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Edición Nº 1799 |
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El TLC en su Laberinto Pasada la euforia del anuncio de las negociaciones, un análisis de las limitaciones del futuro acuerdo con Estados Unidos. De igual manera, ninguna de las nuevas economías industrializadas, ni los míticos y originales cuatro tigres asiáticos (Hong Kong, Corea, Taiwán y Singapur) ni los países del sudeste asiático de más reciente industrialización (Malasia, Tailandia, Filipinas y la India) debe el extraordinario desarrollo de sus respectivos sectores exportadores a la existencia de un esquema comercial de privilegio con Estados Unidos. Si esto es así, ¿por qué tanto ruido acerca del TLC? Pues por una muy simple razón: porque en la decisión de seguir o no la ruta bilateral vis-à-vis la del multilateralismo (ya sea regional o en el marco de la Ronda de Doha) se juegan la vida una serie de intereses de naturaleza no muy transparente. Pero no nos desesperemos. Por suerte, o por desgracia, habrá mucho tiempo para evaluar las ventajas y desventajas (que las hay) de un TLC porque -digan lo que digan desde el gobierno- casi no existe posibilidad alguna de firmar un acuerdo bilateral con los Estados Unidos durante un año electoral que desde ya se le presenta sumamente complicado al presidente Bush. Y si por algún milagro fuera posible firmarlo -por el apuro- el TLC corre el riesgo de responder mucho más a los intereses norteamericanos que a los peruanos. Planteadas así las cosas, "¿cómo alinear -de manera clara e incontrovertida- los puntos a favor y los puntos en contra de un TLC? ¿Por encima de las apariencias, cómo es posible transitar por el claroscuro de una discusión que se pretende siempre o "demasiado técnica" o "demasiado política"? Comencemos mirándonos en un par de espejos.
EL NAFTA MEXICANO Y EL TLC CHILENO Apenas pasada una década, no cabe duda que el Nafta, (el Tratado de Libre Comercio entre México, Estados Unidos y Canadá), es un éxito. Sus objetivos explícitos (aumentar la inversión y el comercio en Norteamérica) e implícitos (consolidar las reformas económicas mexicanas puestas en marcha durante el gobierno de Carlos Salinas de Gortari) se han cumplido largamente. Y aunque existen todavía importantes distorsiones en el comercio de bienes sensibles, como los agrícolas, los derivados del petróleo, o la electricidad, se puede decir con certeza que el librecambio impera hoy en Norteamérica. México, en particular, ha visto multiplicarse el stock de inversiones extranjeras directas y acumula hoy US$ 115,950 millones de dólares. Sus exportaciones han pasado de US$ 51,855 millones en 1993 -el año anterior a la puesta en marcha del Nafta- a casi US$ 170,000 millones el año pasado. Y, lo más importante, de ser un exportador de productos primarios, donde el petróleo crudo representaba poco más de la mitad de sus ventas, México se ha convertido en uno de los mayores exportadores de productos manufacturados del mundo. Los mercados y las agencias internacionales han premiado tal transformación con un grado de "investment rate" que le permite a México avanzar en sus esfuerzos por convertirse en la primera nación desarrollada de la América Latina. Pero la mayor integración con sus vecinos del Norte tiene un precio: hoy, más que nunca, el ciclo económico mexicano es una sombra de lo que ocurre en los Estados Unidos. Si éste crece mucho, México crece un poco, y si el crecimiento norteamericano se desacelera, la economía mexicana se frena aún más. La explicación viene dada por la extraordinaria concentración bilateral de los flujos de exportación e importación (un 70%, en promedio) y resta "independencia" a quienes, por lo menos en teoría, manejan' los destinos económicos mexicanos. A pesar de las acotaciones hechas, el Nafta sigue siendo el modelo a seguir. Chile comenzó a "discutir" la idea de un acuerdo similar en 1998 (aunque, ya en 1990 había expresado su deseo de formar una asociación comercial con los Estados Unidos). Este año, después de muchas idas y venidas -incluido un retraso causado por "la profunda desilusión del gobierno de Bush ante la falta de apoyo chileno a la guerra' en Irak"-, los congresos de ambos países aprobaron el TLC. Por el lado chileno, las esperanzas son muchas, aunque se reconoce que, como en el caso mexicano, toda negociación de este tipo tiene un costo y genera ganadores y perdedores. Una vez que el acuerdo entre en vigencia, el 87% de las exportaciones chilenas ingresarán a Estados Unidos sin pagar aranceles, mientras que para el cuarto año, será el 94.8% de sus exportaciones las que estarán libres de impuestos aduaneros. EL CASO PERUANO: ¿DONDE ESTA LA LOGICA? Desde el punto de vista peruano, no cabe duda de que existe una clara racionalidad de carácter económico para ir en busca de un TLC con Estados Unidos. Después de todo, este país es desde hace casi un siglo nuestro mayor socio comercial (compra alrededor del 25% de nuestras exportaciones). Es más, los Estados Unidos son -después de España- el mayor inversionista en el país. Un TLC con los Estados Unidos nos permitiría consolidar las ganancias obtenidas en el marco del Aptdea y asegurar un mayor acceso al mercado más grande del mundo en condiciones de arancel cero. No olvidemos que, de otro modo, tales beneficios expiran el 31 de diciembre del 2006 y que no serán renovados. Pero hay otra razón de peso. La inminencia de un acuerdo de libre comercio debería llevarnos a retomar "con alma, corazón y vida" el proceso de reformas estructurales abandonadas en medio del caos de la corrupción fujimontesinista.
