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Edición Nº 1812 |
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Portada
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Carnaval
de Ayacucho AYACUCHO fue por años "La Ciudad de las 33 Iglesias", un título no oficial que inspiró las más variopintas referencias en el refranero popular, en jocosas canciones y en versos cebolleros, hasta que la construcción de otros tres templos obligó a su gente a repensar gran parte del folclor local. Entre otros sobresaltos, el 4 de diciembre último el INC declaró a las fiestas del carnaval ayacuchano Patrimonio Cultural de la Nación, y le dio al rincón de los muertos -ayacucho, en quechua- motivos de sobra para celebrar como nunca. "La noticia nos cayó por sorpresa". El director del INC local, Severino Castillo, afirma que el trámite para reconocer las fiestas comenzó en octubre, y por lo general toma buen tiempo obtener respuesta. "Ahora el reto es mantener la pureza de esta celebración. En otros festivales se pierde la esencia cuando todo se vuelve comercial. Nosotros respetaremos nuestra propia diversidad". Si soy casado / si soy soltero No importa si las canciones no riman, importa darle con palo verbal a la autoridad corrupta, al marido infiel, al hijo vago, al enfermo irresponsable o a la amiga puta, entre globazos de agua, talco al pelo o nieve en spray a seis soles por lata. Una potente chicha de siete semillas (quinua, garbanzo, higo, maíz, kiwicha, arverja y haba) vale medio sol el vaso, suficiente para aguantar el baile a la manera del mejor red bull rural. YAU, YAU POLLERACHA El desfile de comparsas ya era una costumbre anual en Ayacucho cuando, en los años '50, el obispo de la ciudad declaró inmoral toda exposición femenina más allá de los tobillos. En señal de protesta, las panaderas desfilaron en fustán, y muy pronto todas las comparsas de Huamanga siguieron el ejemplo. El año pasado, un fotógrafo local ajustó el lente cuando unas coquetas bailarinas levantaron sus fustanes sin llevar ropa interior. La imagen aún se consigue por 2 soles. Por estos días, se discute el bulevar que el alcalde Gerardo Ludeña construye en el jirón 28 de Julio, altamente transitado, y donde se ubica una iglesia del s. XVIII. Algunos colegios profesionales y otros organismos se oponen a las obras, puesto que además de cerrar una arteria principal, se instalarían tuberías metálicas que podrían dañar el ornato. Las obras siguen su curso. Igual Ayacucho se celebra a sí mismo "dejando de lado preocupaciones y ocupaciones", como proclamara el Ño Carnavalón. Y él conoce bien su rollo. (S. M.)
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