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BUENO, te voy avisando que el tarado ese
que inventó la globalización, pucha, es quien realmente
tiene la culpa de que acá estemos tratando a la familia
de Pachi igualito como en España manosean al pobre Felipe,
para no mencionarte la que le han sacado al parajón de
Carlos, hija, en Buckingham, que parece que se manducaba al mayordomo
hasta por el píloro, pero para que veas que hasta en el
cielo hay diferencias, pucha, en Inglaterra la prensa se limita
a sugerir: "se dice que se vio al mayordomo echándole la
pasta de dientes al cepillo del príncipe", mientras que
aquí, pucha, saldría en la primera plana de El Chato
más o menos como sigue: "Servilleto le embodegaba el salame
al pituco chivato", me puedo morir.
Pero, hija, así estamos pues; a mí la verdad que
me da un poco de penita lo de Felipe, en realidad me parece peor
que lo de Carlos, y te explico por qué. Mira, mi sobrina
Fernanda Tudela (que está regia), estudió todo el
colegio en Madrid donde unas monjas que con las justas saben leer
pero pucha, tienen unos claustros y unos cuadros y una mantelería,
que la más bruta sale de ahí distinguiendo un Rivera
de un Murillo y un ñandutí de un Brujas, no saaaaabes
el refinamiento. Bueno, Fernandita resulta que hizo toda la secundaria
con la tal Letizia Ortiz y, pucha, no me vas a creer, es una chola
pero chola-chola, sólo que de allá. Para empezar,
o sea, en el colegio siempre fue Leticia, con c de cachete; si
no que como ahora está de moda cambiarle las letras al
nombre pensando que te da más charme, juá, de un
día para otro la Leticia se convirtió en Letizia.
Igual que el tal Jara, hija, ese periodista que le lamía
las granadillas al Doc y de un día para otro ha pasado
a ser el adalid de la anticorrupción, yo sé que
tú me entiendes. Bueno, Jara nació Humberto, con
h de huevera, y un buen día le entró la pretensión
y cual Umberto Eco quedó reconvertido en Umberto, ¿te
puedes imaginar el despropósito?
La cosa, hija, es que la Leti (así le decían en
su casa, a ver explícame) es más trepona que la
noviecita del que ya sabes, hija, lo cual es ya decir bastante,
porque como el mundo está patas arriba y ya nadie sabe
cuál es su lugar, pucha, ahora resulta que basta con ser
rubia, haber ido a tu fiesta de promoción bien de vestido
largo y añadirle alguna huevada al apellido (me dicen que
se apellida Fuente y el resto es aumentado), para que te sientas
la futura reina de España o la futura vicepresidenta del
Perú, respectivamente y yo sé que me estás
entendiendo, y no te doy nombres para no hacer leña del
árbol caído. Así estamos, pues, por la maldita
globalización. O tú crees que en otras épocas
el sobrino de Cipriani habría salido en las páginas
policiales así como así. Mira, vamos por partes
y cucharadas, o sea, yo tengo mi consultorio al costado de su
casa y me consta de más que el joven se inyecta hasta mostaza
de Dijon en la yugular, eso no lo vamos a discutir; pero hija,
es un chico de buena familia, nadie tiene derecho a corretearlo
por todo San Isidro como si fuera un integrante de Los Desgraciados
de la Huayrona. Porque hija, lo de Williams Toledo, o sea, como
te explico, más que un tema delincuencial, pucha, para
mí es la evidencia de lo que nunca debió ser, algo
más bien existencial, ¿ya? y en ese sentido está
regio que aparezca en televisión el cholo con el polo a
rayas celeste y blanco, metiéndose el dedo a la nariz mientras
el papá arregla con su hermano, monsieur le President.
Pero hija, qué tienen que hacer tanto escándalo
porque el sobrino del Cardenal se haya pasado quince luces rojas
en la Javier Prado, con una medida de alcohol en la sangre que
ya la hubiera querido Hemingway para las vísperas de su
santo, ¿no te parece?
Es que, hija, ahora que ya reventaron los límites entre
lo público y lo privado, qué quieres que te diga.
Lo que pasa es que las cholas Toledo en realidad de privado no
tienen mucho, y eso es una ventaja de clase horrible. O me vas
a decir que la Margarita Toledo tiene una vida personal que tú
digas, "pucha, cómo me encantaría estar metida en
sus zapatos" (¡aaaaaaaaaaaggggg!). En cambio, ay no sé,
o sea, no vamos a hablar de difuntos, pero yo sí admito
que veía una foto de Diana Spencer y me daba cistitis y
tenían que pasar varios días para que me cayera
en cuenta de que eso se llama envidia acá y en Sebastopol.
Pero por el amor de la Virgen, ¿alguien me va a decir que
el innerde Williams le resulta tan atractivo que le escribiría
una biografía? Biografía le voy a dar, por igualado
y agentado.
En fin, hija, fueron unas cuantas reflexiones nomás sobre
los daños horribles que trae la globalización en
sociedades que no están preparadas ni para el sincretismo
cultural, yo sé que tú me entiendes. Voy a tener
que hablar horrores sobre esto con Mario, para no volverme racista
en plena madurez. Regio, ¿no? Chau, chau. (Rafo León).
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