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Edición Nº 1813 |
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8 de marzo.
Día Internacional de la Mujer
Entrevista TERESINA MUÑOZ NAJAR HIJA de un "fierrero" de origen italiano, Aldo Mazzetti y de una periodista que en su tiempo rayó por sus ideas contestatarias, Pilar Soler, la nueva ministra de Salud es, sin duda, el polo opuesto de sus antecesores. Divorciada, ella cree más en las relaciones de pareja que en el matrimonio. Defiende los derechos sexuales y reproductivos de hombres y mujeres y está segura que el éxito de una gestión pública radica en la continuidad de las políticas de Estado. Aún desconcertada por la seguridad que la rodea, porque le cargan fólders y documentos y porque, tal vez, su nuevo cargo no le permita lanzarse a correr diariamente por un parque cercano a su casa, Pilar Mazzetti, que pasó su infancia en el valle de Nepeña, nos espera en su jardín. No tiene ningún problema en hablar sobre su vida y en opinar, con firmeza, sobre diversos aspectos. Su perro, el "señor Pérez", recogido recientemente de un asilo de perros callejeros, se cuela en la entrevista. -Existe una gran aceptación por parte de la ciudadanía a que las mujeres ocupen cargos públicos... -Las mujeres somos de alguna manera y todavía una novedad en estos cargos. Además, tenemos una concepción de las cosas un tanto diferente a la que tienen los hombres, una reacción a las crisis que hace que probablemente nuestros servicios sean mucho más útiles a la sociedad, somos más resistentes al estrés y tratamos de mantenernos en una misma línea. Los hombres tienen otras habilidades. Una gran capacidad de adaptarse a los cambios, por ejemplo. -¿Hay una diferencia científica entre el cerebro del hombre y el de la mujer? -Claro que sí, si no la vida no sería tan divertida. Las mujeres somos hemisferio izquierdo y los hombres hemisferio derecho. Eso significa que tenemos habilidades de lenguaje muy propias de las mujeres y por todas conocidas. Ocurre que las mujeres tienen menos dificultades desde niñas, en desarrollar el lenguaje, en cambio la dislexia, que es un problema del desarrollo del lenguaje, se presenta sobre todo en varoncitos. Eso permite que las mujeres podamos atender a una o dos conversaciones al mismo tiempo, es decir, seamos capaces de leer algo mientras contestamos el teléfono o miramos la telenovela. -¿Qué más? -Los hombres tienen en el hemisferio derecho todos los componentes geométricos espaciales, de ahí que dé envidia ver cómo pueden estacionar un carro de tres metros en un espacio de dos, sin chocar. Las mujeres tenemos un cerebro un tanto más aritmético, por pasos, los hombres tienen una concepción más geométrica, más global de las cosas. Por ese mismo hecho nos complementamos. -¿Cómo es que decide ser neuróloga? -En un principio quería ser bióloga
pero me di cuenta que hacer biología en el Perú era sumamente
difícil, entonces poco a poco fue surgiendo la posibilidad de estudiar
medicina. -¿Cuál es la diferencia? -Ser médico significaba que tenía que saber de todo un poco, un médico tiene que tener una capacidad de respuesta muy amplia. Tenía muy buenas notas pero ¿dónde estaba mi capacidad resolutiva como médico en general? Es así que decidí hacer mi CERUMS en un pueblito de Puno, en Chucuito. Era el año de 1986 y la ciudad de Puno había sido declarada en emergencia por terrorismo y por inundaciones y sequías, en 1986. Esa experiencia fue la mejor de mi vida. Aprendí un poco de aymara porque me interesaba la relación médico-paciente. Podía saludar a las personas en aymara y hasta hacerles un interrogatorio sencillo en esa lengua. Ya la olvidé, por supuesto. -¿Cuándo es que viaja a Francia? -Luego de hacer la residencia en San Marcos me fui a París, al hospital Salpetrieri, la cuna de la neurología. Allí estuve tres años y me subespecialicé en aspectos moleculares de neurogenética. Eso nos ha permitido hacer, en el Instituto Nacional de Ciencias Neurológicas, un laboratorio de ADN, tenemos un banco de ADN y en este momento podemos hacer diagnóstico molecular de las enfermedades de Huntington y de Steinert, por ejemplo. Estamos trabajando en epidemiología genética que es un aspecto fascinante porque tiene que ver con la migración de las poblaciones y con nuestros orígenes. Y en relación con algunos genes estamos analizando ciertos marcadores de riesgo para la enfermedad de Alzheimer y para problemas cerebro-vasculares. o sea hemiplejias. -¿Y cuándo es que se casó? -Antes de viajar a Francia. -¿Con Patricio? -Soy una mujer de relaciones sumamente largas pero no me casé con Patricio, me casé con otro porque la vida no es fácil y las personas evolucionamos o crecemos de maneras diferentes -¿Quién era ese otro? -César Torres, que fue editor del "Caballo Rojo". Nos casamos y nos fuimos a Francia. El matrimonio nunca estuvo en mis planes y lo cierto es que me casé porque así obtuvimos la visa. Nos divorciamos muy pronto porque en Francia yo tuve un trabajo endemoniado, una carga muy fuerte, y bueno, pasó lo que tenía que pasar. -El hecho de ser divorciada, ¿le ha permitido desarrollarse mejor profesionalmente? -La verdad es que sí. Admito a mis colegas que son capaces de ser madres, tener un hogar y a la vez ser profesionales exitosas. Ahora, es verdad que me habría gustado tener niños. -¿Está enamorada ahora? -No en este momento. -¿Qué es lo mejor que le dio París? -Además de la especialización, la posibilidad de conocer una cultura sólida, la oportunidad de leer a Simone de Beauvoir en francés, que es la escritora que más admiro y la que me dio mucha fortaleza y la prerrogativa de estudiar cursos de arte impresionista en los museos.
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