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Edición Nº 1809 |
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Apuntando
al Cholo La
nueva crisis política remeció Palacio de Gobierno. Con pocos
días de diferencia, salieron señales contradictorias de
las altas esferas del Ejecutivo. El Presidente dejó muchas dudas
en un mensaje tardío, mientras que el premier Ferrero dejó
entrever la posibilidad de una rectificación mediante un gabinete
de ancha base. El embajador Olivera arremetió contra sus críticos
en momentos en que los principales partidos políticos se preparan
para la eventualidad de una crisis definitiva del régimen.
EL Presidente de la República difícilmente olvidará el sábado 31 de enero. El día anterior, los resultados de las encuestas fueron de espanto, su primer vicepresidente había renunciado desoyendo su pedido y se difundieron por la radio los fragmentos audibles de la cinta de Almeyda. El sábado empezó con el anuncio de un mensaje de Toledo respondiendo a las imputaciones de corrupción en su entorno. Durante el día llegaron a Palacio diversos líderes políticos como Valentín Paniagua, Antero Flores Aráoz, Alberto Andrade y Natale Amprimo, convocados para consulta. No hubo ningún dirigente aprista, ya que Jorge del Castillo había enrumbado a Cañete, antes de ser localizado por Ferrero. Al final de la tarde, llegó de España el embajador Olivera (con más horas de vuelo que sobrecargo de Iberia) listo para aclarar las acusaciones en su contra y cautelar sus intereses políticos ante la enésima crisis política del régimen. En esta oportunidad, los congresistas que fueron a recibirlo encontraron una manifestación en contra del FIM, de la que no salieron bien librados. Cuando Olivera llegó a Palacio, se celebraba un consejo de ministros para enfrentar la crisis y preparar el mensaje presidencial. La cobertura por televisón y radio incidía en la gravedad del momento, descrita por un medio como "la crisis terminal del gobierno de Toledo". La Plaza de Armas estuvo más resguardada que de costumbre, ya que la noche anterior un grupo de jóvenes militantes de Patria Roja hizo una marcha de protesta por el lugar. Ese sábado, sin embargo, todo transcurría con normalidad en la Plaza y en el centro de la ciudad. Las únicas masas coreando consignas y en ánimo belicoso no recorrían las calles para derribar a Toledo, se dirigían al Estadio Nacional para ver el partido final del campeonato de fútbol 2003, entre Alianza Lima y Sporting Cristal, programado para las 7:30 p.m. El mensaje presidencial fue anunciado para las 9:30 p.m.,
calculando la duración habitual de un partido de fútbol,
pero al prolongarse éste a tiempo suplementario se produjo el desorden.
Al final, el mensaje grabado se proyectó recién dos horas
después, en medio de los festejos aliancistas. A esa hora, Toledo
pudo haber presentado su renuncia y casi nadie se enteraba. Aún
así, el mensaje dejó claro el zanjamiento con Almeyda, recurriendo
a la peruanísima fórmula de imputarle que "actuaba a mis
espaldas, traicionando mi confianza". La arremetida de Olivera revitalizó al alicaído
Perú Posible que, con la excepción de la reincorporada Anel
Townsend, carecía de reflejos. Al mismo tiempo, dejó sentado
que difícilmente podrá haber una salida política
de la crisis hecha, para bien o para mal al margen del FIM, a pesar de
las voces que se inclinan crecientemente por apartarlo del gobierno o,
cuando menos, del Ministerio de Justicia.
Por su parte, el APRA ha endurecido su posición frente al gobierno. Alan García, en París hasta las vísperas del Día de la Fraternidad, no ha intervenido en el asunto. Jorge del Castillo sí lo ha hecho, señalando que su partido no se siente obligado a sostener un régimen que se autodestruye y ha puesto a la Argentina de Kirchner como ejemplo de que no siempre las interrupciones de mandato constitucional terminan mal. Esta posición debe ser leída entrelíneas. El APRA es un partido suficientemente recorrido para saber que un adelanto de elecciones no los favorece automáticamente y que el antiaprismo explotaría al máximo cualquier sombra de ilegitimidad en una hipotética victoria. En el fondo, el objetivo aprista no es remover a Toledo, a quien han venido sosteniendo por buen tiempo, sino golpear a Fernando Olivera y al FIM, altamente vulnerables en este momento a pesar de que algunas de las acusaciones en su contra tienen la solidez del tristemente célebre informe Larc de los noventas.
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