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Edición Nº 1813 |
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Portada
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TENGO una especial admiración por Hernando de Soto, no tanto por sus libros y teorías sino por su magnífica, casi increíble, capacidad para autopublicitarse. Nunca jamás peruano alguno ha alcanzado niveles parecidos de reconocimiento internacional como él, y nadie ha merecido ese homenaje que Clinton le dedicara afirmando que es el más grande economista del mundo. Lamentablemente su experiencia con Alan García, primero y con Alberto Fujimori después, no dan mucha fe de ello. Y además, aunque no soy banquero, esa cifra de los miles de millones -aún mayor que la deuda eterna peruana- que se encontraría a disposición de todos aquellos habitantes de barriadas que gracias a él contaron en un momento con sus títulos de propiedad en regla- me parece absolutamente inverosímil. Lo que pasa es que Hernando, que tiene una inteligencia inmensurable, no ha vivido jamás en el Perú y no sabe que ningún banco peruano presta ni un chico-partido-por-la-mitad a una persona por más que ésta le presente los títulos de su propiedad en el Pueblo Joven Las Lomas del Diablo. Y si llega a tener la insensatez de prestarle el dinero a cambio de una hipoteca por ese endeble título, resultará peor para el prestatario, porque no tardará en perderla. ¿Acaso no es eso lo que les pasa a tantos que viven en barrios residenciales a quienes todos los días los bancos les rematan sus casas? Felizmente Hernando, que seguramente no me lee porque no escribo en The Economist, no se va a resentir por lo que escribo. Él, más bien, se codea con Bill (Clinton), y eso sin duda es mucho mejor. Ahora que empieza a agotarse el tema de los hermanos de Toledo y su supuesta alianza contranatura con el publicista mayor de la mafia, Borobio, de cuya palabra nadie puede fiarse por cierto, ¿quién viene? ¿Qué otro gangster abrirá la boca ahora para acusar a quién? ¿A quién le dedicarán sus próximas primeras páginas los diarios basura? Un grupo de personas, todas pertenecientes a un mismo partido, viene hostilizando la labor de la embajada peruana en España, simplemente porque está encabezada por Fernando Olivera, su enemigo irreconciliable. Se hace llamar, con pretensión incalculable, Plataforma de Peruanos Contra la Corrupción. Han tenido la desvergüenza -publicada con idéntica desvergonzura en Perú. 21- de cuestionar entre otras cosas mi nombramiento, como si quien esto escribe no tuviese méritos suficientes para ejercer el cargo que ocupa en Madrid. La señora Antonia Carlos, que pasa el dato desde la capital de España, es una provocadora profesional que busca un futuro que cree próximo. ¡Allá ella, allá ella! A Cuba se le podrán achacar muchos defectos, especialmente en relación a las libertades que conculcan gravemente, pero hay que reconocer que es un país y un gobierno -el que más en América Latina- que ha sabido reconocer que la Cultura es un bien valioso, al que le dedican sinnúmero de actividades que suelen tener resonancia mundial. Con serios problemas económicos, Cuba ha sabido sin embargo estar siempre a la vanguardia de los festivales de cine, literatura, música y otros, que suelen ser los primeros en ser recortados en nuestros países. En Cuba, parafraseando a Hemingway, la Cultura es una fiesta; limitada por los comisarios pero fiesta al fin. Lo que quiero enfatizar con todo lo anterior es que el Perú bien podría dedicar un esfuerzo muy especial a la Cultura, que tan buenos dividendos le rinde a Cuba. Para realizar, por ejemplo, grandes eventos en el Perú y en el extranjero, para los que podría congregar el apoyo de las principales empresas del Perú, por lo general tan tacañas a ese respecto. ¡Hagamos el esfuerzo!. Nadie se va a arrepentir. Y menos Kuczynski, si afloja la bolsa. La cultura da réditos. Él, que es intérprete de música, lo sabe. En España han rendido un fruto extraordinario las Fundaciones. Claro que se presta a una corruptela (como casi todo en el Perú), pero un buen sistema de control podría impedir que eso suceda. (¿O acaso eso se llama pedir peras al olmo?) La televisión es el vehículo esencial de las telenovelas. Será por eso que acaba de estrenarse un capítulo más de ese larguísima y ya fatigante telenovela a la que podríamos llamar "Los inconfesables", o "Los intrigantes" o "Los contrincantes", en la que los dos personajes principales se disputan la misma niña bonita ya un poco venida a menos, dispuestos a matarse para quedarse con ella. Felizmente el control remoto sirve de mucho.
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