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Edición Nº 1799 |
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Entrevista Con El Diablo Asesinatos, secuestros, drogas y un encontronazo tardío con la Fe. La perversa mente de Jorge Luis Campos Milla (a) Momón. -¿Por qué el apodo de `Momón'? -En el programa Trampolín a la Fama aparecía un chiquito que le decían Momón. Un día, cuando tenía 16 años, llegó un amigo a la casa y vio mi foto de niño y dijo: te pareces a Momón. De ahí me quedé con Momón. -¿Cómo fue su vida familiar? -Era el engreído de mis abuelos. Vivía con ellos porque mis padres se separaron cuando tenía corta edad. Mi mamá se fue a Venezuela y mi papá al norte. -¿Qué pensaba ser de grande? -De chiquito quería ser policía porque me gustaban las armas. -¿Cómo era en el colegio? -En los estudios era malo. Estuve en varios colegios porque no me aguantaban. Siempre tenía problemas con los auxiliares de disciplina. Estudié en el colegio Lima San Carlos. -¿Cuándo fue la primera vez que estuvo preso? -Los últimos días de mi 5o de secundaria los pasé en Lurigancho. Me encontraron preparando droga. Mi fiesta de promoción la pasé en Luri, tenía 17 años. Fue mi primer delito y lo hice por plata.Yo vendía marihuana en mi barrio y por eso conocí a estas personas y como yo tenía dinero por la venta de la hierba me dijeron para meter billete en un negocio. A los dos meses, en la `cocina' me chaparon. -¿Cuánto tiempo estuvo preso? -Estuve cuatro días porque me sacaron con libertad provisional. Cuando salí mi mamá me metió en la clínica de rehabilitación Santa Clara que quedaba en la Carretera Central, pero yo creo que salí peor. En ese sitio te tenían sedado todo el día, pepas, pepas y más pepas. Ahí estuve 6 meses. -¿Cómo salió? -Vino la Pascua y yo le pedía a mi mamá,
así todo atontado como me tenían, que me sacaran por Navidad.
Yo recordaba que había escondido un paco de marihuana en la azotea
de mi casa y tenía la seguridad de que no se lo habían llevado.
Regresé a mi casa por dos días y encontré el paco.
Fumé un poco y el resto me lo llevé a la Clínica.
Les invité a los retrasados, a los loquitos y a otros, pero uno
me tiró dedo y prácticamente me botaron de ahí. El
director le dijo a mi mamá que me saque, que le estaba malogrando
al resto.
-Chumbiauca tenía pistola y yo también. Asaltábamos farmacias, ferreterías a pie y ganábamos billete. Sabíamos que si nos atrapaban, él, que era policía, sacaba su chapa y decía que me estaba deteniendo. Conocimos a César, que sabía manejar carro. Un día nos fuimos por un grifo donde había un cachaco con metralleta. Le quitamos y al día siguiente fuimos a asaltar un Banco. En esa época tuvimos bastantes enfrentamientos con los Águilas Negras. Veía muy poco a mi esposa. No podía visitarla porque mi foto salía en la T.V. -¿Qué los impulsó a comenzar con los secuestros? -En 1985 los Bancos ya no almacenaban tanta plata. El primero fue el dueño de la Librería Studium, que era grande. Lo tuvimos en cautiverio tres meses. El segundo fue de Mario Brescia Moreyra, pedimos por él 750 mil dólares. Descansamos seis meses y luego secuestramos al hijo de Ormeño, Joaquín. A él le sacamos 1 millón 500 mil dólares. En abril de 1988 me chapó la policía y pasé ocho años y medio en la cárcel. -¿Y qué hizo al salir? -Al salir no sabía cómo estaba la calle. No sabíamos cuánto se había perfeccionado la policía. Quisimos hacer un secuestro y no pudimos. Ahí murió un guardia. Al ya no poder seguir secuestrando empezamos con los cambistas. Si había muerto uno, podían morir dos o tres. Murieron varios y luego decidimos parar. Luego secuestramos al empresario Paul Hermoza Mattos. Cuando iba a cobrar el rescate me capturaron en una balacera. -Recién entonces lo relacionan con los asesinatos de los cambistas. -Antes de mi captura, nadie sabía quién los estaba matando. Yo iba a firmar a Palacio de Justicia mientras mataba a los cambistas. Me ligan a esos crímenes porque cuando me detienen encuentran en mi casa las armas usadas en los asesinatos, además de sus pertenencias. -¿Qué pasaba por su cabeza cuando delinquía? -En esos momentos sólo pensábamos en ganar dinero. La droga te tiene en otro mundo, no te deja pensar. En ese momento uno se pone a pensar: o tú o él. Al momento de mi captura, cuando me meten a la camioneta, herido, vi lo que iba a pasar conmigo. Uno de los policías me apuntó, me iba a matar. Yo le dije: no me mates; me preguntó: ¿dónde está el secuestrado?, yo le contesté: en Vesalio (San Borja). -¿Y no pensaba en su familia? -Yo pensaba en ellos pero para darles una vida mejor. Ha pasado el tiempo, voy a cumplir seis años preso y hace cinco que no consumo ni un cigarro. Antes me metía de 2 a 3 gramos de coca diarios. Ahora soy más valiente. Si me tengo que morir, me muero porque ya conocí a Dios. Me gustaría que mi esposa, Benita Landauri, mis hijas y mi cuñada, que están en Estados Unidos, supieran que las quiero. -Si dice que ha cambiado, ¿por qué la falta de respeto a la hora de contestar a los vocales de la Sala el día de su juicio oral? -Reaccioné así porque me irritaron. Así como ellos piden respeto, también deben respetar. En Romanos 13 dice que a las autoridades hay que respetarlas porque han sido puestas por Dios para cogobernar, por eso luego les pedí perdón. -¿Cómo se dio ese cambio por el que dice haber pasado? -Cuando fui a Challapalca en 1998, nos tenían todo el día metidos en la celda a 20 grados bajo cero. Cuando nos dejaron salir miré al final del pasillo y vi unos hermanos que estaban alabando a Dios, me puse a escuchar y me interesó. Un día un hermano me preguntó: ¿cuántos años tienes?, le contesté que 42, y él me dijo: ¿hasta cuándo crees que vas a vivir?, considerando mi forma de vida le dije que 60, y me volvió a preguntar: ¿cuántos años has delinquido?, le dije que 22, el hermano me contesto: ¿por qué en estos 18 años que te quedan no sirves a Dios en lugar de trabajar para el diablo? Me dejó pensando, desde ese día, hace cinco años, no abandono la Biblia. -¿Siente arrepentimiento? -Pido perdón por las cosas que he hecho. Si yo pudiera revivir a las personas que he matado lo haría. Si estás realmente arrepentido, por más pecados que hayas cometido Dios te perdona, como en el hijo pródigo. Él tiene un plan conmigo porque pude haber muerto el día de mi captura, pero no fue así. Yo ya no soy Momón, soy Jorge Luis Campos Milla. -¿Piensa en todos esos inocentes que mató? -Sí, pienso en ellos y todos los días en mis oraciones les pido perdón. Con las personas que hablo les digo: mira cómo he terminado, estoy preso, solo, lisiado y no voy a salir, ¿esto es vida?
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