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27 de noviembre de 2003
Por RICHARD WEBB


Gobernar Desde el Llano
El modelo para el nuevo Estado podría ser la tarjeta Visa.

Escribe RICHARD WEBB*

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EL cambio de la sociedad viene ganando la carrera al Estado. Las normas vigentes, diseñadas para un Estado vertical, jerárquico, imperativo, ya no calzan con la realidad de una democracia descentralizada, con entidades autónomas, un Congreso activista y una sociedad civil participativa e invasiva. Cada día el Estado es menos un Leviatán y más una federación de independientes.

El Estado carece de las normas y de la cultura apropiada para esta nueva realidad en la que no existen líneas claras de mando y donde cada tarea involucra a un pluri-repertorio de actores. Ya no basta simplemente con lanzar decretos desde las alturas: nadie está escuchando. Ahora, cada entidad del Estado debe trabajar fraternalmente con otras entidades y con actores de la sociedad civil cuyo aporte no puede ser exigido. El nuevo papel del Estado consiste en concertar, coordinar, concesionar, arbitrar y alentar desde el llano. El trabajo del Estado, pues, se vuelve más horizontal y menos vertical.

Algunos acontecimientos recientes grafican el problema.

La Unesco nos llama la atención por lo descuidado de Machu Picchu, donde trabajan por lo menos diez entidades oficiales, además de proyectos de ayuda. Nadie pone orden, dice la Unesco.

Moquegua y Arequipa se disputan el agua de Pasto Grande, Ancash y La Libertad la de Chavimochic, y Lambayeque y Piura las Islas de Lobos de Tierra. ¿Quién dirime? ¿Quién concierta?

En el aeropuerto de Lima operan 18 entidades oficiales y no existe un claro mando. ¿Tendrá algo que ver con las demoras de ejecución del proyecto?

Cuando nos enteramos de estas deficiencias, culpamos a los funcionarios. Pero el problema no está en la idoneidad de las personas sino en la estructura de poderes y reglas que hacen que cada tarea del Estado se vuelva una tierra de nadie.

No vale decir simplemente que "el Estado" debe liderar y poner orden. ¿Quién en el Estado?

Los grandes objetivos del Estado, los que los sucesivos gobiernos lanzan como "guerras" -a la pobreza, a la desnutrición, al narcotráfico, a la corrupción- o como campañas -proinversión, proagro, proturismo, proexportación, o pro medio ambiente- todas involucran a un gran conjunto de actores, públicos y privados. ¿Cómo lograr el necesario trabajo en concierto de entidades oficiales, de comunidades de ciudadanos y organizaciones de base, de ONGs, de empresas contratistas o concesionarias? ¿Cómo lograr convenios de colaboración que sean más que meras expresiones de buena voluntad? ¿Cómo fiscalizar y exigir el cumplimiento?

Los programas de distribución de alimentos, ¿podrán reducir la desnutrición si no cumplen las autoridades que proveen agua potable? Prompex, ¿podrá aumentar las exportaciones si otras autoridades no cumplen con mejorar los puertos?

Cuando se inicie el proceso de reforma, éste debe partir de un análisis que defina la primera visión del problema. Partir del mundo como es antes de pasar al cómo debe ser, requiere una etapa previa al trabajo de los abogados. La realidad del incumplimiento, los costos de fiscalización, las distorsiones derivadas del cumplimiento imperfecto, deben ser parte de ese análisis inicial.

El estado del Estado parece ser un caos. Pero mi visión optimista es que gran parte de ese desorden es resultado de las transformaciones democratizantes que se vienen dando.

El inventor y presidente de la tarjeta Visa, el Sr. Dee Hock, bautizó su nueva organización con el término "chaordic," (caos + orden), un orden que nace del caos.

Quizás el modelo para el nuevo Estado podría ser la tarjeta Visa. Se trata de un nuevo tipo de organización, esencialmente horizontal, en la que múltiples actores con distintos intereses y capacidades, se enlazan, pero donde la colaboración y cumplimiento de todos crea un extraordinario beneficio colectivo.

__________
Ex presidente del BCR.

 


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