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Edición Nº 1799 |
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Por
JERONIMO PIMENTEL
EL fútbol es un espectáculo que,
en teoría, debería ser completamente ajeno a la dinámica
de la televisión: el partido de fútbol consta de dos bloques
sin interrupciones de más de 45 minutos cada uno, con un tiempo
muerto de 15 minutos entre ambos. Es decir, en el desarrollo del juego,
donde la atención del televidente está focalizada, no hay
cortes por comerciales y la publicidad se limita a la estática
de los estadios y a los letreros que tapan porciones de la pantalla generando
la irritación del fanático. En el entretiempo, y como forma
de compensación, se bombardea al televidente neuróticamente
con tandas comerciales que el espectador promedio utiliza para ir al baño
o realizar menesteres domésticos afines. ¿Existe algo menos
televisivo? Por si fuera poco, la mayoría de relatores, torpes,
describen tautológicamente el accionar que se puede apreciar en
la pantalla en un ocioso esfuerzo que bien puede encabezar el altar universal
de las perogrulladas. Sin embargo, la simbiosis fútbol-televisión
es perfecta y, por lo demás, representa un negocio estupendo. En
descargo habría que añadir que la TV actual ofrece recursos
(repeticiones, cámaras lentas, ángulos contrarios, repeticiones
virtuales, etc.) que permiten al televidente regodearse en los más
mínimos detalles del juego, pero habría que contrargumentar
que, antes de que éstos existieran, la precaria transmisión
en blanco y negro conseguía audiencias tan o más abultadas
que la actual (basta recordar el 2 a 2 del Argentina - Perú, jugado
en la Bombonera por las Eliminatorias de México 70). Es posible
explicar por qué el Perú - Brasil obtuvo picos de rating
de 62 puntos arguyendo la participación de la mejor selección
del mundo. Sin embargo, es más difícil entender cómo
el pasado encuentro entre Argentina y Bolivia obtuvo 18.9 puntos frente
a los, por ejemplo, 17.2 conseguidos por el superanunciado episodio de
la Casa de Gisela en el que la anfitriona, semidesnuda, decidió
ser parte de su propio reality show. La explicación es una sola
y tiene que ver con la forma en la que el fútbol caló en
Latinoamérica. A través de su regresión a cierta
cuestión silvestre (es el único deporte que se practica
con los pies), echando mano de su carácter colectivo (son más
populares que los deportes individuales) y apelando a grandes dosis de
romanticismo (en el sentido decimonónico, el fútbol apela
a la masculinidad, al nacionalismo, a la honra), el balompié es
el deporte más accesible y democrático por el cual expresamos
nuestra identidad y nuestras pertenencias. Y ese lazo es tan poderoso,
que la TV cae rendida. Como todos. (Jerónimo Pimentel)
A Bozzo Modo
La coherencia o la consecuencia son virtudes venidas a menos. No es que la performance mediática de Laura Bozzo genere mayores expectativas respecto a estos valores, pero como antídoto o repelente a lágrimas de cocodrilos sería bueno recordar la "variabilidad" de su carácter. En su programa "Las Mujeres tienen la Palabra", en 1994, despotricaba de Fujimori en conversaciones como ésta con Ricardo Belmont: Fujimori sólo llama a sus sobones
para que lo entrevisten. Eso nunca va a pasar. O simplemente afirmaba antes de las elecciones de 1995, que "si Fujimori gana es fraude". Posteriormente, ya adicta al régimen, llegó a "enviar un saludo para el doctor Vladimiro Montesinos. Gracias a su estrategia vencimos al terrorismo. Si no, quién sabe, viviríamos una situación como la de Colombia" (CARETAS 1581, agosto 1999). Y ahora, en su arresto domiciliario en Monitor, llegó a manifestar en una entrevista a la agencia Reuters lo siguiente: "si escucho la voz de Fujimori tendrían que sacarme sedada por la rabia que sentiría". Conmovedora vuelta a los orígenes. Los juzgados lloran.
Aquí ES
Funk You
Con una estridencia vocal que por momentos no hace extrañar a Screaming Jay Hawkings, un saxo y un megáfono sincopados con definitivas percusiones latinas, y un bajo que sostiene con solvencia la mecánica musical, "La Roja" nos presenta su nueva placa "Tome Pin y haga funk". Aquí recoge sin desparpajos influencias de "Los Tetas", grupo emblemático de la movida funk latina, con quienes han compartido varias veces el escenario y pone sobre el tapete un ritmo que desde los setenteros Black Sugar (si dejamos de lado sus covers de Chicago) no era asumido como bastión sónico. Así, esta banda que inició sus tocadas en 1999 por Barranco, Miraflores y continuó en conos y provincias decidió encerrarse en el 2001 en su cubil de San Felipe para rumiar los14 temas que conforman un disco disparejo, pero por momentos efervescente en esa mezcla calórica de sexo, humor y más sexo. Aquí no hay música ni letra trascendente. Y está bien, porque es evidente una apuesta lejos de dicha retórica. Ejemplos son "Mi rumba horizontal", "Entre las piernas", "Me como a tu mamá" o su mejor tema, "Dr. Chicano" (cúrame esta herida que esta abiiiiiierta), logrado por el variopinto cuarteto conformado por Pablo Saldarriaga (voz), Gabriel Iglesias (bajo), Enrique Illescas (guitarra) y Denis Yamazato (batería). La fase Boulevard Torbellino, ha muerto. (JCM) Lugar: El Dragón.
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