanto la presencia de negritos livianos y que se chupan en los Andes, y sí esa dosis de Acasiete, Bazalar o Morán, por decir algo.

Pero así como el domingo fue un día alterado por el partido, el miércoles fue un día de semana lánguido, lleno de chamba, tratando de tirarse la pera a una hora tan incómoda, como piensan los organizadores de ciertos eventos universitarios. Porque ahora estamos en la obligación de manejarse con el fixture en la mano y si te casas un sábado de octubre del próximo año, tienes que estar seguro de que ese día no juega Perú. El domingo la gallada se trepó a su movilidad y se mandó a Ate, al estadio embudo, y con el sol en la cara (menos los de los palcos) se disponía a ver el partido del siglo, por lo menos sabían que nunca más verían a Ronaldo en vivo y en pena. El público estuvo demasiado ensimismado, los que cuentan piensan que no hubo esa euforia necesaria. Lo que pasa es que ganarle a Brasil no da la misma alegría que ganarle al resto de países, sobre todo a Chile, Ecuador, Argentina o Paraguay. Hubo color, brillo, pero no la euforia del hincha de verdad. En todo caso, en un Alianza-Boys se grita más así como en un "U"-Muni, el esperado Clásico Moderno.

Más allá de los resultados, vivimos una semana futbolera bajo todas las modalidades: en el mero estadio, en casa, en la chamba, un simple día de semana, porque los clubes europeos no sueltan así porque sí a sus estrellas latinoamericanas. Que todo sea por el buen humor ya que la huelga continúa, así parece, y después de que la legión extranjera enrumbe a Europa nos quedamos con los nuestros, con nuestra realidad, con esos estadios tan maltratados, con nuestro querido Perú sin pasaportes comunitarios. Y hasta el verano, supongo, vean bien el fixture, no se comprometan a ciegas, que si les toca partido el día de su boda, la traviata.

 

Pareja binacional directa desde Chicago para celebración de empate contra los pentacampeones. Al lado: Fenómeno ausente. Ronaldo y el trote burocrático de una estrella que no brilló. Der.: , medusa peruana en metafórica alusión al carácter quimérico del fútbol peruano.

 

 


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