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Edición Nº 1813 |
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Los Olvidados
EL documento de Unicef, `El estado de la niñez en el Perú', es un remezón a la conciencia de los peruanos por el dramatismo de sus estadísticas: "En las zonas rurales el 50 % de madres gestantes o que dan de lactar, sufre de anemia por deficiencia de hierro". "Veinte mil niños mueren cada año antes de cumplir el primer año y ocho mil antes de la primera semana". "Uno de cada dos niños en Cusco, Huancavelica y Apurímac padece desnutrición"... Estas cifras no parecen las de un país que goza de una de las economías más altas de la región, 4,0 de crecimiento para el 2004, y es gobernado por un presidente nacido en Cabana. ¿Qué está pasando? Según el Banco Central de Reserva, el gasto público actual es el menor de los registrados en los últimos veinticinco años. Y el gasto social del 2003, el supuestamente asignado a la nutrición, salud, educación y saneamiento, disminuyó en S/. 540'600,000 con relación al 2002. Eso no es todo. Según el Ministerio de Economía y Finanzas, en el 2003 sólo el 16.3 % del gasto social (cuyo presupuesto fue de S/. 22,775'439,000 del cual, deduciendo lo correspondiente a obligaciones previsionales y gastos administrativos, que dan S/. 12,431'486,000 para el gasto social directo) se destinó a atenuar la pobreza. La mayor parte de dicho monto, el 83,7 %, se gastó en planillas, obligaciones sociales, bienes, servicios y gastos corrientes. ¿Estamos mejor, igual o peor que con Fujimori? En realidad no es fácil hacer una comparación certera porque muchas de las estadísticas de la última década, según los analistas, no reflejan la realidad. Pero la desorganización, la falta de rumbo y la corrupción al menudeo del gobierno de Toledo, hacen que la situación parezca ir de mal en peor. Esta podría ser una de las explicaciones de la popularidad de Fujimori en los sectores D y E. Como se recuerda, a los más pobres y necesitados la ayuda les llegaba, pero tenían que bailar al ritmo del Chino. Hoy, lo peor, es que reina el desconcierto. El tono confesional impuesto por Luis Solari y Fernando Carbone en el sector Salud, que paralizó el programa de planificación familiar y Sida, así como el nepotismo de Doris Sánchez en el Ministerio de la Mujer y los sucesivos malos pasos en el actual Pronaa, han hecho que el Pronaa y el Foncodes de Fujimori se vean como un monumento a la eficiencia.
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