Pero, ¿desde la perspectiva norteamericana, existe algún tipo de racionalidad económica? La respuesta, en sencillo, es No. El Perú es una economía marginal para los intereses económicos de Estados Unidos. Su PBI es 200 veces más grande que el PBI del Perú. Y, las exportaciones norteamericanas al Perú representan apenas el 0.1% del total de sus exportaciones al mundo. La población del Peru es pequeña y su potencial de desarrollo de largo plazo es bastante limitado. Pero, como bien sabemos, Estados Unidos no actúa guiado sólo por una estricta racionalidad económica. Bajo la actual administración Republicana el verdadero factor de decisión es de carácter geopolítico, aunque se exprese a partir de la aplicación de una política comercial de "garrote y zanahoria". Un ejemplo reciente ha sido la posición de ciertos países subdesarrollados que, frustrados por la tozudez norteamericana y europea en el tema de la eliminación de subsidios agrícolas, decidieron aguar la fiesta de la Organización Mundial del Comercio (OMC) en Cancún y formar un grupo de negociación independiente: el llamado G21. Poco duró la independencia. Ante el grito de guerra de: "ningún país del G21 podrá conseguir un tratado bilateral con los Estados Unidos", Colombia, Perú, Costa Rica, Guatemala y Ecuador rápidamente lo abandonaron para proclamar su deseo de llevar a cabo sendos acuerdos bilaterales con los Estados Unidos. Entonces, ¿por qué debería los Estados Unidos estar interesado en un TLC con el Perú? Su máximo representante comercial, Robert Zoellick, afirma, sin tapujos que "negociar un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos no es un derecho…es un privilegio". Y, como de privilegios se trata, éstos se otorgan. La verdad no pareciera existir otra explicación: el presidente Bush desea premiar la buena voluntad de su "amigo" Alejandro Toledo. Y, ¿qué mejor obsequio que un tratado de libre comercio? LA AGENDA PROBABLE Aunque oficialmente no existe una agenda de temas, no es muy difícil imaginar cuáles han de ser las áreas de discusión en una eventual (y, a este punto, hipotética) negociación de un TLC con Estados Unidos. Para ello, basta revisar la experiencia mexicana, chilena y, en menor medida, las negociaciones actuales entre los países centroamericanos y el gran país del Norte. Así, la primera observación que hay que hacer, es que -en todos los casos- estamos hablando de mucho más que un simple acuerdo de libre comercio de mercancías. Tanto o más importantes son los temas relacionados con la liberalización del comercio de servicios, la inversión extranjera directa, la resolución de conflictos originados no sólo en al ámbito comercial sino también los surgidos en ámbitos diferentes, regulación y competencia, medio ambiente y temas laborales, derechos humanos, entre otros. Para muestra un botón: si en alguna medida las actuales discusiones sobre el TLC con Centroamérica se encuentran demoradas, ello se debe a la exigencia norteamericana de lograr que Costa Rica acabe con el monopolio que existe en las industrias de telecomunicaciones, electricidad y servicios. La pregunta es obvia: ¿es acaso la privatización condición necesaria para una mayor libertad de comercio? Por convenir a sus intereses, los Estados Unidos parecen pensar que sí, aunque en ello se le vaya la vida, políticamente hablando, a la pequeña república centroamericana. De los temas relacionados con la liberalización del comercio de bienes, el más difícil -sin duda- es el comercio de productos agrícolas. Gracias a una política de subsidios extraordinariamente generosa, ratificada como política oficial del presidente Bush mediante la firma del Farmers Act, los Estados Unidos son el mayor exportador de productos agrícolas del mundo. Ni México ni Chile han logrado arrancar concesiones importantes para que disminuyan los subsidios tanto a la producción agrícola tradicional (a la producción de trigo, maíz, nueces, naranjas, etc.) como a la de productos agrícolas de uso industrial (algodón) salvo una que otra salvaguardia para evitar que la producción local desaparezca de la noche