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Edición Nº 1805 |
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Ferrero,
el Obrero y el Playero NADIE podría decir que el Presidente es absolutamente impermeable a las críticas. Le cayó duro por su enésima escapada playera a Punta Sal y se corrigió a medias. Interrumpió las vacaciones para viajes de trabajo a Lima y recorrió las arenas de Villa vestido con jeans y zapatillas. Paralelamente, buscó una mayor iniciativa mediante conferencias de prensa al paso y se sacó el clavo del ex ministro Alvarado en un aquelarre perú posibilista en Chaclacayo. A estas alturas, es difícil saber si Toledo abandonó definitivamente su comportamiento casi adolescente de los últimos meses o si se trata de una de esas clásicas resoluciones de Año Nuevo en las que no faltan los propósitos de enmienda. Lo que sí se puede detectar es un cambio de actitud en el Ejecutivo en las últimas semanas. FERRERO SIN BRONCE A diferencia del bronceado presidencial, la palidez limeña del primer ministro Ferrero revela que éste pasó buen tiempo trabajando bajo techo durante el receso de fin de año. Sin ánimo insidioso, debe reconocerse que Ferrero ha estado muy prolijo desde su nombramiento sosteniendo reuniones con presidentes regionales y empresarios y asegurándose la asistencia de todas las fuerzas políticas integrantes del Acuerdo Nacional en una sesión de relanzamiento el viernes 9. Tuvo que enfrentar, también, el cargamontón contra Jesús Alvarado (un linchamiento a decir de Gustavo Gorriti) y soplarse, junto a Toledo, un capítulo más de los reality shows que escenifican cada cierto tiempo los parlamentarios de la chakana bajo el título de cónclaves partidarios (ver Chacchando en Chaclacayo). Para nadie es un secreto que Perú Posible no es
un partido en sentido estricto y se parece más a los membretes
electorales del fujimorismo que a las organizaciones políticas
de verdad. Sus integrantes se llaman entre sí hermanos pero se
acuchillan regularmente con un ímpetu cainita que rebasa cualquier
lógica política. El tema no pasaría de la anécdota
folclórica si no fuese porque al proponer despropósitos
legislativos y denunciarse entre ellos no solamente incrementan el rechazo
ciudadano al Parlamento, sino que desestabilizan al régimen democrático
en conjunto. No se trata, ciertamente, de demandarles una falsa solidaridad
de cuerpo que promueva el encubrimiento, sino de exigirles que diferencien
sus objetivos particulares de los del país y que destierren la
seudomoralización implícita en las denuncias extemporáneas
administradas según la conveniencia del denunciante. En este
aspecto, la tarea que tienen al frente Toledo y Ferrero es enorme: no
habrá segundo debut del régimen si no logran impedir el
sabotaje de sus propios parlamentarios. Toledo parece no asustar mucho
a los más díscolos, por lo que Ferrero tiene que concertar
-aunque suene absurdo- con su bancada como hizo durante los dos años
de su presidencia del Congreso. Para ello, debe jugar en pared con Henry
Pease para lograr una agenda común al Congreso y al Ejecutivo
que ponga los temas sustantivos sobre la mesa y deje el circo a quienes
corresponda. Como el Perú lleva años acostumbrado a que se presenten los intereses de los empresarios como los mismos que los del país, la llegada de un ex dirigente sindical con posiciones pro sector laboral en el Parlamento ha sido presentada por los defensores de la ortodoxia liberal como un cataclismo populista para el país. Ramírez Canchari, presidente de la Comisión de Trabajo en el momento de su nombramiento, ha tenido posiciones individuales a favor de los trabajadores en temas como los ceses colectivos y los despidos arbitrarios, pero ha sido un disciplinado militante al momento de votar por las propuestas económicas del Ejecutivo, incluyendo las de Fernando Villarán. Los empresarios, que suelen ser bastante más realistas que quienes ofician de voceros suyos, una vez repuestos del susto le han dado el beneficio de la duda a este obrero metalúrgico despedido, proveniente de la izquierda de los setentas y parlamentario desde el 2000. No en vano, sus colegas de las centrales sindicales han celebrado su llegada al ministerio. ¿Expectativas desmedidas? Podría ser, aunque los sindicalistas peruanos saben hace tiempo que los obreros son una especie en extinción en el país y su capacidad de presión a través del pataleo no siempre tiene acogida ciudadana. Sin embargo, un ministro de la procedencia de Ramírez Canchari es un activo político importante para el gabinete Ferrero, ya que los ciclos de huelga aparecen casi siempre en el primer semestre del año y tanto en el 2002 como en el 2004 los descensos de popularidad de Toledo estuvieron marcados por huelgas o protestas regionales ocurridas a partir de marzo. Para graficar la importancia de contar con un insider en el gabinete al enfrentar demandas laborales cómparese la rapidez con la que el ministro de Salud, Álvaro Vidal, ex dirigente gremial, coadyuvó a una solución de la huelga médica con la forma en la que el ex ministro Ayzanoa contribuyó, por el contrario, a la escalada de la huelga magisterial del año pasado. No hay mejor bombero que un ex incendiario, así que el ministro obrero puede ser muy útil para contener la turbulencia política que tanto asusta a algunos. LOS PELIGROS DEL VERANO Paradójicamente, las amenazas más serias para Ramírez Canchari no vienen de sus posiciones ideológicas, sino de diversas denuncias en su contra que serán exhaustivamente ventiladas por los medios. Ramírez Canchari tiene seis denuncias ante el Ministerio Público. El 29 de noviembre del 2002 ingresaron a la 29 Fiscalía Provincial de Lima cinco denuncias por abuso de autoridad, falsedad genérica, delito contra la administración de justicia, usurpación de funciones y violación de la libertad personal. Varios de estos cargos surgen del enfrentamiento de Ramírez Canchari con la comunidad campesina de Uruiza en Lucanas, Ayacucho. El presidente de ésta lo acusó de haber sido el autor intelectual del ataque que sufrieron los comuneros en julio del 2002 cuando intentaba trasquilar unas vicuñas. Según una fuente del lugar consultada por CARETAS, desde 1988 Ramírez Canchari y su primo Paulino Taquiri Canchari promueven "la división de la comunidad porque se dieron cuenta que había dinero en la fibra de la vicuña" y buscan "el reconocimiento del anexo de Carhuanayre para apropiarse así de las tierras". El flamante ministro es acusado, también, de influir en el nombramiento en el ex CTAR Ica de Gerardo Villagómez, un constructor que dirigió su campaña al Parlamento en el 2000 y fue removido del cargo a los tres meses por protestas populares. Independientemente del pasivo que trae el ministro de la chakana, el gabinete Ferrero concurrirá al Congreso el próximo martes 13 desafiando supersticiones para buscar el oxígeno que necesita el régimen. Si las cosas siguen un curso normal, Ferrero debe lograr el respaldo parlamentario para su gestión. De hacerlo, no sólo habrá remontado el bache producido por la salida de Beatriz Merino sino que habrá dado un mínimo norte, distinto de Punta Sal, a un gobierno errático, prisionero de los escándalos de tabloide. Con ello, el Premier habrá iniciado, por fin, la tarea de salvataje presidencial. Lamentablemente, no se sabrá hasta el final del verano si el bañista en peligro decidió colaborar con el salvavidas o prefirió ahogarse.
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