Edición Nº 1814

 

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11 de marzo de 2004

Por JERONIMO PIMENTEL
Mira, mi Hermano
Belmont no es el problema, es la solución.

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HACIENDO un rentreé que lo coloca en un expectante septuagésimo segundo lugar en "Los 100 momentos más descollantes de la TV peruana" (delante del metafóricamente onanístico comercial del chocolate "Monstruo", pero detrás de la propaganda del movimiento Libertad que mostraba a un mico dando rienda suelta a sus necesidades fisiológicas en un burocrático escritorio aprista), Ricardo Belmont perpetró un impecable juego anacrónico, plagado de ironía apenas notada por los televidentes y la prensa, en el cual decidió retraer al peruano 30 años con el fin de llevarlo a mejores épocas, plan urdido bajo el viejo pero no por ello desfasado lema que reza que "todo tiempo pasado fue mejor". Es verdad. Bajo la producción del nunca copión y siempre creativo Guillermo Guille, el bello ramillete de modelos escoltando al "hermanón", tan ajeno a estas épocas posfeministas, los certeros análisis de Ricardo Rondón y Ernesto Jerardo (digamos, los "Starky y Hutsch" del periodismo de espectáculos, vestidos para la ocasión), así como toda la lucidez charapa de la nunca caduca July Pinedo, y la estimulante caminada de la primera actriz nacional, Christina Urueta, la agenda pública fue discutida sin saña ni bilis, con elegancia y frescura agradecidas para tan noctámbulo horario ("loyal oposition", la llaman los ingleses, ha recordado Genaro Delgado-Parker), dejando a la ciudadanía sedada, lista para caer sin más en los brazos de Morfeo y soñar con la suerte que tuvimos todos de nacer en este hermoso país. Este intencional desfase tuvo numerosas marcas visuales, de las cuales habría que reseñar cinco: 1. La medieval presencia de enanos para provocar befa. Como lo hizo notar el programa de Belmont, hace 3 décadas los derechos de los acondroplásicos no estaban desarrollados y no existía verdadera conciencia de su problemática. He ahí la gracia del aparentemente arbitrario guiño. 2. El escenario, inspirado en quien fuera rey y reina de la astrología en Latinoamérica: el portorriqueño Walter Mercado. Las inmensas esferas cumplieron la función de minimizar la presencia de los panelistas y hacer notar su condición efímera. Pero eso sí, habría que anotar que se extrañó el logo del programa dibujado con foquitos. 3. La tecnología obsoleta. Las intervenciones telefónicas de la fiel teleplatea se cortaron más de una vez antes de que pudieran salir al aire, como recordando el otrora servicio estatal. Luego, un sonoro beep, en gesto venidero, censuraba a los participantes, creando una atmósfera sónica de tierna precariedad. 4. Su duración ilimitada. Como en "Gigante Deportivo" y otros elefantes del álbum de la televisión que hacían caso omiso de las pautas para dar pie a una celebratoria e irresponsable libertad, el programa de Belmont se extendió ad infinitum. Improvisar es hacer televisión. 5. La protesta de errebecistas estafados. Trajo a colación la existencia de la fenecida Red Bicolor de Comunicaciones (RBC). Otro punto a la nostalgia. En suma, un limpio ejercicio de memorabilia, a tributar en tiempos de apuro e insensatez. Como diría W. H Auden, "todo lo rápido maldecirá". Fin. (Jerónimo Pimentel)

 


¡Bada Bing!
La última temporada de The Sopranos.

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James Gandolfini es Tony Soprano.

La última temporada de The Sopranos se estrenó el pasado domingo 7 en EE.UU. Los vericuetos en los que cae la familia mafiosa más famosa de la TV, liderados por Tony Soprano (el actor James Gandolfini ha sido reconocido como uno de los 200 iconos de la cultura pop norteamericana), se intercalan con el gran atractivo de la serie: observar la cotidianeidad de lo ajeno, lo extraño, y ver de qué forma ésta se relaciona o no con la del televidente. Es decir, los gángsters también tienen hijos que van al colegio, etc. La atmósfera de violencia y muerte alrededor de la familia, irónicamente, puede ser hasta una metáfora de lo que acaece en los hogares "normales". Los nuevos capítulos llegarán al Perú en mayo.




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Clones. Presidente Toledo y mascota de la Copa América.

 

Copa Servida
Fútbol y oportunismo presidencial.

El fútbol siempre ha sido la opción de los gobiernos de escasa popularidad para levantar su imagen. En este caso, a Toledo le cae de perillas la organización local de la Copa América, y aunque el apoyo del gobierno fue tardío y no faltó un intervencionismo pachacutesco de demagogia desopilante (el presidente quería que se inaugure la Copa en Cusco, donde el estadio no está terminado), el certamen se presenta como un oportuno distensor que aparta de la agenda mediática los ruidos políticos, nepotismos extendidos, corruptelas varias y demás vicios del gobierno peruposibilista. Aunque para esto el gobierno tendrá que seguir dando tumbos hasta julio, cuando la selección peruana, gracias a una suerte inusitada, se medirá con los débiles equipos de Bolivia, Venezuela y Colombia. El aura del certamen se asegura con la presencia de la mascota, un chasqui cuyo parecido con el primer mandatario genera una risa que sólo se silencia con el estigma de "gaffe" del líder de los de la chacana.


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Jon Anderson, ex-vocalista del grupo de rock progresivo, Yes.  
Aquí ES

Jon Anderson

Quien fuera figura junto al tecladista Rick Wakeman, artífice de la banda de rock progresivo más popular de la historia, Yes, vuelve a Lima después de una visita que realizara en 1993. Anderson, la voz de la agrupación setentera, se reencuentra con un público amante de tecnicismos, virtuosismos y de la formación de amalgamas sonoras como si éstas salieran de un laboratorio. Perfecto para fanáticos, pero no por ello su presencia deja de recordar que el Perú es una suerte de cementerio de elefantes para ciertos músicos, donde van los grandes a morir. Y en todo caso, si así fuera, sería más gratificante, puestos a variar, un tour de Black Sabbath, Robert Plant & Jimmy Page o algún icono rockero afín, de esa talla. El último fue Ian Gillan, de Deep Purple, y de esto ya han pasado exactamente diez años.

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Día: Jueves 11 de marzo
Hora: 8 p.m.
Lugar: Centro de Convenciones del Hotel María Angola.


 

Picotazos

-Estoy por la teoría de la irresponsabilidad del individuo.

Adolfo Olaechea, el embajador del terror, ante inconfeso prosélito Alamo Pérez-Luna.

 


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