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Edición Nº 1816 |
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Portada
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Alan García
Han
pasado casi 20 años desde que el FMI declaró al Perú
inelegible, respuesta dura e implacable a la unilateral decisión
del entonces joven presidente Alan García no sólo de limitar
el pago de la deuda externa al 10% de nuestras exportaciones, sino de
enrumbar políticamente al resto de América Latina por ese
camino. Veinte años. La semana pasada, esta vez fueron Luiz Inácio
"Lula" da Silva de Brasil y Néstor Kirchner de Argentina, quienes
suscribieron el Acuerdo de Copacabana reclamando una solución política
a la deuda. En la presente entrevista, García saluda la iniciativa
y explica por qué su doloroso fracaso fue también el de
Brasil, Argentina y otros países deudores.
Entrevista MARCO
ZILERI e IVAN HINOJOSA AGP nos recibe en el local miraflorino de la Escuela de Gobierno de la Universidad San Martín de Porres. Es semana de exámenes y obras. AGP ordena silenciar el incesante martilleo. Entonces disparamos las preguntas: -Cuando en 1985 usted anunció que limitaría el pago del servicio de la deuda al 10 % de nuestras exportaciones, el Perú ya había dejado de pagar la deuda. ¿Por qué cree que estalló la bomba? -Creo que lo que más alarmó fue la convocatoria a los países de América para actuar unidos y la decisión explícita de dejar de pagar. En muchas ocasiones se me aconsejó no pagar, pero no hablar. Sin embargo, yo estaba convencido que no se trataba sólo de salvar el momento contable, dejando de pagar un poco, sino que era la ocasión de cambiar en conjunto la situación. Y creo que si América Latina hubiera comprendido su responsabilidad, no hubiera perdido el tren de la historia. La deuda externa sigue siendo un enorme problema para la actualidad y para el futuro de América Latina. -El Acuerdo de Copacabana, suscrito la semana pasada entre Argentina y Brasil, ha puesto nuevamente el tema de la deuda externa en la agenda política latinoamericana. ¿Cuál es su punto de vista? -Cuando dejé el gobierno, América Latina debía US$ 480,000 millones. Hoy debe aproximadamente un billón cien mil millones de dólares y, sin embargo, en los 14 años transcurridos ha pagado en amortizaciones e intereses más de un billón de dólares. Si los gobiernos de Alfonsín y Sarney hubieran firmado este mismo acuerdo en 1985, el pueblo latinoamericano se hubiera ahorrado unos cien o doscientos millones de pobres. A ellos, como los principales deudores de América Latina, les correspondía lo fundamental de la decisión. En la década del noventa América Latina descubrió que tenía un tesoro para vender en las empresas públicas, pero casi la totalidad de eso se usó para pagar la deuda. Hemos vendido 1,500 empresas públicas en América Latina y hemos terminando pagando más de un billón de dólares para terminar debiendo el doble de lo que debíamos en 1985, de manera que creo que hay un saldo dramático. En ese sentido, el Acuerdo de Copacabana me parece alentador, con tardanza pero alentador. Ese es el designio de las cosas históricas: llegar siempre tarde. -En 1989 ustedes volvieron a conversar con el FMI, a través de un equipo negociador dirigido por Abel Salinas e integrado por Javier Abugattás y Luis Arias y lograron que el FMI aceptara hablar de "capacidad real de pago del país". ¿Qué nos puede decir de esa conversación? -Conversar no es pactar. Conversar es imprescindible
y, además, el Fondo es una realidad mundial como la ONU. Mi propuesta
fue más compleja que la manera en la cual se ha caricaturizado.
Yo dije: el mundo avanza por su tecnología y su sistema de mercado
hacia las fusiones y las concentraciones globales de grandes grupos en
Europa, China, India y los Estados Unidos. Los deudores tienen que concentrarse
también para poder dialogar en buenos términos con los acreedores.
Unámonos en América Latina para conversar de igual a igual.
