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Edición Nº 1812 |
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Portada
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Serrucho
a lo Bruto
UN día de setiembre pasado, a las 6 de la mañana, dos efectivos de la Comisaría de Atalaya emprendieron viaje rumbo a los densos bosques del distrito Raimondi, a fin de verificar la posible invasión de una comunidad nativa a la concesión forestal Partes y Piezas SAC. Arribando a un campamento de dicha empresa en las orillas del río Ucayali, los policías -junto con un fiscal provincial y un técnico del Instituto Nacional de Recursos Naturales (Inrena) de Atalaya- recorrieron treinta kilómetros en jeep por un camino carrozable, hasta llegar a la espesura del monte. Continuaron una hora más a pie antes de encontrar el lugar indicado. Ahí descubrieron cinco hectáreas de bosque virgen recién tumbadas y quemadas. Según el informe policial, se observó "la presencia de 18 viviendas rústicas de reciente construcción". También se tomó nota de las 80 calaminas, cultivos de yuca y un campo de fulbito, todos aparentemente nuevos. Al indagar a un morador nativo, éste identificó el área como el "Nuevo Chorinashi". Y aunque hoy sólo quedan cenizas, la zona sigue ardiendo. La presencia de esta comunidad nativa de etnia asháninka compromete la más grande extensión de bosque licitada por el Estado hasta la fecha, desde que entró en vigencia, a inicios del 2002, el nuevo sistema de bosques de producción permanente. La Comunidad Nativa Chorinashi reclama casi 113,000 hectáreas,
a lo largo de la margen izquierda del río Cohengua (distrito de
Raimondi), como tierras ancestrales. Pero éstas se encuentran yuxtapuestas
a unas concesiones forestales licitadas por el Inrena en julio del 2002.
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