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Edición Nº 1816 |
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El Gran
Circo ALGUNOS suponen que ahora penarán las almas en el vasto local de lo que fuera el afamado SIN, al fondo de la calle Las Palmas (sin número, naturalmente), en Chorrillos. Pero si queda un atisbo de responsabilidad, allí en las entrañas de lo que hasta esta semana ha sido el Consejo Nacional de Inteligencia (CNI) debe estar desarrollándose una actividad frenética y muy vigilada para poner a buen recaudo documentación, claves de encriptación, equipos y memorias de cómputo, y otros materiales altamente comprometedores para la seguridad nacional. Eso si es que el Congreso respalda con una ley la insólita decisión presidencial de desactivar el CNI. Después de todo, un aparato de inteligencia no puede cerrarse como si fuera un gallinero ni dejar que los pollos se dispersen por doquier. La intempestiva decisión del Presidente de la República esta semana de desactivar el CNI ha generado una riesgosa crisis adicional a la planteada por las sillas musicales que han estado jugando sus sucesivos ocho directores (si se suman al general EP (r) Juan Campos, que inició la serie en el 2001, antes del almirante (r) Alfonso Panizo con quien se asentara el gobierno de transición de Valentín Paniagua, y el paso hiperefímero del almirante Ricardo Arboccó el lunes 22). Tanto congresistas del Apra y Unidad Nacional como militares del rango del general EP (r) Germán Parra han criticado esta medida repentina, que decapita el sistema de Inteligencia, complicando aún más su reconstitución adecuada. También ha objetado la decisión Juan Velit Granda, quien fuera el primer director civil del CNI en el 2002. Por cierto que quedan operativas la Dirección de Inteligencia del Ejército (DINTE), la Dirección de Inteligencia Naval (DIN), la Dirección de Inteligencia de la Fuerza Aérea (DIFAP) y la Dirección de Inteligencia de la Policía Nacional (DIRIN), pero este tipo de estructura sin un ente rector central importante siempre ha sido problemático, aquí y en cualquier parte del mundo. El velasquista Augusto Zimmermann contó en uno de sus escritos cómo el golpe de 1968 se gestó en la Inteligencia del Ejército, engañando a un SIN minúsculo e impotente. Por otro lado, en la lucha contra el terrorismo la falta de mayor unidad en los frentes de inteligencia planteó dificultades durante mucho tiempo. También James Bradford, en `Body of Secrets', cuenta
de los peligros que surgieron cuando se relajó el sistema de Inteligencia
en Estados Unidos en los años 30, facilitando el ataque sorpresa
a Pearl Harbor en 1941, e incluso cuando después de la Segunda
Guerra Mundial la rivalidad entre diversas identidades descuidó
el frente asiático, de tal forma que la invasión de Corea
del Norte a la del Sur a través del paralelo 38 en 1950 tomó
al Pentágono de sorpresa. Un cálculo establece que el presupuesto secreto del SIN llegó a ser de US$ 300 millones. En todo caso, la reducción de personal fue drástica, de 5,000 a 450 funcionarios. Entre ellos se encontraban 800 miembros de la guardia de seguridad personal de Montesinos. Un contratiempo notable se registró cuando muchos de los despedidos acudieron al Poder Judicial con recursos de amparo, y éste, dándoles la razón, obligó al CNI a volver a tomar a muchos de ellos. Eventualmente, sin embargo, y luego de "periodos de prueba", se les fue reduciendo nuevamente. Y el presupuesto quedó en una fracción de lo que era. Curiosamente, y no obstante los cambios continuos de director ocasionados por diversas circunstancias y el temperamento errático del presidente Toledo, se fue avanzando hacia la creación de una sistema de Inteligencia en democracia. Se creó una Comisión Ordinaria de Inteligencia del Congreso con fines fiscalizadores (aunque limitados), se estableció una Junta Consultiva de Inteligencia y en abril del 2002 una unidad de Inteligencia Financiera. Sin embargo, una campaña de críticas se desató en los medios, a veces tan severa que indujo a pensar que elementos montesinistas seguían (y siguen) actuando para desarticular todo intento de reorganización en aras de sus años de oro e, indirectamente, del prestigio del `Doc'. Toledo, a su vez, provocó no pocas objeciones al nombrar, por ejemplo, a César Almeyda, abogado personal, y a Daniel Mora, dirigente del Perú Posible, a la dirección del CNI. Si bien ese es un cargo de confianza del Presidente, es necesario evitar los conflictos de intereses. Las críticas, sin embargo, también fueron inmisericordes con el independiente Panizo, particularmente en el programa `La ventana indiscreta', demostrando además el manejo de información confidencial del CNI. El Presidente, a su vez, se apresuró a remover a Panizo para remplazarlo por Mora, quien hipotéticamente habría sido más objetable. En el camino quedaron olvidadas algunas virtudes del proceso,
como la realización de un importante seminario internacional apadrinado
por la universidad de Harvard, y ciertas reformas importantes.
EL DESPELOTE Notable, por cierto, el caso Mora. En la época de Velit dirigía la DINIE Tenía sólidos antecedentes en el ramo y una impecable hoja de servicios contrarios a la mafia. Sin embargo, poco después de su nombramiento, el 18 de setiembre pasado, se habló de su irreconciliable e inexplicado distanciamiento con el general EP (r) Carlos Chamochumbi Mundaca, el subjefe del CNI, quien aparte de ser espada de honor de su promoción, tiene una valiosa trayectoria. Al poco tiempo, el Ministro de Defensa, el general EP (r) Roberto Chiabra, expresó públicamente su decepción con Mora. A ésta se sumó la del ministro del Interior Fernando Rospigliosi y acto seguido el viceministro de RR.EE., Luis Solari, dijo que habría sido mejor que el almirante (r) Roberto Panizo quedara al mando del CNI. Cabe señalar que todos los mencionados representan a estamentos que forman parte del CNI. Y entonces, en momentos que batía así registros de impopularidad, se armó la conspiración en el CNI para desprestigiar a Rospigliosi. Su explicación de que él no estaba al tanto de lo que hacía su jefe de contrainteligencia no la creería ni la gallina más clueca. ¿Ahora quién viene? Toledo había dado a Mora 120 días para reformar el CNI. Ahora, desactivando esa institución, se ha dado 90 días para ¿hacer qué? Los miembros de la comisión consultiva que acompañan a Saúl Peña, Enrique Obando Arbulú, del Ministerio de Defensa; Francisco Guerra Garçía del Centro de Estudios para el Desarrollo y la Participación, y Aelín Pérez Ramírez de Relaciones Exteriores, deben contemplar la tarea con preocupación. En todo caso, seguramente están estudiando lo que han logrado realizar otros países de la región como Argentina, Brasil, Chile y Colombia. En materia de Inteligencia en todas partes se cuecen habas, pero aquí la cancha está que quema.
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