Edición Nº 1812

 

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ARTICULO

26 de febrero de 2004

Serrucho a lo Bruto
La idea original era preservar el bosque. Hoy tensa disputa con nativos pone en riesgo la primera concesión forestal en Ucayali.

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Las 183 mil ha. del Consorcio Forestal Amazónico y la zona en disputa. Al extremo izquierdo, de donde provienen los chorinashis. der.: En setiembre los nativos hicieron trizas cinco hectáreas.

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UN día de setiembre pasado, a las 6 de la mañana, dos efectivos de la Comisaría de Atalaya emprendieron viaje rumbo a los densos bosques del distrito Raimondi, a fin de verificar la posible invasión de una comunidad nativa a la concesión forestal Partes y Piezas SAC.

Arribando a un campamento de dicha empresa en las orillas del río Ucayali, los policías -junto con un fiscal provincial y un técnico del Instituto Nacional de Recursos Naturales (Inrena) de Atalaya- recorrieron treinta kilómetros en jeep por un camino carrozable, hasta llegar a la espesura del monte. Continuaron una hora más a pie antes de encontrar el lugar indicado.

Ahí descubrieron cinco hectáreas de bosque virgen recién tumbadas y quemadas. Según el informe policial, se observó "la presencia de 18 viviendas rústicas de reciente construcción". También se tomó nota de las 80 calaminas, cultivos de yuca y un campo de fulbito, todos aparentemente nuevos. Al indagar a un morador nativo, éste identificó el área como el "Nuevo Chorinashi".

Y aunque hoy sólo quedan cenizas, la zona sigue ardiendo. La presencia de esta comunidad nativa de etnia asháninka compromete la más grande extensión de bosque licitada por el Estado hasta la fecha, desde que entró en vigencia, a inicios del 2002, el nuevo sistema de bosques de producción permanente.

La Comunidad Nativa Chorinashi reclama casi 113,000 hectáreas, a lo largo de la margen izquierda del río Cohengua (distrito de Raimondi), como tierras ancestrales. Pero éstas se encuentran yuxtapuestas a unas concesiones forestales licitadas por el Inrena en julio del 2002.

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Jefe del Inrena César Álvarez presidió en enero último delegación que viajó a la zona caliente.

LA PRIMERA CONCESION

Fue en el primer concurso público de Ucayali de concesiones forestales que cuatro empresas peruano-españolas- Partes y Piezas SAC, Anaconda SAC, SAFI Perú y Chihuahuaco SAC- ganaron concesiones de 40,000 y pico hectáreas cada una para manejarlas de manera sostenible durante los próximos 40 años.

Poco después, éstas se unieron en el Consorcio Forestal Amazónico, creando un área de 182,414 hectáreas. Rodeado por las comunidades nativas Galilea, Puerto Esperanza y Mencoriari, el Consorcio se encuentra en una zona rica en madera corriente, siendo los tipos principales el cachimbo, el tornillo y la mohena.

Del 2002 al 2003 se invirtió más de un millón de dólares, asegura el gerente general del Consorcio Carlos Salcedo, desarrollando el plan de manejo con la World Wildlife Fund (WWF), elaborando un inventario con el sistema satelital GPS y construyendo un camino carrozable hasta el río Ucayali, para no esperar cada seis meses a que las lluvias habiliten al río Cohengua.

"Por otro lado, impulsamos un Comité de Gestión de Bosques con diferentes autoridades locales, incluyendo a nueve comunidades nativas, a fin de capacitarlas en el nuevo manejo forestal y promover programas de desarrollo social con financiamiento de USAID," explica Salcedo. Pero ahora se encuentran parados por este conflicto.

Lo que sorprende en este caso es que en setiembre del 2002, a pedido del Consorcio, el Proyecto Especial de Titulación de Tierras y Catastro Rural (PETT) del Ministerio de Agricultura determinó que existían dos casos de superposición dentro de la concesión Partes y Piezas, pero que éstos no incluían a los chorinashis.

Sin embargo, poco más de un año después, en octubre de 2003, el mismo PETT visitó la zona reclamada por los chorinashis, y señaló en el informe correspondiente que "en este sector encontramos veinte parcelas que... tienen un promedio de tres a cinco años en campo." Asimismo, observó que de las veintidós casas en las siete hectáreas del centro poblado, "...la mayor parte son de construcción reciente (menos de un año)."

Efectivamente, los chorinashis vienen ocupando actualmente las tierras del lado izquierdo del río Cohengua (distrito de Raimondi), pero la pregunta que subyace es desde cuándo. Aquí se confronta una intrincada red de relaciones familiares y desplazamientos en el bosque.

 
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Carlos Salcedo, gerente general del Consorcio Forestal Amazónico. Al lado, Haroldo Salazar, vicepresidente de Aidesep, defensor de los nativos chorinashis.

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LOS CAGNA

Según las versiones del caso, los Chorinashi residían hasta hace poco en la margen izquierda del río Ucayali (distrito de Tahuania), a 80 kilómetros al oeste de las tierras ahora reclamadas, e incluso fueron reconocidos oficialmente como comunidad nativa en 1991, esperando ser titulados.

