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18 de marzo de 2004

Por LORENA TUDELA LOVEDAY

Ay, Basta con los de Chile, Hija

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AY hija, estoy segura de que si Diego fuera Canciller, qué quieres que te diga, o sea, ya se habría arreglado este mamarracho con Chile, pero como el Manuel Rodríguez es medio tetafritón, ay no sé, me preocupa. Yo justo estaba en Santiago, hija, cuando Pachi declaró "ol osonto do los lómotos morótomos con Cholo oón ostó pondionto...", ¿te puedes imaginar la reacción acá? Estábamos cenando donde María Eugenia Errázuriz (la Quena, dime si hay apodo más tetudo), hija, y mi querida compañera de escuela de Lausana no tuvo mejor idea en la reunión que desempolvar los títulos nobiliarios de los Errázuriz y enseñárselos a todo el mundo. Pucha, qué vergüenza. De pronto un tipo que ya parecía azul de lo blanco que era, levantó la voz para decir, "los Ruiz Tagle del Bosque también hemos logrado que nos restituyan el marquesado", y todos celebraban como si hubiéramos estado en la corte de los Valois, no sé si me entiendes.

Hija, tú no sabes cuánto me molesta a mí que la gente no se modernice, me da lepra, sobre todo si, como esa noche, pucha, una se ha bajado tres botellas de Villa Cecilia cosecha 1897, que estaba como para repetir y repetir y que el mundo se caiga por el barranco. Pero bueno, sumamente herida por lo retardatarios que se mostraban mis amigos, no me aguanté y me mandé una filípica, de la que al día siguiente no recordaba ni la octava parte, pero te la puedo resumir más o menos de la siguiente manera:


"¿Qué les pasa?, no sean huachafos; o sea, tú, Ruiz Tagle, ¿no eres el principal exportador de uva de mesa a los chinos? Ya, ¿y a qué te sabe que un Chan Chun Chon cualquiera le compre al Marqués de Ruiz Tagle del Bosque la producción de su hacienda, ah, y que si no te la compra tendrías que dedicarte a vender telas de puerta en puerta? Y tú, María Eugenia, por el amor de Dios, si todo el mundo sabe que tu abuelo vino de Bilbao con una mano adelante y la otra también, porque parte de su fama era que tenía, como decimos en el Perú, el zapato grande. ¿A santo de qué vienen ahora con la huevada esta de los títulos nobiliarios?"

Ay, no sabes la que se armó, el aire se podía cortar con tijera, cómo te explico. María Eugenia carraspeaba como si estuviera tísica, y el Tagle ese, que creo que es medio mariposón, pucha, se puso como si le hubiera tocado a la madre y me sacó el tema de que las muchachas en Chile son todas peruanas y que seguramente, en fin, los Tudela habían puesto su cuota.

Mira, chola, tú me conoces y sabes de mi vocación democrática, de mi respeto por los derechos humanos, de mi post modernidad (que hasta Gonzalo Portocarrero ha escrito sobre ella). Pero que no me vengan a manchar el Tudela porque ahí sí que reacciono como una leona herida. Perdí el control, pateé el tablero, me salí de los márgenes y les recordé, con dedo alzado y voz de placera, que Chile había sido una pinche Capitanía en la época del Virreinato mientras que Lima fue... ¡la capital!, y que a mí, precisamente a mí, nadie me va a venir a discutir de linajes, porque una cosa es que yo sea freudiana lacaniana y haya superado todos los atavismos de cuna con los que nací, y otra muy distinta es que un chileno con dejo de payaso del circo Cucharita, me venga a comparar con un ama peruana, qué tal desubicación, chola, con razón pues la economía se les ha caído en un punto anual.

Pero bueno, hija, GCU al fin, o sea, alguien cambió el tema y nos pusimos a hablar de cómo se había adelantado el otoño en Santiago y lo bonitos que se veían los árboles de Lo Barrenechea y cuando nos dimos cuenta, pucha, ya éramos todos íntimos de nuevo y nos estábamos metiendo un raje regio sobre Hugo Chávez, que en esas reuniones funciona perfecto, como el enano de Risas y Salsa, que cuando no tenían libreto, lo sacaban para que lo agarren a cachetadas, ¿no te parece una maravilla? De ahí a despedirnos a las tres de la mañana, recordando la inconveniencia de volver a hurgar en el pasado, fue cosa de segundos. Me encaaaaaanta la modernidad, mato por ella. Chau, chau. (Rafo León).


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