Ese fue el planteamiento básico. Solamente habiendo logrado en
1985-1986 que el interés del refinanciamiento de los créditos
se fijara en el 3 % y no en el 6 % como estaba, en este momento la deuda
externa global de América Latina sería menor que US$ 300
millones. -Y, sin embargo, en la segunda mitad de los noventas la inversión extranjera directa a América Latina llegó a promediar el 4 % del PBI, aunque el desarrollo de nuestras economías fue por lo general decepcionante. -Esa es la dramática paradoja en la que vive Toledo y en la que vivía Fujimori: la idea de que una cantidad de capitales que se registran como ingresados es el desarrollo. Cuando durante los noventas estos países empobrecidos, y a veces mendicantes, ofrecían tasas de interés de 14 % en dólares, aquí y en Buenos Aires, es evidente que un capital que podría ganar 3 % o 2.5 % en Miami o en Suiza tenía que venir a América Latina, engordar, e irse al año siguiente en una suerte de vampirismo financiero que no traía empleo ni desarrollo. Llegaron también, junto con los capitales especulativos y los capitales para la compra de empresas públicas, capitales de inversión, pero a sectores que finalmente no han dado trabajo o desarrollo a las zonas en las cuales se han insertado. Pienso que en eso ha habido un entusiasmo contable, numérico, visual. -¿Cómo cerrar la brecha entre las bajas tasas de ahorro interno y la necesidad de recursos financieros para impulsar el desarrollo nacional? -Los recursos existen en dos sectores: en la economía informal y en la economía mundial. La pasión nacional es la evasión impositiva y los gobiernos bajan los brazos a los tres o cuatro meses de haber proclamado que se ampliará la base tributaria. La informalidad tiene cientos de millones de dólares evadidos. Los recursos están en el mundo y sólo vienen cuando se les da señales de estabilidad, durabilidad y sostenibilidad. El ejemplo chino es extraordinario. Un país en el cual el comunismo llegó al extremo de abolir la moneda y que en los últimos 12 años logra convocar miles de empresas internacionales para construir fábricas. Esa gente no va a comprar la Ciudad Prohibida para ofertarla al turismo; no, esa gente llega y construye fábricas de una o dos hectáreas cada una, le da trabajo a sesenta millones de chinos y paulatinamente comienza a eslabonarse hacia adentro y a recrear un mercado interno nacional. ¿Qué fábrica importante de Nokia o Boeing se ha creado aquí que nos permita dotar a nuestros profesionales y trabajadores de tecnología promotora, que nos permita exportar realmente más? ¿Por qué ese capital se va allá?, ¿porque los chinos son más sabios que nosotros? No. -¿Y por qué no viene acá? -Porque tenemos sistemas endebles. A partir de 1997, con la crisis de El Niño y el estallido del Consenso de Washington en Asia y en América Latina, se mostró al verdadero Perú, que no era el de cuatro grifos iluminados y dos hoteles en la city de San Isidro, sino el país embarrado, cruzando de nuevo los riachuelos llenos de fango. Fujimori es una excrecencia aparencial de este sistema iniciado en 1990.
