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Edición Nº 1806 |
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Ojo a la
China Escribe CESAR LEVANO MIENTRAS Alan García auscultaba en China el pulso de ese gigante que crece sin freno, seguía en debate la reunión que a inicios de enero sostuvo él con dirigentes del Partido Comunista del Perú-Patria Roja. Lourdes Flores vio en esta cita una amenaza no sólo contra el gobierno, sino también contra la paz del país. Según la presidenta del PPC, nos amenaza una catástrofe: la tal alianza busca fomentar "el violentismo, el movimientismo y la protesta" en universidades como San Marcos y la Villarreal. La realidad no concuerda con la doctora. Nadie puede afirmar que entre el Apra y Patria Roja se haya sellado una alianza. Además, en San Marcos no puede haber esa supuesta alianza, porque allí el Apra virtualmente no existe, y Patria Roja es una minoría minúscula. En la Villarreal no hace falta alianza alguna. El único "movimientismo" allí posible es el del Apra. El arranque de ira resulta curioso, porque Lourdes Flores se reunió con gente de Patria Roja en los días de la lucha contra el fujimorato y, además, llevó en la lista de Unidad Nacional al hoy congresista José Luis Risco, ex presidente de la CGTP y camarada notorio. En cuanto a la visita a China Popular, no es la primera que García realiza a ese país. En junio de 1984, ya en condición de candidato presidencial del Apra, visitó ese país, donde se encontró con Eduardo Orrego, potencial candidato al sillón presidencial a nombre de Acción Popular. No hace falta, pues, ninguna alianza con el maoísmo local para dirigirse a un país que se yergue ya como la primera potencia económica de Asia y que ha creado una variante económica que ni Marx, ni Lenin, ni Mao Zedong habían previsto: la alianza de las empresas multinacionales con empresas chinas estatales o paraestatales. "China se está convirtiendo en la fábrica del mundo, desde donde las multinacionales están lanzando una nueva ola conquistadora", escribió la revista estadounidense América Economía en su edición de febrero del 2003. ¿Neoliberalismo chino? No. El Estado sigue en manos del Partido Comunista y maneja con mano férrea el timón de la disciplina social. Eso, más la capacitación tecnológica y una economía de escala, "demuele", dice América Economía, "muchas de las pocas ventajas competitivas de América Latina. México, que basó su crecimiento en la década pasada en maquilas de bajo valor agregado, como las textiles y electrónicas, casi un calco de la estrategia oriental, está primero en la lista de víctimas". Hay un dato histórico curioso en la visita de Alan a China. Estudia un país en que el Kuomingtang, el hermano gemelo del Apra, fue derrotado y expatriado: se refugió en la isla Taiwán. En la página 140 del primer volumen de sus Obras Completas Haya de la Torre escribió: "China había sido aprovechada por los extranjeros. El movimiento del Kuo-Ming-Tang (Kuo: nacional, ming: popular, tang: partido) representa justamente un movimiento de independencia de toda sujeción". Esto fue escrito en marzo de 1927. Un año antes, el ala derecha del Kuomingtang había iniciado su viraje no sólo contra los comunistas, sino también contra obreros, campesinos y militares nacionalistas. Torturas, asesinatos, masacres fueron el signo de ese cambio. Luego vino la guerra civil, la guerra prolongada. En todo caso, pese a su inmenso progreso de economía mixta, China es todavía un complejo de contradicciones: el interior pobre frente a la costa próspera; el lujo de millonarios frente a la pobreza de cientos de millones, sobre todo en el campo. Es un crisol social, un torbellino de experiencias que todo político moderno, y no sólo Alan García, debería estudiar. El líder aprista acaba de proponer en Beijing una especie de Alianza de libre comercio chino latinoamericano. Justo ahora que el Perú tiene que defender su mercado textil frente a la invasión de prendas chinas.
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