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Edición Nº 1806 |
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NO sé si lo habré dicho antes, pero existen dos himnos nacionales: el Himno Nacional propiamente dicho (el cantado con la mano en el pecho, cuando nos atrevemos a ello) y el otro, ése de "Todos vuelven…", la extraordinaria creación de César Miró que vivirá y cantaremos por siempre todos los que por una razón u otra vivimos fuera de la patria. Pues yo, que estuve en Lima por unos cuantos días, al llegar entoné en mi interior -porque ya no se estila hacerlo en voz alta, salvo reuniones poco atemperadas- eso de "Todos vuelven al rincón donde nacieron, al embrujo incomparable de su Sol". Sí, al embrujo incomparable de su Sol -aunque sea cubierto algunos días por la neblina limeña qué importa al fin de cuentas. Regresar por unos días vale la pena, sobre todo cuando no se encuentra uno en medio de la batalla campal que nos es usual, esta vez amortiguada por las fiestas, por las vacaciones estatales y demás. ¡Cómo fuese Navidad y Año Nuevo con vacaciones estatales todas las semanas! El Perú sería otro. Claro que todo no es tan sencillo, porque la reacción (sinónimo
para mí de subversión) no descansa. Es así que apenas
llegué me detuve curioso, y ahorrativo como cualquier limeño
que necesita serlo, delante de un puesto de venta de periódicos
y revistas para leer los titulares (que es lo único que leen aquellos
que opinan en las encuestas, ese extraordinario descubrimiento del fujimorismo,
que siempre salía y sigue saliendo bien parado en las mismas).
¿Y qué veo (además de los potos consiguientes), en
una misma mañana: en La Razón: "¡Toledo debe irse!
(¿y Fujimori debe volver?); en El Vocero (¿de quién?):
el grosero y descomedido desacato referido al Presidente de la República:
"Ignorante nos lleva al precipicio", título que glosa con la complicidad
de don Víctor Andrés García Belaunde, el que fuera
sobrinísimo; Diario Del País (que no le hace honor al título
robado al gran diario español): "Piden cambiar a Toledo"; Perú
21 (la sorpresa subversiva de El Comercio). "Primeros roces en el gabinete"
y, por último (¡todo en la misma mañana!): Correo:
"Inventamos puesto para sobrino del ministro". Esa fue mi primera visión
de la prensa peruana, evidente e idéntica versión repetida
de la que inventó y financió Montesinos. ¿A alguien
le puede caber alguna duda respecto de las similitudes?
Aunque el ministro Alvarado es ya pan quemado, cabe señalar que
su ajusticiamiento provino de esos mismos sectores, inclusive de aquellos
que en todos los regímenes anteriores distribuyeron como tarjetas
de navidad los puestos oficiales a sus familiares, amigos y partidarios.
No quiero mencionar nombres, por no herir susceptibilidades, pero uno
de los más destemplados críticos actuales detentó
en su oportunidad un importante cargo nombrado por su tío, entonces
Presidente de la República. ¿O no?
Leí en Lima que campesinos coreanos protestaban contra la importación
de productos agrícolas chilenos. Esos campesinos deben pensar que
la globalización es un embudo ancho para ellos y angosto para los
latinoamericanos.
¿Qué puede haber motivado para que la tradicional -aunque
nada bella- avenida República de Panamá se denomine ahora
Avda. Roosevelt? ¿Vuelta al pasado?. Mejor la hubieran llamado,
a ver si nos ganamos alguito, Avda. George W. Bush.
Nada me asombró más que ver en la Plaza de Armas de Lima
los adornos navideños colocados en su propio frontis nada menos
que por la Nunciatura Apostólica y por la Catedral: Roscas, o si
se quiere, para evitar malas consonancias, coronas de Navidad -de esas
que la moda ha impuesto en los árboles navideños y en las
puertas de los hogares pudientes. Sólo faltaban los Papa Noeles
y los ciervos. Ni un solo retablo, ni pesebre, ni Niño Jesús,
por pequeño que fuere. Los tiempos cambian evidentemente. El próximo
año es probable que esté dedicado a Papa Noel. Un Santa
Claus gigante en el propio atrio de la majestuosa Catedral cantando (o
rezando): ¡Ho, Ho, Ho! Renos incluidos. ¿Villancicos?: ¡vuélvete!
Como dándole el ejemplo a la Iglesia peruana oficial sus vecinos
de enfrente y del costado, es decir, la Municipalidad de Lima y Palacio
de Gobierno sí se acordaron del Niño Dios.
Mi corta estadía limeña me sirvió para constatar
que por lo menos los dos distritos más burgueses de la capital,
San Isidro y Miraflores, han mejorado, tendencia que no era común
hasta hace poco. Quizá la influencia de sus nuevos alcaldes haya
hecho que sus parques y jardines luzcan mucho más verdes, con plantas
y césped cuidados, árboles recién sembrados, semáforos
en buen estado, etc. Incluso en San Isidro, evidentemente por la influencia
de Jorge Salmón, su alcalde, publicista de profesión, se
pueden ver algunas paredes y cercos de esos comúnmente desaprovechados
en los que se lucen conjuntos de excelentes fotografías, que mejoran
el ornato. Como estuve pocos días no pude comprobar qué
es lo que sucede en otros distritos, pero en los dos mencionados ¡chapeau!
para sus gestores. Dicen que también Surco marcha muy bien; será
para la próxima comprobarlo.
Un acontecimiento para el Perú en España fue la inauguración
de la gran muestra del Museo Nacional de Arqueología, Antropología
e Historia, de Pueblo Libre, que fue presentada en la magnífica
sala de exposiciones de la Caja Vital Kutxa, en Vitoria, capital de Euzkadi,
o País Vasco, que se llevó a cabo con indudable suceso el
18 de diciembre último. La muestra, organizada y promovida por
Luis Hurtado Rodríguez, un especialista español amante del
Perú, fue generosamente patrocinada por la mencionada Caja Vital
Kutxa, incluyendo un magnífico libro-catálogo titulado -como
la muestra- "Tesoros del Antiguo Perú", de 160 páginas,
muy bien ilustrado por la mayoría de las piezas exhibidas y que
incluye textos de notables especialistas peruanos como Luis Enrique Tord,
Marcela Ríos Rodríguez, Jaime Mariazza F., Pedro Vargas
Nalvarte, Ricardo Morales Gamarra y Diana Hurtado Rodríguez, además
de un texto de presentación del embajador del Perú, Fernando
Olivera Vega.
Para evitar susceptibilidades y porque en verdad a mí, en esta
situación, no me toca hacerlo, no volveré a ocuparme del
tema Israel-Palestina, suceda lo que suceda en la región; pero
no puedo menos que rechazar firmemente la arbitraria acusación
de antisemitismo que se me ha endilgado. Ese sambenito no me cuadra.
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