a la mañana. En el caso del Perú, con una agricultura tremendamente no competitiva de la que, sin embargo, depende casi un 25% de la población económicamente activa que produce menos del 9% del PBI, la liberalización del comercio agrícola puede ser literalmente un asunto de vida o muerte. LA AGENDA DESEABLE En Estados Unidos, los aires fríos del proteccionismo comercial -motivados por un explosivo déficit comercial que excede con creces los US$ 520,000 millones de dólares- soplan con cada vez mayor fuerza en el Capitolio. Demócratas y Republicanos no cesan de hacer llamados para "ajustarle las cuentas a China" -el enemigo comercial número 1 de los proteccionistas norteamericanos, como lo fuera Japón en la década de los 80's- y por anteponer a cualquier esfuerzo de liberalización comercial, la protección de los intereses nacionales de los Estados Unidos. De allí que quizás no sea este el mejor momento para negociar acuerdo comercial alguno. De hecho, el consenso en Washington es que probablemente no se firme ningún acuerdo bilateral -ni con Centroamérica, ni con Colombia y, menos aún, con el Perú- hasta después del inicio de la legislatura del 2005. Pero, no por ello debemos echarnos a descansar. Si algún mérito tiene el gobierno del presidente Toledo es el haber planteado -sin claridad, convicción o elegancia- el rumbo de la integración comercial con el mundo como ruta de guía hacia el desarrollo. En este sentido, la búsqueda de un TLC con los Estados Unidos es un primer gran paso, aunque este no debe ser visto como un fin en sí mismo. Por lo tanto, el Perú debe además continuar su participación activa y comprometida en las negociaciones del ALCA y de la Ronda de Doha en la OMC. La liberalización del comercio internacional en condiciones de igualdad es no sólo un objetivo noble sino vital para el Peru y el resto de naciones no desarrolladas del mundo. ____________
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SI de algo se puede jactar el flamante titular de Comercio Exterior, Alfredo Ferrero Diez Canseco, es de su supervivencia política. Desde que entró a la administración estatal en 1999 fue viceministro de 7 ministros y de 3 gobiernos. "No se trata de transfuguismo -dijo a CARETAS- sino de un perfil eminentemente técnico que ha sido respetado". Ferrero tiene 41 años, es abogado egresado de la Universidad Católica, tiene una maestría en la Universidad de Harvard, y adelanta un rollo propio que le garantizaría seguir sobreviviendo ante la pesada coyuntura comercial que se avecina.
"No anticipo una negociacion sencilla ni fácil", dijo el martes 17 luego de que fuera anunciado en Miami el inicio de conversaciones para el TLC Perú-Estados Unidos.
Su gestión priorizará, además, el acuerdo de libre comercio con la Unión Europea, y los convenios bilaterales con Tailandia y México, así como la alianza estratégica con Brasil y el Mercosur.
Experto en negociaciones comerciales, Ferrero espera negociar con el propio Toledo algunos puestos clave para el desarrollo de su agenda, ahora que se vocean algunas movidas en el Gobierno.
El titular de Comercio aclaró a CARETAS que "en el viceministerio debe estar alguien que tenga experiencia y que genere alianzas. Es un cargo de confianza. Yo tengo mis candidatos y conversaré con el Presidente". Descartó de paso al rumoreado José Lolas.
También considera clave la embajada en Washington. "El elegido tiene que pilotear el lobby ante el congreso norteamericano", expresó.
Más contundente es su propuesta para una cartera que considera estratégica. "Hay la necesidad de tener un ministro de Agricultura negociador y activo, considerando que nuestro agro es casi de subsistencia y que será materia principal en las conversaciones para el TLC. No digo que el actual ministro (Francisco Gonzales) no sea así, pero el perfil que necesitamos es el de alguien involucrado", afirma.
Al parecer, Ferrero tiene las cosas claras. Pero deberá hilar fino con sus propuestas para contener la voracidad de la Chakana. Su cartera es fundamentalmente técnica.
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