Sin embargo, esto nunca sucedió debido a una disputa con la comunidad vecina Diobamba, que recibió su titulación del Ministerio de Agricultura sobre dichos territorios en 1992.

Entre esa fecha y el 2003 no se sabe a ciencia cierta qué sucedió con los chorinashis. Según versiones de la Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana (Aidesep), a partir de 1995 éstos empezaron a retornar paulatinamente al lado izquierdo del río Cohengua.

En efecto, de acuerdo a lo aseverado por Aidesep, las madres asháninkas de los chorinashis vivieron ahí desde tiempos ancestrales hasta que fueron desposadas y trasladadas a la margen izquierda del río Ucayali por César Cagna Figueroa, de ascendencia italiana.

Cenovia Ríos Figueroa, viste cushna, fue una de las cuatro esposas de Cagna y ahora es jefa de los chorinashis. Asegura: "me sacó cuando era todavía señorita". De estas uniones conyugales salió un clan de 50 hijos mestizos, que radicaron durante años en el distrito de Tahuania en el fundo Pacaya del padre, dando origen a lo que actualmente se conoce como la Comunidad nativa Chorinashi.

Según narra el libro de Aidesep Atalaya: una historia en dos tiempos (1986), Cagna también fue acaparador de tierras y sometió a los nativos de la zona a condiciones de esclavitud en sus diversas propiedades.

Sin embargo, de acuerdo a lo señalado por el gerente general del Consorcio, Carlos Salcedo, "el mismo Aidesep revela en su libro sobre los Cagna que no sólo fue el padre abusador de los nativos, sino también los hijos."

Efectivamente, varios de los hijos Cagna son conocidos madereros de la zona. Según fuentes fidedignas, alguno de ellos habría participado en uno de los concursos de concesiones forestales en Atalaya. En otro caso el Inrena incautó caoba de un Cagna proveniente de tala ilegal en un aserradero portátil ubicado en la boca de la quebrada Cohengua.

Por otro lado, un informe del Instituto Nacional de Defensa Civil en Atalaya (Indeci) señala que en julio del 2003, los chorinashis solicitaron su ayuda para ser reubicados a la margen izquierda del río Cohengua, luego de sufrir una inundación en su comunidad ubicada en la margen izquierda del río Ucayali.

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Cenovia Ríos, jefa de los Chorinashi, reclama 113 mil hectáreas dentro de los bosques otorgados en concesión por el Inrena, como sus tierras ancestrales. Der.: Ya llegó la maquinaria. Las concesiones forestales se desarrollarían de manera sostenible.

Coincide que en este mismo mes empezaron los reclamos de tierras ancestrales de los chorinashis en contra del Inrena y del Consorcio. A raíz de las denuncias, se investigó el caso paralelamente en diferentes entidades del Estado, concluyendo en la improcedencia de la solicitud de los chorinashis.

UN BOSQUE CLAVE

Es así que la Procuraduría Pública a cargo de los asuntos judiciales del Ministerio de Agricultura (setiembre del 2003), el Juzgado Mixto de Atalaya (noviembre del 2003) y el mismo Intendente Forestal y el Gerente de la Oficina de Asesoría Jurídica del Inrena (diciembre del 2003 y enero del 2004) encontraron que los Chorinashi no pudieron presentar documentos contundentes para mostrar su derecho sobre las tierras en cuestión, e incluso que varios documentos habían sido falsificados.

Cabe destacar que, en medio de todo el embrollo, la actuación del Inrena ha sido algo confusa. Por un lado, diversos ingenieros del instituto han señalado que se trata de una reciente ocupación. Incluso el mismo gerente general del Inrena, Félix Rivera, subrayó en una carta oficial que los documentos presentados "...carecen de fundamento y resultan contradictorios con la realidad al señalarse que ocuparían dicho territorio de manera ancestral, cuando existen instrumentos públicos que determinan lo contrario."

Por otro lado, César Álvarez Falcón, jefe del Inrena, afirmó que desde que empezó el deslinde, ha mantenido un diálogo abierto para "encontrar una solución pacífica al conflicto". Viajando al lugar en el último mes, propuso la reubicación de los chorinashis, pero fue frenado por Aidesep.

Sin embargo, el Consorcio reclama que se cumpla la ley. En este sentido, hace poco pidió al Juzgado Mixto de Atalaya entablar una medida cautelar contra Álvarez Falcón para impedir cualquier acción funcional referente al caso.

La zona en disputa tiene una posición estratégica en el tránsito de madera proveniente de la tala ilegal, ya que el río Cohengua conecta los ríos provenientes del Alto Purus -zona aún muy rica en caoba y cedro- con la recientemente construida carretera del Consorcio Forestal Amazónico, que a su vez asegura una vía de transporte de madera permanente al poderoso río Ucayali, y de allí, hacia la bullante Pucallpa. (Ana Lucia Escudero)

 

 

 


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