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Edición Nº 1800 |
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Por
JAIME BEDOYA
PRESUMO que alguien en el Reino Unido me ha visto desnudo. Lo mismo parecerían haber hecho personas en Rumania, China, y en una de las recientemente independizadas repúblicas del este en que sus congresistas se involucran en periódicas peleas masivas a manera de hacer del debate parlamentario un tema de interés público. Y no me habrían visto sólo a mi, sino a un nutrido grupo de destinatarios en los que no hay por qué descartar inocentes críos, venerables madres de familia, y posiblemente quien en estos momentos distraídamente lee estas líneas sin saber que sus pudores han sido vistos absoluta y milimétricamente calibrados. Esta presunción de que las partes pudendas de todos los anteriores, de todos nosotros por Dios, han dejado de ser un misterio para algunos a quienes solos les cabría el epíteto de afortunados, es la repetida recepción de un correo electrónico de lejanos remitentes e inequívoco mensaje: ¡Alargue su Pene Ya ! El anterior ejemplo es la versión sumaria de una propuesta, que dicha así, fácilmente podría tomarse como insolente imperativo. Debe reconocerse que representa una modalidad extrema, y que previamente existe una comprensiva escala de sutilezas moduladas, un obligado nivel de tacto frente a la materia ampliatoria. Tal graduación es la diferencia que cabe entre un correo electrónico que lleva como título un sugerente -y hasta cortés- ¿Da la Talla?, otro que recurre al fino eufemismo " Expanda su Virilidad", hasta la intraducible rima anglosajona de proyección supraatmosférica y promesa sideral: "Carry a Rocket in Your Pocket1". Pasada la primera impresión y realizado el mejor esfuerzo sicológico para acopiar más de una razón o remembranza ventajista para no darse por aludido, se entra en cuenta que la oferta de elongamiento no es nada personal, sino mero negocio. El género del correo basura literalmente crece sobre la humana ilusión mañanera de revisar el buzón electrónico con la esperanza de que alguien, durante nuestro sueño, haya pensado en nosotros. O al menos en una parte de nosotros. Otras zonas en las que los profesionales de estos residuos virtuales suelen concentrarse es la lástima y la avaricia. Combinación emocional que no debe confundirse con la sensación de aquellos padres que confrontados ante el espectáculo del hijo posadolescente en perenne contemplación del techo, se dicen a sí mismo qué lástima que no me compré un yate en vez de mandarlo a la universidad. La lástima explotada electrónicamente es aquella magistralmente generada por la insoportablemente falsa cadena del padre que tiene un hijo tuerto y con cáncer. El tipo de correos sólo buscan acopiar direcciones electrónicas que luego se venden a otros distribuidores de correo basura, si es que acaso que no piden directamente cien mil dólares para comprar agua oxigenada. Por lo que podría suponerse que detrás de la patraña del niño enfermo se encubre a un sujeto que quiere alargarse el pene a él o a su hijo tuerto a costa de la buena fe internacional. Aquí, a medio camino entre la avaricia y la lástima (decida el lector la distribuición de ambas), se ubica una modalidad nacional del correo basura: el mailing list de noticias del Congreso. Una nota personal: Posiblemente malinterpretando mi condición de periodista2 un buen hombre llamado Ever Mamani ha decidido bombardear mi buzón con decenas de mensajes horarios acerca de todas las eventualidades de la fauna asalariada por el Estado que se sacrifica por la patria desde la avenida Abancay. Sr. Mamani, y me permito hablar en nombre del resto de destinatarios que pugnan por no enterarse qué dice o piensa el congresista peruano3, no gracias. Salvo por cierto que se trate de algún tema de interés nacional. Como lo sería una pelea campal a puño limpio entre cuarenta legisladores por ver quién se queda con la oficina con ventana a la calle y la secretaria piernona que viene con ella. La avaricia es tan ciega que se entusiasma con un mensaje que lleva por título Político Nigeriano Busca a Quién Donarle 10 millones de Dólares, género de estafa calificado por la Interpol como el 419, número de la sección del Código Penal nigeriano que sanciona el fraude. Entre nosotros sería mas honesto llamarle a secas Recógeme el Jabón. Ya se sabe cómo termina esa historia. El embaucado, si tiene suerte, es despojado de todos sus bienes materiales. Si no la tiene acaba conociendo en persona al remitente del mensaje. Suele tratarse de un fornido moreno diplomado en Internet que además de encarnar a la antítesis del alargamiento de pene, deja chica aquella tipología que se inicia en el Negro Justicia, pasa por el Negro Vietnam y termina en el Negro Timbre, rerefencias de tan grueso calibre que el lector tendrá que descifrar por su cuenta y riesgo. Se espera que haya quedado claro que todos estos correos son inútiles por naturaleza, además de redundantes frente a la realidad: la manera mas efectiva, rápida y barata de todo enlongamiento siempre está al alcance de la mano. Como bien lo sabe cualquier posadolescente en perenne contemplación del techo. _____________
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