|
Edición Nº 1801 |
||||||||||
|
|
||||||||||
|
Portada Secciones Nos Escriben... Mar de Fondo Ellos & Ellas Culturales Caretas TV Columnas Lugar Común Piedra de Toque China Te Cuenta... Artículos Cañonazos de Despedida Beatriz en un Tris Uniformes Sin Forma Atropello Electoral Estrella Electrónica Escándalo Aéreo ¿El Candidato GCU? Album de Familia Concierto Portatil Fuego de Mesa Agua de Azar El Cau Cau de Eros Amazonia Germánica Hasta las Patas Olor a Tinta Traslado Arreglado Publicidad Genial Monstruo del Pop Caja con Cola A Toro Revuelto Modas El Misterio de la Poesía Informe "Gestión Edil" Informe Final de la Comisión de la Verdad |
Múltiples cogidas a Vicente Barrera y César Jiménez en una tarde sin triunfos. El Escapulario se define en la última de abono. Por el MARQUES DE VALERO DE PALMA PENULTIMA corrida de la Feria. El ciclo ferial se acaba. Nuestro gozo en un pozo. Pero queda el premio gordo, la mejor corrida, el mejor cartel a todas luces y queremos no sentirnos defraudados con el trapío y presencia de los toros de la quinta corrida que se avecina: "Fandi, Castella y Jiménez". Pero esto es lo que vendrá y las ilusiones que nos quedan. Y hablando de ilusiones hay que decir de entrada que esta cuarta corrida, penúltima de feria, resultó de trámite, o sea de "ni fu ni fa" o como decía un conocido revistero taurino valenciano de mis años mozos: "corrida ni buena ni mala si no todo lo contrario". De las que no dejan huella aunque estuviera perlada de momentos, de detalles, de cositas que animaron el lienzo gris de la jornada. A Vicente Barrera lo he visto capidisminuido no sé en qué proporción, tanto síquica como somáticamente. Porque lo he visto aluchando contra sí mismo e imponiendo (con esa bravura suya tan digna de encomio) el quedarse quieto y aguantar, cosa que hizo en sus dos toros y de forma pareja en ambos ya que al empezar sus dos faenas de muleta trató de centrarse en el toro en ambas, cosa que acabó consiguiendo. Y ahí está nuestro Barrera enhebrando los pases sin moverse del sitio que es su marca de fábrica y la virtud que lo distingue entre la torería andante. Luchando contra sí mismo. Pero feble, delicado, con sus musas internas temblorosas y exentas de firmeza y con el aguante de otras tardes sombreado por las dudas. Y lo bueno duró un tiempo (en ambas faenas) para acabar yendo a menos, perdiendo pasos, desatornillándose y dando pases sueltos en deterioro de la calidad conjunta. Decididamente estaba capidisminuido. ¿Pero sólo síquicamente? No. Porque somáticamente también lo estaba. Tenía una herida abierta en el pie, producto de un pisotón del toro en su corrida anterior. La cuestión es que al torear de capa a su primero cayó en la cara del toro incongruentemente, salvándose de milagro. Y con la muleta volvió a salvarse de milagro en una cogida sin consecuencias. En su segundo toro tuvo otras dos cogidas. Vicente Barrera se la jugó, salvó la vida, toreó por momentos como él sabe, estupendamente bien en ambos toros, pero no pudo con el estrés debido a su estado físico y anímico, acabando por perder oreja en sus dos toros por muerte lenta de su primero (que fue muy aceptable) y concierto de espadazos y pinchazos en su segundo (que arrojó buenas dosis de peligro). Aníbal Vásquez tenía una difícil papeleta que resolver en su confirmación de alternativa en Acho. Torear en medio de dos toreros hechos y de Lima o "alimeñados", si es que sirve el adjetivo, como Barrera y Jiménez, es circunstancia seria. Habrá que explicar previamente, con cierto humor, que "Anibalito Vásquez es un tremendo suertudo ya que en el sorteo le tocaron exactamente los dos toros de papá", léase "Paiján". Toros estos preciosos de tipo y el último de lo más bonito que ha salido por chiqueros en toda la feria. El que Vásquez, en sus dos toros, se comportase con suma decencia, sin hacer cosas feas, lanceando con suficiencia e intentando con la muleta lucimientos de triunfo habla a su favor. Lucimientos que no le llegaron por su evidente falta de experiencia (más insistencia, más cruzarse con los toros -aunque sí lo hizo- más darles distancias y respiros, más obligarlos) pero que no desentonaron en ningún momento ya que la estética que proyectó y la intención que demostraba eran de muy buen recibo. Le faltó lo más difícil como son las dotes de lidiador necesarias para hacerse con toros nada fáciles, por cierto, pero factibles a todas luces de ser domeñados y vencidos. Lentitud en la muerte de su primer toro y concierto de pinchazos en su segundo. Nada que rascar. César Jiménez ha tenido una temporada terrible en España al ser el torero que más corridas ha toreado y más trofeos ganó para lo cual la exigencia que ha tenido que enfrentar día tras día ha sido enorme y se le nota, en la actualidad, un cansancio a todas luces lógico y racional. Se le vio, se mostró, toreó de capa y muleta a lo largo de la tarde con momentos brillantísimos, con instantes deslavazados y no tan brillantes y con segundos nefastos y despegados. De todo hubo en la viña del Señor. Pero su calidad quedó en pie a lo largo de la tarde. Y quedó en pie al torear de pie porque su magnífico toreo genuflexo fue un tanto despegadito y no con esa calidad suma que es su constante. Aceptable y lucido con la capa. Momentos muy buenos con la muleta en sus dos consabidos pases que tanto domina y sobre todo con los derechazos variados y diferentes dependiendo de cada tanda. En su segundo toro conectó mucho más con el público y la faena se fue a menos cuando el toro se rajó. Mató mal. Perdió trofeos. De todas formas César Jiménez va a tener que pelear en la próxima corrida con Castella, el nuevo fenómeno francés y ese extraordinario lidiador llamado Fandi. El Escapulario y el triunfo total de la Feria están en juego. El que haga mejor faena con esos toros de Puga que suelen dar siempre buen juego (y que esperamos tengan presencia esta vez) va a ser el triunfador. Indefectiblemente. Con toda certeza. Las cosas están así.
|
|||||||||
|
|
||||||||||