Edición Nº 1799


 

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20 de noviembre de 2003

Por LORENA TUDELA LOVEDAY

Pucha, lo Nefasto de la Globalización

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BUENO, te voy avisando que el tarado ese que inventó la globalización, pucha, es quien realmente tiene la culpa de que acá estemos tratando a la familia de Pachi igualito como en España manosean al pobre Felipe, para no mencionarte la que le han sacado al parajón de Carlos, hija, en Buckingham, que parece que se manducaba al mayordomo hasta por el píloro, pero para que veas que hasta en el cielo hay diferencias, pucha, en Inglaterra la prensa se limita a sugerir: "se dice que se vio al mayordomo echándole la pasta de dientes al cepillo del príncipe", mientras que aquí, pucha, saldría en la primera plana de El Chato más o menos como sigue: "Servilleto le embodegaba el salame al pituco chivato", me puedo morir.

Pero, hija, así estamos pues; a mí la verdad que me da un poco de penita lo de Felipe, en realidad me parece peor que lo de Carlos, y te explico por qué. Mira, mi sobrina Fernanda Tudela (que está regia), estudió todo el colegio en Madrid donde unas monjas que con las justas saben leer pero pucha, tienen unos claustros y unos cuadros y una mantelería, que la más bruta sale de ahí distinguiendo un Rivera de un Murillo y un ñandutí de un Brujas, no saaaaabes el refinamiento. Bueno, Fernandita resulta que hizo toda la secundaria con la tal Letizia Ortiz y, pucha, no me vas a creer, es una chola pero chola-chola, sólo que de allá. Para empezar, o sea, en el colegio siempre fue Leticia, con c de cachete; si no que como ahora está de moda cambiarle las letras al nombre pensando que te da más charme, juá, de un día para otro la Leticia se convirtió en Letizia. Igual que el tal Jara, hija, ese periodista que le lamía las granadillas al Doc y de un día para otro ha pasado a ser el adalid de la anticorrupción, yo sé que tú me entiendes. Bueno, Jara nació Humberto, con h de huevera, y un buen día le entró la pretensión y cual Umberto Eco quedó reconvertido en Umberto, ¿te puedes imaginar el despropósito?

La cosa, hija, es que la Leti (así le decían en su casa, a ver explícame) es más trepona que la noviecita del que ya sabes, hija, lo cual es ya decir bastante, porque como el mundo está patas arriba y ya nadie sabe cuál es su lugar, pucha, ahora resulta que basta con ser rubia, haber ido a tu fiesta de promoción bien de vestido largo y añadirle alguna huevada al apellido (me dicen que se apellida Fuente y el resto es aumentado), para que te sientas la futura reina de España o la futura vicepresidenta del Perú, respectivamente y yo sé que me estás entendiendo, y no te doy nombres para no hacer leña del árbol caído. Así estamos, pues, por la maldita globalización. O tú crees que en otras épocas el sobrino de Cipriani habría salido en las páginas policiales así como así. Mira, vamos por partes y cucharadas, o sea, yo tengo mi consultorio al costado de su casa y me consta de más que el joven se inyecta hasta mostaza de Dijon en la yugular, eso no lo vamos a discutir; pero hija, es un chico de buena familia, nadie tiene derecho a corretearlo por todo San Isidro como si fuera un integrante de Los Desgraciados de la Huayrona. Porque hija, lo de Williams Toledo, o sea, como te explico, más que un tema delincuencial, pucha, para mí es la evidencia de lo que nunca debió ser, algo más bien existencial, ¿ya? y en ese sentido está regio que aparezca en televisión el cholo con el polo a rayas celeste y blanco, metiéndose el dedo a la nariz mientras el papá arregla con su hermano, monsieur le President. Pero hija, qué tienen que hacer tanto escándalo porque el sobrino del Cardenal se haya pasado quince luces rojas en la Javier Prado, con una medida de alcohol en la sangre que ya la hubiera querido Hemingway para las vísperas de su santo, ¿no te parece?

Es que, hija, ahora que ya reventaron los límites entre lo público y lo privado, qué quieres que te diga. Lo que pasa es que las cholas Toledo en realidad de privado no tienen mucho, y eso es una ventaja de clase horrible. O me vas a decir que la Margarita Toledo tiene una vida personal que tú digas, "pucha, cómo me encantaría estar metida en sus zapatos" (¡aaaaaaaaaaaggggg!). En cambio, ay no sé, o sea, no vamos a hablar de difuntos, pero yo sí admito que veía una foto de Diana Spencer y me daba cistitis y tenían que pasar varios días para que me cayera en cuenta de que eso se llama envidia acá y en Sebastopol. Pero por el amor de la Virgen, ¿alguien me va a decir que el innerde Williams le resulta tan atractivo que le escribiría una biografía? Biografía le voy a dar, por igualado y agentado.

En fin, hija, fueron unas cuantas reflexiones nomás sobre los daños horribles que trae la globalización en sociedades que no están preparadas ni para el sincretismo cultural, yo sé que tú me entiendes. Voy a tener que hablar horrores sobre esto con Mario, para no volverme racista en plena madurez. Regio, ¿no? Chau, chau. (Rafo León).

 


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