Edición Nº 1806

 

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ARTICULO

15 de enero de 2004

Paginas 70 y 71 de la edición impresa.


En febrero de 1879, trescientos soldados chilenos tomaron el puerto de Antofagasta. Desde entonces Bolivia no tiene salida al mar. El presidente Mesa (derecha) ha reactualizado en estos días la vieja demanda de su pueblo de recuperar su ventana al mar. Foto, año 1906. Izquierda, mapa de Bolivia antes de la guerra. Tenía un litoral de poco más de 550 kilómetros. Abajo, Plaza de Antofagasta, 1907.

Una Vez Fue Boliviano
La historia del mar de Bolivia es una sucesión de hechos sorprendentes.En ella afloran intrigas y hasta traiciones.

Bolivia reclama volver al mar y Chile, sorprendiendo a muchos, elude el tema esgrimiendo que no hay condiciones adecuadas.

Han pasado 120 años de la Guerra del Pacífico y Bolivia continúa reclamándole a Chile, con todo derecho, una salida soberana al mar. Demanda que hoy, por primera vez, apoyan abiertamente tres jefes de Estado latinoamericanos. En este tema hay que ser claro, Chile no va a dar su brazo a torcer en lo que respecta a devolver el litoral que le arrebató a Bolivia en el siglo XIX. Avenirse a eso sería para los rotos tirar por la borda la política que preconizó nada menos que Diego Portales. El presidente Lagos ha dicho que si se quiere hacer una negociación en serio "se tiene que partir hablando con Perú", dando así a entender que podría acceder a darle salida al mar a través de Arica. Y en ese trance su canciller, dándole un baldazo de agua fría a los bolivianos, esgrime que no hay condiciones adecuadas para el trato bilateral. Mientras tanto, la posición del Perú frente al tema es, como siempre, constructiva. A continuación, una historia poco conocida.

LA salida al mar fue algo que preocupó desde un comienzo a los asambleístas de Chuquisaca. En 1825, los que estuvieron a favor de la unión con el Perú esgrimieron este argumento. Los que estaban por la separación dijeron que se podía utilizar un puerto en el Océano Pacífico llamado Cobija, que, según los más doctos, pertenecía a la antigua Audiencia de Charcas. Incluso pretendieron cambiarle de nombre. Llamarlo La Mar para congraciarse con el presidente del Perú.

Al crearse la nueva república, Sucre envió a uno de sus asesores para que viera un puerto en el sur del Perú. Pero al retornar su enviado le informa que todos los puertos que había visto eran pésimos, incluyendo Cobija. Ante esos hechos, Sucre decidió arrancar del Perú un pedazo de sus costas -apunta Herbert Morote en su libro El Militarismo en el Perú. Lo que sucedió fue que el mordisco que quiso dar fue muy grande, algo así como 500 kilómetros, en los que se incluían puertos como Arica e Iquique. Sucre recomendó a los asambleístas de Chuquisaca que le pidieran al Libertador ese litoral, pero el Perú se opuso. Lo paradójico es que entonces gobernaba el Perú el mariscal Santa Cruz, uno de los bolivianos más ilustres del siglo XIX.

El hecho es que el puerto de Bolivia y sus límites con Chile no se pudieron concretar en esa coyuntura debido al imprevisto viaje del Libertador a Colombia.

Cuatro o cinco años más tarde Santa Cruz en una visita al litoral sureño escogía Cobija como puerto para Bolivia.

Es por esos años que apareció por primera vez en el escenario político chileno un hombre cuya influencia iba a ser dominante: Diego Portales. Fue justamente él quien le declaró la guerra al Perú y Bolivia en el período de la Confederación. Portales tenía como principal mira el enseñoramiento de Chile en el Pacífico. Ante el peligro que esa política entrañaba, Castilla diría: si Chile compra un barco, el Perú debe comprar dos.
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Diego Portales: le declaró la guerra al Perú y Bolivia en el período de la Confederación.

Después de 1840 comenzó a hacerse pública la importancia del guano. El presidente chileno Bulnes despachó en 1842 una expedición al desierto de Atacama para descubrir si existía este abono "en el territorio de la República". Tras esa pesquisa, el límite norte de Chile fue fijado en el paralelo 23 y en 1843 se creó la provincia de Atacama. En 1845 el chileno Juan López descubrió las guaneras de Mejillones.

