Edición Nº 1806

 

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15 de enero de 2004
Por AUGUSTO ELMORE

NO sé si lo habré dicho antes, pero existen dos himnos nacionales: el Himno Nacional propiamente dicho (el cantado con la mano en el pecho, cuando nos atrevemos a ello) y el otro, ése de "Todos vuelven…", la extraordinaria creación de César Miró que vivirá y cantaremos por siempre todos los que por una razón u otra vivimos fuera de la patria. Pues yo, que estuve en Lima por unos cuantos días, al llegar entoné en mi interior -porque ya no se estila hacerlo en voz alta, salvo reuniones poco atemperadas- eso de "Todos vuelven al rincón donde nacieron, al embrujo incomparable de su Sol". Sí, al embrujo incomparable de su Sol -aunque sea cubierto algunos días por la neblina limeña qué importa al fin de cuentas. Regresar por unos días vale la pena, sobre todo cuando no se encuentra uno en medio de la batalla campal que nos es usual, esta vez amortiguada por las fiestas, por las vacaciones estatales y demás. ¡Cómo fuese Navidad y Año Nuevo con vacaciones estatales todas las semanas! El Perú sería otro.

Claro que todo no es tan sencillo, porque la reacción (sinónimo para mí de subversión) no descansa. Es así que apenas llegué me detuve curioso, y ahorrativo como cualquier limeño que necesita serlo, delante de un puesto de venta de periódicos y revistas para leer los titulares (que es lo único que leen aquellos que opinan en las encuestas, ese extraordinario descubrimiento del fujimorismo, que siempre salía y sigue saliendo bien parado en las mismas). ¿Y qué veo (además de los potos consiguientes), en una misma mañana: en La Razón: "¡Toledo debe irse! (¿y Fujimori debe volver?); en El Vocero (¿de quién?): el grosero y descomedido desacato referido al Presidente de la República: "Ignorante nos lleva al precipicio", título que glosa con la complicidad de don Víctor Andrés García Belaunde, el que fuera sobrinísimo; Diario Del País (que no le hace honor al título robado al gran diario español): "Piden cambiar a Toledo"; Perú 21 (la sorpresa subversiva de El Comercio). "Primeros roces en el gabinete" y, por último (¡todo en la misma mañana!): Correo: "Inventamos puesto para sobrino del ministro". Esa fue mi primera visión de la prensa peruana, evidente e idéntica versión repetida de la que inventó y financió Montesinos. ¿A alguien le puede caber alguna duda respecto de las similitudes?

Aunque el ministro Alvarado es ya pan quemado, cabe señalar que su ajusticiamiento provino de esos mismos sectores, inclusive de aquellos que en todos los regímenes anteriores distribuyeron como tarjetas de navidad los puestos oficiales a sus familiares, amigos y partidarios. No quiero mencionar nombres, por no herir susceptibilidades, pero uno de los más destemplados críticos actuales detentó en su oportunidad un importante cargo nombrado por su tío, entonces Presidente de la República. ¿O no?

Leí en Lima que campesinos coreanos protestaban contra la importación de productos agrícolas chilenos. Esos campesinos deben pensar que la globalización es un embudo ancho para ellos y angosto para los latinoamericanos.

¿Qué puede haber motivado para que la tradicional -aunque nada bella- avenida República de Panamá se denomine ahora Avda. Roosevelt? ¿Vuelta al pasado?. Mejor la hubieran llamado, a ver si nos ganamos alguito, Avda. George W. Bush.

Nada me asombró más que ver en la Plaza de Armas de Lima los adornos navideños colocados en su propio frontis nada menos que por la Nunciatura Apostólica y por la Catedral: Roscas, o si se quiere, para evitar malas consonancias, coronas de Navidad -de esas que la moda ha impuesto en los árboles navideños y en las puertas de los hogares pudientes. Sólo faltaban los Papa Noeles y los ciervos. Ni un solo retablo, ni pesebre, ni Niño Jesús, por pequeño que fuere. Los tiempos cambian evidentemente. El próximo año es probable que esté dedicado a Papa Noel. Un Santa Claus gigante en el propio atrio de la majestuosa Catedral cantando (o rezando): ¡Ho, Ho, Ho! Renos incluidos. ¿Villancicos?: ¡vuélvete!

Como dándole el ejemplo a la Iglesia peruana oficial sus vecinos de enfrente y del costado, es decir, la Municipalidad de Lima y Palacio de Gobierno sí se acordaron del Niño Dios.

Mi corta estadía limeña me sirvió para constatar que por lo menos los dos distritos más burgueses de la capital, San Isidro y Miraflores, han mejorado, tendencia que no era común hasta hace poco. Quizá la influencia de sus nuevos alcaldes haya hecho que sus parques y jardines luzcan mucho más verdes, con plantas y césped cuidados, árboles recién sembrados, semáforos en buen estado, etc. Incluso en San Isidro, evidentemente por la influencia de Jorge Salmón, su alcalde, publicista de profesión, se pueden ver algunas paredes y cercos de esos comúnmente desaprovechados en los que se lucen conjuntos de excelentes fotografías, que mejoran el ornato. Como estuve pocos días no pude comprobar qué es lo que sucede en otros distritos, pero en los dos mencionados ¡chapeau! para sus gestores. Dicen que también Surco marcha muy bien; será para la próxima comprobarlo.

Un acontecimiento para el Perú en España fue la inauguración de la gran muestra del Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia, de Pueblo Libre, que fue presentada en la magnífica sala de exposiciones de la Caja Vital Kutxa, en Vitoria, capital de Euzkadi, o País Vasco, que se llevó a cabo con indudable suceso el 18 de diciembre último. La muestra, organizada y promovida por Luis Hurtado Rodríguez, un especialista español amante del Perú, fue generosamente patrocinada por la mencionada Caja Vital Kutxa, incluyendo un magnífico libro-catálogo titulado -como la muestra- "Tesoros del Antiguo Perú", de 160 páginas, muy bien ilustrado por la mayoría de las piezas exhibidas y que incluye textos de notables especialistas peruanos como Luis Enrique Tord, Marcela Ríos Rodríguez, Jaime Mariazza F., Pedro Vargas Nalvarte, Ricardo Morales Gamarra y Diana Hurtado Rodríguez, además de un texto de presentación del embajador del Perú, Fernando Olivera Vega.

Para evitar susceptibilidades y porque en verdad a mí, en esta situación, no me toca hacerlo, no volveré a ocuparme del tema Israel-Palestina, suceda lo que suceda en la región; pero no puedo menos que rechazar firmemente la arbitraria acusación de antisemitismo que se me ha endilgado. Ese sambenito no me cuadra.
   

   
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