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27 de noviembre de 2003
Por AUGUSTO ELMORE

EN España, y principalmente en Madrid se sufre de una enfermedad sumamente contagiosa que en el Perú se llamaría celulitis, que no es ésa que le sobreviene al físico de las chicas lindas cuando dejan de serlo (es decir, cuando dejan de ser chicas), sino, en verdad, el uso y el abuso del teléfono celular, que aquí se denomina móvil (¿movilitis?). En este país todo el mundo lo usa, en cualquier lugar y oportunidad: viejos, grandes, jóvenes y hasta niños. Gracias a ello me he enterado de la vida familiar y amorosa de mucha gente que habla y se comunica desde el autobús, en la calle, en un restaurante, donde sea. ¡Es de lo más entretenido! Pero yo no tengo móvil, por siaca. Y ya tengo la impresión de que hay gente que me mira con desdén.

Con respecto a Freddy Ghilardi, el defenestrado presidente de la región Ancash, podría repetirse el viejo eslogan de su partido, que lo ha abandonado justo a tiempo, antes de las próximas elecciones generales: ¡Esto es el APRA!: ¿qué les parece? Muchos se preguntarán próximamente: Si así empezamos ¿qué vendrá después? Y todo debe ser porque, sin duda, cada compañero querrá también tener su departamento en París. ¿Por qué no?

¡Un punto de oro obtuvo el seleccionado peruano con su empate con Ecuador!, así rezaba un titular que leí por Internet. Lo malo es que todo lo que reluce no es oro y que de empate en empate no se va a ninguna parte. Salvo a ganar el Campeonato Mundial de Empates. ¡Allí sí no nos ganan!

La jugada de Chile parece de ajedrez, casi la misma que jugó en 1879: armar a sus Fuerzas Armadas aprovechando que sus vecinos no tienen ninguna capacidad de lograrlo, o sólo lo pueden hacer sacrificando otras cosas esenciales para su defensa, como la educación y la mejora del empleo, por ejemplo. La planificación viene de antes, por supuesto, porque los militares chilenos no improvisan, ni siquiera el golpe que le dieron a Allende. El momento adecuado es éste, cuando su vecino del norte chico, es decir nosotros, anda en lo que aquí llamamos, un poco groseramente, en pindingas. No es que Chile vaya a emprender una guerra contra nosotros, no lo creo, pero de que están preparados, lo están. Y nosotros no, porque así somos aquí: nos gusta improvisar en vez de prever. Y empobrecernos cada día un poco más, en vez de enriquecernos como desde hace años hacen en Chile.

¡Qué maravilla: regresando a la oficina después del fin de semana, abro mi correo de Internet y me encuentro que tengo 72 mensajes esperándome! Y, feliz de que alguien se acuerde de mí, me pongo a abrir uno por uno. Encuentro 67 que me ofrecen extraordinarias formas de hacerme rico al instante: apostando a la ruleta, obteniendo un trabajo con el que ganaré 100 mil dólares al mes, comprando una residencia en Miami para poder revenderla a mejor precio al toque. O de gozar de la vida contratando los gentiles servicios de diversas damitas, mejorando antes mis atributos masculinos (haciéndolos crecer de tamaño mediante píldoras mágicas), adelgazar treinta kilos en una semana, viajar casi gratis en avión a cualquier parte del mundo, jugar a la lotería, adquirir un auto maravilloso a la tercera parte de su costo. En fin: hacerme feliz con sólo contestar uno de aquellos mensajes, a los cuales, incrédulo de mí, les aplico sin indulgencia alguna la tecla Suprimir. ¿Ustedes creen que me he equivocado al hacerlo? ¿O la próxima vez atiendo sus ofertas? (claro que me pasaría el día en ello, porque sólo borrarlos me demora media hora, por lo menos).

Cuando en la última columna que escribí lo hice sobre el así llamado país vasco, supe de antemano que me estaba metiendo en terreno espinoso; y no ha tardado en responderme un ferviente defensor del derecho de los vascos de decir por sí mismo si se separan de España. Es el lector Christian Rengifo que sin embargo no tiene uno de esos nombres impronunciables que llevan muchos vascos, por ejemplo el de un autor que cita, Kepa Aulestia. Dice ese lector, que demuestra tener convicciones, erradas si se quiere, pero sinceras aparentemente, que en Francia también se llama país vasco a una de sus regiones. Sí, señor, pero a ningún francés de la zona se le ha pasado por la mente independizarse, como sí se arrogó como derecho natural ETA desde que inició su ola de criminalidad en toda España. Dice el lector, con relativa verdad, que mi comentario al respecto es "muy vago". Y dice bien, porque no cabe que no intervenga a fondo en un tema que no es propiamente el mío, como peruano que soy. Dice que el Partido Nacionalista Vasco, PNV, representa a un gran sector del pueblo vasco. Probablemente sí, pero eso ha sido obtenido mediante el terrorismo que ETA ha aplicado y sigue aplicando en el país vasco, en donde los representantes de otros partidos tienen que llevar escolta para evitar su asesinato en plena calle. Pero el lector es un hombre sensato, porque dice no estar por la independencia por las mismas razones que yo menciono. Entre ellas creo que una es la de que hoy, inspirados en Euzkadi, los catalanes aspiran también a ser independientes Y, como lo dije, mañana también estarán en lo mismo, y por idénticas razones, los gallegos, los andaluces y los baleares. Y de España no quedará ni el recuerdo. ¿Qué hubiera pasado si en los Estados Unidos no hubiera triunfado el Norte sobre el Sur en su guerra de secesión y el país se hubiese dividido en dos?. (Mirándolo cínicamente podríamos decir que mucho mejor para América Latina). (E Irak). ¿Y qué tal si los arequipeños convierten en verdad su risueño y simpático pasaporte arequipeño? Yo no estoy en contra del país vasco, por lo contrario, admiro la capacidad de sus habitantes, hombres de trabajo si los hay, pero creo que se equivocan totalmente, porque además jamás lograrán la adhesión de las regiones vascas francesas (y ni siquiera todas las del llamado país vasco español), el principado de Andorra y otras que pretenden anexarse. Creo que me he extendido demasiado sobre este asunto, pero quería contestar a mi interlocutor así sea con las imperfecciones de quien no lo domina (hasta ahora sólo leo los periódicos que se refieren al tema, es decir todos).

 


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