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Edición Nº 1816 |
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Agua Atómica
El agua escasea en las zona pobladas del Perú. Pero las inmensas cantidades de agua almacenadas en el subsuelo de la selva podrían utilizarse para proveer a la costa árida, donde vive el 70% de los habitantes peruanos. Las aguas subterráneas son la segunda fuente de agua dulce a nivel mundial, después de los glaciares y casquetes polares, muy por encima de ríos y lagos. ESTA semana Sedapal anunció que a partir del 15 de abril habrá un nuevo racionamiento de agua en Lima metropolitana. Este es un `año seco', de pocas lluvias, pero también es el siglo XXI. ¿Qué está pasando? Un racionamiento de agua por mes en los últimos tres meses indica que no hay suficiente agua para los 8 millones de limeños. (El consumo de agua de un peruano es de 15 litros por día. Pero si se agrega el consumo general, parques, colegios, oficinas e industrias, es de 300 litros de agua diarios que consume cada uno de los 24 millones de peruanos). El problema de escasez se agrava cada vez más. Los limeños son testigos de la desaparición de las caídas de agua dulce que hasta hace treinta años descendían desde Chorrillos hacia la Costa Verde. Y es que, si no se administran responsablemente, las fuentes peruanas de agua para consumo humano podrían acabarse. El Consejo Nacional del Medio Ambiente ya dio la voz de alerta. Dice que los glaciares que forman la Cordillera Blanca, de donde proviene el 80% del agua que se consume en el Perú, desaparecerán en los próximos ciento cincuenta años debido al calentamiento global. Sería una desgracia. Porque, como se sabe, las cumbres nevadas no sólo sirven para adornar el paisaje y la letra del famoso vals, sino, sobre todo, para la supervivencia y la economía nacional. El 70% de la energía eléctrica que consume el Perú proviene de hidroeléctricas, que a su vez se nutren de ríos que, en temporadas sin lluvias, son alimentados por los deshielos. ¿Nos vamos a quedar sin agua? "No", dice el ingeniero Benjamín Marticorena, director del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología. "La actual escasez de agua debe convertirse en un reto, en una incitación al desarrollo". Precisamente, en la actualidad un grupo de organismos multisectoriales trabaja en el Plan Hidrogeológico Nacional. "Se trata de un proyecto para el futuro que consiste en ubicar, cuantificar y conocer la dinámica de las reservas de aguas subterráneas", dice el ingeniero Rómulo Mucho, director del Instituto Geológico Minero y Metalúrgico. El proyecto -aquí viene la mala noticia- requiere una inversión de cuatro millones de dólares para concluirse. Como se aprecia en el mapa preliminar, el Perú está sobre "un colchón de agua". Pero la mayor cantidad de reservas se encuentran en la selva, donde vive la minoría de la población. Se pensaba que desde allí era demasiado costoso trasladar el agua hacia la árida costa, donde vive el 70 % de la población. Sin embargo, Modesto Montoya, director del Instituto Peruano de Energía Nuclear, lo consiguió. A principios de los años noventa y con la ayuda de un reactor nuclear detectó que el agua extraída del tunel Graton, en San Mateo, que era utilizado hasta mediados del siglo XX para drenar las aguas de las minas de Casapalca, provenía de la cuenca del río Mantaro, es decir, del otro lado de la Cordillera de los Andes (ver diagrama). Otra esperanza a la actual escasez de agua. Mientras haya investigadores capaces, no debe hacerse tormentas en un vaso de agua.
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