Bolivia encontrábase, por la lejanía de su zona central, en condiciones desfavorables para contener estos avances, azuzados por el creciente valor adquirido por los territorios que eran materia de ellos, a causa de los yacimientos de guano. Según sostuvo el gobierno boliviano, los límites de su país pasaban el paralelo 23 que le señalaba el de Chile y llegaban al grado 27 de latitud si bien podía probarlo sólo hasta el 25º

La querella giró en alrededor de la zona comprendida entre los diversos grados de latitud. Las cosas se complicaron tanto que, el 5 de julio de 1863, la Asamblea Legislativa boliviana autorizó al Poder Ejecutivo declarar la guerra a Chile si, después de haber fracasado los medios de conciliación por vía diplomática, no se restituía el territorio ocupado o se obtenía otra solución pacífica compatible con la dignidad nacional. Un motín llevó poco después al poder al general Mariano Melgarejo y cambió la orientación de la política en el país del altiplano.

El tratado del 10 de agosto de 1866 señaló el comienzo de un nuevo período en el litigio. El ministro chileno Aniceto Vergara Albano ejercía gran influencia sobre Melgarejo y llegó hasta recibir el nombramiento de ministro de Hacienda. Salió entonces a luz un nuevo tratado que señaló como línea de demarcación de los límites entre Bolivia y Chile el paralelo 24º. Si bien quedaba reconocida la soberanía de Bolivia sobre las tierras situadas al norte del paralelo 24º, los productos provenientes de la explotación de los depósitos de guano descubierto en Mejillones, como también los derechos de exportación percibidos sobre los minerales extraídos del territorio entre los grados 23 y 25, debían ser repartidos por mitad entre ambos gobiernos.

Gravoso como era este tratado para Bolivia -apunta Basadre- no presentaba el máximo de las pretensiones chilenas. Chile entregaba la zona comprendida al norte del paralelo 24. El ministro Vergara propuso la cesión por parte de Bolivia de todo su litoral, o cuando menos de hasta Mejillones, inclusive, bajo la formal promesa (escribió años después el canciller de Melgarejo, don Mariano Donato Muñoz) de que Chile apoyaría a Bolivia de modo más eficaz para la ocupación del litoral peruano hasta el morro de Sama... en razón de que la única salida natural que Bolivia tenía al Pacífico era el puerto de Arica).

En 1871 cayó Melgarejo y el Congreso boliviano anuló todos los actos realizados durante la dictadura. Después de algunas dificultades y tensiones, se firmaba un nuevo tratado que mantuvo como límite el paralelo 24 y estableció así la renuncia de Chile a su pretendido derecho a la zona más al norte. A cambio de esto Bolivia se comprometió -según el historiador chileno Jaime Eyzaguirre, autor del libro Chile y Bolivia / esquema de un proceso diplomático- y por el término de 25 años, "a que las personas, industrias y capitales chilenos, situados en la zona renunciada por Chile al norte del paralelo 24, "no quedarían sujetos a más contribuciones..."

Dos años después de la ratificación de ese tratado, un golpe militar puso en la presidencia de Bolivia al general Hilarión Daza. Bajo su gobierno, la Asamblea Legislativa boliviana aprobó una ley que gravaba con diez centavos el quintal de salitre que exportase la Compañía de Salitre y Ferrocarril de Antofagasta. "La corporación afectada con el indicado gravamen -dice Eyzaguirre- era integrada por chilenos, y como tal, bajo el amparo del artículo 4º. del tratado de 1874, que prohibía nuevos impuestos por 25 años.

Para el padre Rubén Vargas Ugarte -autor del libro Historia de la Guerra del Pacífico- la apelación chilena era absurda, pues se trataba de una compañía anónima boliviana, que debía sujetarse a las disposiciones tomadas por el gobierno, en cuyo territorio tenía su asiento y no convertir una disputa de carácter privado en conflicto internacional.

El 12 de febrero, el gobierno de Santiago ordenaba la ocupación de Antofagasta. Trescientos soldados fueron suficientes para superar cualquier resistencia.

La noticia de la toma de Antofagasta llegó rápidamente a Lima y alarmó a Prado y sus ministros. Perú envió inmediatamente a Santiago a Lavalle en calidad de ministro plenipotenciario. Chile insistió en que Perú se declarase neutral, pero esto no era posible dado que estaba ligado por el tratado a Bolivia, ¿cómo se le podía pedir al Perú que se pusiera al margen del asunto y abandonar a su suerte al país vecino, a quien se pensaba arrebatar todo su litoral? Y en esa suerte, Chile le declara la guerra al Perú. La suerte estaba echada.

 


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