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Edición Nº 1799 |
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Guerra Sin Héroes Al cierre de esta edición, y con el colapso de dos helicópteros Black Hawk Down, las bajas fatales norteamericanas llegaban a 421. EL 2 de abril de este año, Jay La Rossa, capitán de la Unidad Expedicionaria 15 de los marines, dirigió al equipo de rescate que liberó de un hospital iraquí en Nasiriya a la soldado Jessica Lynch, quien había caído en una emboscada en la que murieron 11 norteamericanos. Era la primera operación de rescate de una unidad especializada en esta guerra y fue comentada, por el general Vincent Brooks, vocero norteamericano en Doha, de esta manera: "algunos valientes han puesto sus vidas en la línea de fuego para que esto [el rescate] suceda, leales a la creencia de que nunca abandonarán a un camarada caído". Según el capitán La Rossa, al momento del rescate, Lynch tenía las dos piernas y un brazo fracturados y había sido alcanzada por varias balas. Posteriormente, el Pentágono aseguró que, además del impacto de los proyectiles, Lynch tenía cortes producto de armas blancas. Y, como si aquella capacidad de resistencia fuera poca, los voceros oficiales gringos aseguraron que fue capturada, cual émula de Francisco Bolognesi, sólo después de que disparara "la última bala de su cargador". Lo cierto es que Lynch, en una entrevista a Diane Sawyer
de ABC, previa a la publicación de su libro "Yo también
soy un soldado", por el cual recibió cerca de US$ 870 mil, declaró,
entre otras cosas, que nunca disparó su M16 porque el arma se atascó
con la arena y que, acto seguido, en humana pero no precisamente guerrera
contrición, se arrodilló y se puso a rezar de rodillas hasta
que fue capturada. También se determinó que no sufrió
impactos de balas ni fue herida por cuchillos, que sus contusiones fueron
producto de que la Humvee en la que se movilizaban fue emboscada, y añadió
que en el hospital iraquí la trataron estupendamente bien, tan
es así que le fue asignada la única cama especialmente diseñada
para contusos, así como una de las dos enfermeras que laboraban
en el hospital. Incluso, el Dr. Al-Houssona, que la atendió, designó
a una ambulancia para que la lleve hasta las locaciones de los norteamericanos
para devolverla, pero cuando así lo hicieron fueron recibidos por
una lluvia de balas. El rescate, han declarado los doctores del hospital
de Nasiriya, se realizó cuando no existía ni un solo militar
o fedayín en el nosocomio, por lo que sorprendió el carácter
aparatoso de la operación. El Dr. Anmar Uday describió la
acción de esta manera: "Era una película de Hollywood. Ellos
gritaban `go, go, go' con armas y sonidos de explosiones. Hicieron un
show, una película de acción como las de Sylvester Stallone
o Jackie Chan, saltando y gritando y trayendo abajo todas las puertas".
En estos tiempos, las enseñanzas de, por ejemplo, Leni Riefenstahl, se han visto superadas por el desarrollo industrial de la maquinaria hollywoodense. Salvando las distancias ideológicas, el productor Jerry Bruckheimer es el adalid de las acciones psicosociales fílmicas de EE.UU. Con la película Black Hawk Down bajo el brazo, que narraba el intervencionismo norteamericano en Somalia, Brukheimer pudo presentarse en el Pentágono y, junto con Bertram van Munster, cabeza de la serie Cops, donde se narran hazañas policiales, realizó Profiles from the Front Line (Perfiles desde la Línea de Fuego), una serie de TV sobre la vida de los soldados norteamericanos que combatían el 2001 en Afganistán, elaborada bajo el consentimiento de Donald Rumsfeld y puesta al aire antes de iniciar la guerra con Irak. El efecto de ellas en el americano promedio está por demás descartado. "Uno de los síntomas más inequívocos de la mediocridad de una época es el abaratamiento de los logros y las hazañas". La frase es del escritor Javier Marías y nunca resultó tan pertinente. (JP).
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