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Edición Nº 1806 |
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Diva Divina Pero pronto, el sueño americano de la familia se esfumaría
y en 1937 ella y su madre regresarían a Atenas donde María
iniciaría su educación vocal bajo la dirección de
la maestra Elvira de Hidalgo, quien pronto confirmaría sus extraordinarias
dotes para el canto lírico. Una vez terminada esa etapa tiene presentaciones
en Grecia, se traslada a Nueva York para encontrarse con su padre, pero
rápidamente viaja a Italia donde conoce a Tulio Serafin, quien
la dirige en su debut interpretando a la Gioconda de Ponchielli. Era 1947
y ese año su vida cambiaría: conocería al que sería
su marido Batistta Meneghini y se presentaría con éxito
en el teatro La Fenice de Venecia. Iniciando de esta manera, una carrera
alentadora que alcanzaría particular intensidad en el '50 cuando
reemplaza en Aída a la reina de la Scala de Milán, Renata
Tebaldi.
Precisamente en comparación con la voz de la Tebaldi se inició
una polémica desfavorable a Callas confirmado por figuras como
Rodolfo Celleti, uno de los especialistas en voces del mundo operístico,
quien llegó a afirmar que "el timbre de la voz de la Callas, considerado
puramente como sonido, era esencialmente feo; era débil, lo que
daba la impresión de sequedad, aridez." Sin embargo, su timbre
no impediría que su canto lograra materializar y transmitir con
una intensidad fuera de lo común el dolor de la desdicha. Por eso
las cuatro grandes óperas que marcaron su carrera fueron Norma,
Traviatta, Tosca y Lucía, piezas que permitían el lucimiento
de una voz que como ninguna expresaba los matices de la congoja, la aflicción
y el tormento. Adicionalmente, poseía un natural manejo escénico
cuyo amigo y director Franco Zefirelli intentó definir como un
sexto sentido que la elevaba de la tierra. Esta cualidad innata sumada
a arrolladora personalidad la hicieron triunfar a donde fuere: Florencia,
Mexico, Argentina, Brasil, Chicago, Grecia, N. York, Roma (no acabaría
un concierto en presencia del Presidente italiano) y París.
En realidad toda la década del '50 sería el marco histórico
dentro del cual se iniciaría la fama, se crearía el mito
y se anunciaría la caída. En el '59 conocería al
gran amor de su vida, el multimillonario Aristóteles Onassis. Luego
de un crucero -que en realidad fue una orgía- se encontraron con
el marido y le dijeron lo que todos sabían. Entonces, Meneghini
se dirigió a Onassis y le preguntó qué le podría
ofrecer a su mujer que no fuera dinero. El griego le respondió
bajándose los pantalones y cogiéndose el miembro viril:
"¡Esto es lo que le puedo ofrecer!".
Así, envuelta en una dinámica vital llena de exabruptos
y pasiones desbocadas en compañía de un hombre al que por
fin amaba, la Callas poco a poco dejaría de cantar. En 1965, cuando
sólo contaba con 41 años, se despidió del público
en el teatro de los Campos Elíseos de París y al año
siguiente saldría embarazada de Onassis. Pero la felicidad no duraría
mucho porque el magnate la obligaría a abortar, con lo que su única
esperanza futura moría antes de nacer. La desdicha definitiva la
marcaría el casamiento de Onassis con Jackie Kennedy en 1968. Luego
vendrían esporádicos conciertos, clases maestras y el inevitable
derrumbe en el hoyo de la tristeza. En 1977 moriría sola en su
departamento parisino y dos años después sus cenizas serían
esparcidas en el Mar Egeo. De esta manera, los dioses griegos, incitadores
del arte de la tragedia, recogían a otra de sus víctimas.
(Juan Carlos Méndez).
De Alto Voltaje Diseñadora Silvana Llosa convierte la luz en arte.
También Viene... Entidades culturales y estatales precisan proyectos y metas para el 2004.
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