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ARTICULO

27 de noviembre de 2003

Intruso en Londres
El periodista lo hizo. Ryan Parry, falso mayordomo, se paseó en Buckingham.

Desde Londres
Escribe DIANA ZILERI

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La BBC vio a Parry encubierto, de escolta.


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YO misma vi pasar al intruso, muy elegante en su capote rojo, sombrero de tarro negro y ribetes dorados, pero debiera comenzar por el principio.

Había sido una semana tensa e intensa en Londres. La visita del presidente George W. Bush estaba planeada con 17 meses de antelación, pero dada la guerra de Irak y los cruentos atentados en Estambul ésta se había vuelto tanto controversial como riesgosa.

La Policía Metropolitana de Londres mantenía un estado de `alerta 6' (siendo el máximo en estas cuestiones 7). Era el operativo de seguridad más grande de la historia del Reino Unido, con 14,000 agentes custodiando las calles de Londres a un costo estimado en US$ 8 millones.

Además, la Casa Blanca había enviado semanas antes a sus propios agentes (algunos dicen 400) para asegurarse que el Palacio Real de Buckingham, donde pernoctarían George W. Bush y su esposa Laura, ofreciera la protección adecuada.

Evaluaron el dormitorio asignado a los Bush, la llamada suite Belga, y concluyeron que había que ponerle muros de concreto e instalar vidrios blindados -sugerencias rechazadas cordialmente por la reina Isabel II, la anfitriona.

Lo que nadie del entorno palaciego sospechó es que un extraño se había infiltrado dentro de Buckingham.

DE PIE EN EL CARRUAJE

Mi encuentro circunstancial con el intruso se dio el martes, el día anterior a que se revelara el asunto. Yo estaba esa mañana haciendo un despacho en vivo para el programa de noticias de la BBC. En el instante que hablaba por el celular y describía el fenomenal despliegue de seguridad pasó delante mío uno de los carruajes que se utilizan cuando un embajador presenta credenciales a la Reina.

No se distinguían los pasajeros pero afuera iban parados los escoltas uniformados.

Al día siguiente reconocería a uno de ellos en la primera plana del diario Daily Mirror. Como paje del embajador portugués iba de pie Ryan Parry, periodista del tabloide.

Dos meses antes Parry había conseguido trabajo en el Palacio Buckingham como valet o paje al servicio cercano de la reina. Abría puerta, servía el desayuno, llevaba cartas a Su Majestad y demás.
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Durante ese tiempo había tenido acceso irrestricto a cualquier parte de la casa real y había tomado fotografías en secreto.

No sé a qué hora se despertaron en Buckingham ese miércoles Isabel II y los Bush, que habían llegado la noche anterior, pero a mi me tocó el turno de las 7 a.m. en el trabajo. Así que antes de salir de la cama escuché las noticias de las 5 a.m. y la exclusiva del Daily Mirror.

En la edición de ese día se publicaron varias páginas de fotos de diferentes ambientes del famoso palacio tan custodiado. Entre ellas estaba la suite Belga de los Bush.

También había tomas de los dormitorios de los príncipes Edward y Andrew, que para sorpresa del público todavía tienen osos de peluche sobre la cama.

Otra de las fotografías fue del salón donde Parry mismo había servido el desayuno a Isabel II y el príncipe Felipe. En el artículo, el periodista -que salió la noche anterior de Buckingham para no volver más-, contaba que, entre otras instrucciones, le dieron un plano para preparar la mesa del desayuno con la ubicación exacta de cada plato, taza y cuchara.

Por lo que se pudo ver, la Reina toma desayuno en una mesa redonda. La vajilla es fina, los cubiertos de plata y a su lado derecho se coloca una pequeña radio a pilas ("con el dial siempre en el mismo lugar") y tres tipos de `corn flakes' en `tupper wares'de plástico.

Como se comprenderá, la estratagema de Parry puso en ridículo a los voceados operativos de seguridad.

Parry, experto en estas mataperradas, señala que él muy bien pudo haber atentado contra Isabel II, envenenando sus `corn flakes' o cuando en más de una ocasión se quedó solo con ella. Y si hubiera permanecido en Buckingham un día más, Parry, de haber sido un terrorista árabe en lugar de un camorrista de la prensa, habría podido amenazar también a los Bush.

BUSCANDO SERVICIO

La manera como consiguió el trabajo es otra historia divertida. Alguien en el diario vio un aviso en Internet ofreciendo un puesto de lacayo que sugería podría tratarse del palacio real. Parry llenó la aplicación e incluyó referencias. De éstas una sola era real, aunque dicha persona ya no trabajaba en la dirección consignada, una cantina o `pub', desde hacía años.

Aun así, el personal a cargo de Buckingham terminó llamando al pub para pedir referencias. El cantinero que contestó el teléfono señaló que la persona aludida ya no trabajaba ahí, pero preguntó en voz alta entre los parroquianos si alguien conocía a un tal Ryan Parry.

-¿Ryan Parry? -respondió un borrachito al fondo de la taberna-. Sí, yo lo conozco. Es un gran tipo.

Y así el Daily Mirror consiguió su sensacional (aunque preocupante) primicia.

 


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