Al terminar la Segunda Guerra Mundial, Haya de la Torre escribió ¿Y después de la guerra qué? y en otro texto, que llamó La defensa continental, analizando la gran revolución promovida por Roosevelt, propuso dos temas: una gran alianza comercial y aduanera entre las dos Américas democráticas; y, se lo recuerdo al señor Iglesias, la creación del BID, un banco de importaciones y exportaciones interamericano, para aprovechar la ayuda norteamericana en obras de infraestructura. En verdad el gran creador del Banco es Haya. Voy a hacer llegar a la reunión la fotocopia de ese libro para que se vean los antecedentes. América Latina debe encaminar sus pasos políticos y financieros a constituir un espacio económico con los EE.UU. -¿Debe inhibirse el Perú de negociar un TLC bilateral con EE.UU.? -Primero, agotaría todos los esfuerzos por que haya una negociación del ALCA. Me parece nocivo que se haya retrocedido en su planteamiento. El TLC es un ALCA mediocre, pequeño, reducido. Es imprescindible que negociemos poniendo en un capítulo diferente la agricultura, porque allí está casi toda la miseria del Perú y toda la desnutrición y, además, de allí nació Sendero Luminoso. -¿Usted cree que coronar con éxito un ALCA está más cercano de lo que muchos piensan? -No, en absoluto. Pero por esos factores retardatarios se ha reducido el horizonte. En vez de disparar a la Luna hemos disparado a un cerro. -¿Debemos entonces apostar a la globalización? -Es evidente, eso ya está fuera de toda ideología. Yo no soy Fidel Castro, ni quiero condenar a los peruanos a vivir como los cubanos. Tenemos posibilidades inmensas de abrirnos camino hacia lo que está haciendo Chile, que me parece interesante, inteligente; lo que está haciendo China; lo que ha hecho México. ¿Se abandona con ello los conceptos del Estado, de la soberanía, de la defensa social? No, no se abandonan. Creo que no hemos estudiado debidamente el caso chileno, un poco porque ahora andamos hablando mucho de fragatas y armas. -El servicio de la deuda anual durante su gobierno era de US$ 1,200 millones, y este año será de casi US$ 3,000 millones. La diferencia es que las exportaciones entonces eran de US$ 3,000, mientras que en este año serán de US$ 8,000. -Pero en mi gobierno no existía lo que se llama deuda interna. Al subir Toledo, la deuda interna era un 3 % del PBI, y en este momento está en más del 7 %. El gobierno emite bonos silenciosos envenenando la economía nacional porque se están chupando los ahorros de las AFP. En este momento casi el 25 % de los ahorros de las AFP está comprometido en bonos y papeles del Tesoro Público. Este será un grave problema para el próximo gobierno: la deuda interna de bonos está creciendo aceleradamente para pagar el déficit y a los cien mil nuevos empleados, y ha subido el pago de planillas en 21% en dos años. En los dos años y medio, 2001-2003, la deuda externa ha crecido en US$ 2,000 millones y la deuda interna en bonos US$ 2,900 millones. Un total de US$ 5,900 millones adicionales. Si eso se tradujera en que hemos reducido la tasa de desnutrición está bien, pero ha sido exactamente al contrario, aumentó. Si eso se tradujera en que hay más empleo, podría ser, pero es al contrario. Acá hay una paradoja dramática. -La SBS ya le puso un tope. -Ojalá, porque estamos repitiendo el ejemplo del IPSS. Los países no explotan por la deuda externa porque, finalmente, como lo hizo Belaunde, dejan de pagar. Los países explotan por la deuda interna, porque van los bonistas como en la Argentina a exigir que se les pague o quiebran las AFP y quiebran las empresas. -¿Está sugiriendo que se frene la emisión de bonos? -Que se frenen los gastos. Hay que poner al Estado a dieta. Reducir los gastos en vez de ponernos ITF, o lanzar bonos para financiar estos gastos. Es lo que deberíamos hacer. -La propuesta del APRA de emitir bonos soberanos, como contrapartida a los créditos multilaterales, no es aceptada por los economistas consultados. Incluso Enrique Iglesias, el presidente del BID, dijo que nadie, en los muchos países con similares problemas, ha propuesto algo semejante. ¿Piensa hablar al respecto con Iglesias? -No, yo no soy el presidente del Perú. Si alguna vez me tocara hacerlo, lo haría con quien suceda a Iglesias, pero no me corresponde a mí. Yo conversé esto con Javier Silva Ruete, cuando fue ministro de Economía. -¿Qué le dijo Silva Ruete? -Me dijo que la idea es acertada, pero que ya había negociado que no íbamos a pagar la contrapartida sino al final de la obra, lo cual me pareció lógico también. Es lo mismo, pero de otra manera.
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