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Edición Nº 1800 |
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Respetado filósofo alemán Helmut Dahmer advierte sobre las víctimas olvidadas. Si ellas no existen para una sociedad, tampoco hay culpables. PARA el filósofo, sociólogo y literato alemán Helmut Dahmer, es indispensable que cada generación se lleve sus demonios a la tumba. En su país emprendió una cruzada para que se identifiquen las responsabilidades puntuales por el holocausto y lamenta que las iniciativas no se hayan presentado "50 años atrás". Por eso considera tan importante el trabajo de la Comisión de la Verdad y Reconciliación en el Perú. Dahmer (66) estuvo en Lima para participar en la Cuarta Jornada de Reflexión Ética organizada por la Universidad Antonio Ruiz de Montoya y la Defensoría del Pueblo. Sus estudios sobre masacres y el legado sangriento del siglo XX se explican en lo que define como "la experiencia que representa una niñez en Alemania en los años de Hitler y luego en la zona ocupada por las tropas norteamericanas; una juventud en Alemania Occidental en los tiempos de la "guerra fría", cuando buena parte del país "silenciaba" las atrocidades ocurridas durante la guerra y los asesinatos masivos de los nazis; y, finalmente, la experiencia personal de un adulto, que fue al mismo tiempo testigo y participante del paulatino esclarecimiento de la dictadura fascista y que, en una Alemania nuevamente unificada de los años 90, se comprometió en la lucha en contra de los nacionalistas". -¿Asistió a la exposición fotográfica de la CVR? -Estuve allí el sábado por la tarde. Había sólo unas seis personas dando vueltas. Es difícil de explicar. Puede que aquí se presente también algo de lo que en Alemania llamamos derealización o la negación de lo que pasó desde algunos sectores. La diferencia es que después de la guerra no tuvimos nada similar a la CVR. Nada. En lugar de eso tuvimos los juicios de Nuremberg, que fueron dirigidos por otros países. Tuvieron que pasar 50 años para tener una documentación completa de los crímenes de las Fuerzas Armadas de Hitler. Y recién en 1995 el Instituto de Investigaciones Sociales de Hamburgo presentó una completa exposición fotográfica. -Usted defendió recientemente el trabajo del historiador Daniel Goldhagen. Su interpretación del holocausto fue muy polémica. -Él se preguntó quiénes eran los miembros de la Wiemar. Fue interesante porque no se concentró en las estructuras y las dinámicas sino en los actores de todo el proceso. Los historiadores siempre han querido explicar los acontecimientos responsabilizando sólo a un puñado de personas. Decían que el Ejército no tuvo nada que ver con el holocausto. Es absurdo. No solamente operaron en él sino que muchos oficiales eran muy próximos a la cúpula de Hitler. -En su trabajo le da mucha importancia al punto de vista de las víctimas. Guardando las distancias, ¿qué puntos en común tienen al respecto los procesos peruano y alemán? -La última vez que llegué acá pude ver las primeras Audiencias Públicas por televisión. Insisto, nada similar ocurrió en Alemania. No es fácil comparar ambos casos pero sí hay similitudes. Hay un elemento importante. Conversábamos (con el escritor) José Adolph sobre la naturaleza de los desaparecidos. Siempre lo fueron, incluso antes de serlo. Y ahora para muchos lo mejor es olvidarlos del todo. Muchos asesinatos en masa constituyen el crimen perfecto: nadie debe recordar nada. En Alemania se demolieron las sinagogas, se quemaron bibliotecas. Incluso se plantaron árboles en los lugares que habían sido ocupados por los campos de concentración. Nada debía recordar a las víctimas. Y si no tienes víctimas, no tienes asesinos. -¿Cómo cree que se aplica ese concepto al Perú? -Aquí los masacradores siempre intentaban poner a los muertos bajo tierra. La palabra exhumación es muy interesante en español porque es la misma que utilizan los arqueólogos. La exhumación es la posibilidad de reconstruir la historia real y la única manera de saber quién es quién y quién hizo qué. -De lo contrario no se identifica a los responsables y la sombra se cierne sobre la institución en su conjunto. -Exacto. Hay diferentes niveles de responsabilidad, pero la responsabilidad colectiva no tiene sentido. Hay que identificar a los responsables y llevarlos a la justicia. ¿Por qué no sentarnos juntos y tratar de reformar las instituciones para que cada chico en el colegio y cada soldado nuevo aprenda que hay límites para las reacciones y que no puedes disparar contra cientos de civiles y que no es permitido usar la tortura? -¿Cómo fue la diferencia generacional en Alemania para analizar el problema? -La ruptura se produjo con los movimientos estudiantiles de los 60. Tuvimos veinte años de silencio. En la generación anterior a la mía vivían como zombis. -¿Y la clase política? Aquí tenemos congresistas que se resistieron mucho al informe final de la CVR. -Hace un par de semanas un parlamentario alemán de marcado origen católico habló en una fiesta nacional. Se refirió en términos elogiosos a los conceptos antisemitas de (Henry) Ford y llamó a los judíos inventores del terrorismo. El proceso nunca termina. -Además de la responsabilidad del Estado aquí lo más relevante fue la cantidad de víctimas asesinadas por Sendero Luminoso. ¿Cómo un colega suyo pudo terminar haciendo lo que Abimael Guzmán? -Es incomprensible. Este tipo llegó a querer aplicar aquí la realidad china. En la iconografía aparece como un hombre musculoso y estilizado. Hay allí algunas similitudes con el arte fascista. Los extremos se encontraban en su desprecio ante la democracia. En un principio Stalin confiaba profundamente en Hitler. -¿Considera a Sendero como parte del fracaso de la izquierda latinoamericana? -Claro. Tengo amigos de izquierda acá que todavía piensan que la época de Velasco fue la mejor de todas. (Enrique Chávez)
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