|
Edición Nº 1805 |
| ||||||||||
|
|
|||||||||||
|
Portada
|
Por
LORENA TUDELA LOVEDAY ¡Mario no Pasó Año Nuevo con Pachi!
Mira, te planteo los facts para que no haya equívocos, las cosas fueron así: me llama por Navidad Mario a contarme que la mermelada de naranja de Harrods ya no es la misma, ¿ya?, y que lo de Irán es un horror y yo le digo, "oye, hablando de horrores, ¿van a pasar el Año Nuevo en el Perú?" "Creo que sí, China, tú sabes que a veces se me da por el nacionalismo y estoy que quiero, a pesar de las invitaciones que tenemos a Cabo Verde con los Grass, a Pinamar con Amelita Lacroze de Fortabat y a la Picardie con Juliette Greco, que se ha puesto de moda otra vez, así que no pierdas las esperanzas, China...". Buenísimo Mario, cómo te explico. Ya iba a colgar yo, de lo más contenta con el mensaje de paz y concordia que acababa de recibir, cuando Mario me dice, "¿no quieres venir con nosotros? Vamos a estar en Máncora, con los Cooper, los Grunberg, los Cruchaga y por ahí alguien más, sólo GCU como te podrás imaginar". Bueno, la cosa es que tampoco con demasiadas ganas me sumé al grupete y regio, o sea, nos dedicamos a sufrir existencialmente en un hotel que no estaba nada mal, exceptuando que los bloody marys los servían con tabasco boliviano, y eso puede llegar a ser gravísimo, no sé si me entiendes. Hija, el 31 salimos a navegar y regio, o sea, yo estaba hablando en la popa con Mario sobre la conveniencia de diseñar una burma mini como una manera de cuestionar el fundamentalismo islámico sin renunciar a la modernidad, cuando el capitán del yate grita: "¡Alerta roja, especies de fauna marina desconocidas a la derecha, resguardarse en los camarotes!". Pucha, volamos hechos unos dopes a escondernos y desde los camarotes, binoculares en mano, nos pusimos a mirar. En efecto, cerca de la orilla, pucha, había algo que podría definirse como un batracio gigante o un pterodáctilo enano. Paticorto, cuadradón, cabezudo, patita de llama, tetilla negra, nariz pre-colombina y un andar bamboleante que me hizo pensar en esos camaleones del Pleistoceno que una vez vi en Madagascar, hija, que se comen unas flores del Mioceno llenas de ron y paran todo el día borrachos. Nos dio tal pánico, hija, que casi le dijimos al capitán que enrumbe hacia Galápagos, para pasar unos días entre especies controladas, pero no nos dejó hablar el otro espécimen que apareció al costado. Cómo describirlo: ¿tú has visto, por casualidad, esas arañas amazónicas coloradas que son pura pata y pura mano y de cuerpo sólo tienen un alambre tenso con el que capturan moscas más rápido que pariente de Jesús Alvarado entrando a nuevo puesto en el Ministerio de la Descentralización? Bueno, algo así era, pero además, pucha, con un penacho rojo incandescente en la cabeza, que volaba por los aires y una carita de neura, hija, que te lo juro, o sea, sin necesidad de ser psicoanalista ni andar investigando en las neurociencias, o sea, te dabas cuenta de que algo muy grave le había pasado a su especie, onto y filogenéticamente. Pucha, hija, nos dio tal pánico que el Titanic al lado de nuestro yate, era una barca hacia el cielo de Buda, no saaaabes. Por supuesto que le insistimos al capitán para desviarnos, pero ya no a Galápagos, porque estaba demasiado cerca, sino a la primera isla con bandera norteamericana, hija, porque Bush será todo lo bruto, alcohólico, oligofrénico, fronterizo, descerebrado y teta frita que quieras, pero pucha, la seguridad es la seguridad, ¿no crees? Bueno, al final terminamos bailoteando por la costa oeste del Imperio y regio, nunca nos enteramos de qué habían sido esas dos cosas que rampaban por las arenas de Punta Sal. Voy a avisarle a mis amigos biólogos para que las ubiquen, ¿sí? Chau, chau (Rafo León).
|
||||||||||
|
|
|||||||||||