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25 de marzo de 2004

Por LORENA TUDELA LOVEDAY

Pucha, Huracán en el Blockbuster

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HIJA, yo que nunca en mi vida he pisado un Blockbuster y justo a mí me tuvo que pasar. Es que mi sobrina, Maria Belén, la hija menor de mi hermana Ana Luisa, pucha, se deprimió horrores porque su padre, que es gerente de una AFP, o sea, reaccionó horrible frente a un proyecto de ley para que la gente se desafilie, le pegó a la mujer, se coqueó como un cosaco, se fue con tres putas al Melody y claro, la que paga los platos rotos soy yo, la terapeuta de la familia: "Tía China, estoy con la depre, sácame 21 Gramos en el Blockbuster si no me tomo todos los Soloft de mi mami". Puta madre, anda China, deja lo que estás haciendo y búscale la película a la tarada.

Bueno, me fui al de Camacho, hacía un calor que te sudaba hasta la Trompa de Falopio y encima el aire acondicionado de mi camioneta se había malogrado y echaba calefacción. Llego al maldito sitio y encuentro todos los parqueos ocupados por unas tremendas camionetas con circulina y en el espacio central, no sabes, un Meche que es el que yo me merezco y nadie más. Pero hija, tenía tal mal humor encima que, como me ocurre en esos casos, o sea, no distingo mis pensamientos de mis palabras. Cuadré en la mitad de la pista, me bajé de la camioneta, toqué el vidrio polarizado del Meche y creyendo que estaba pensando nomás, dije, "Acá adentro tiene que haber un cholo en el poder, con razón ya no hay gasfiteros".

Hija, no sabes, se abrió un poquito la ventana de atrás y qué crees...¡ me tiraron un chicle mascado que se me pegó en el pelo! Pucha, al lado hay una botica, felizmente, porque me metí hecha el cometa Haley gritando que me acababan de contagiar el SIDA y la boticaria tuvo que dejar de atender a un nonagenario con pre infarto, para dedicarse a sacarme el desgraciado chicle con un algodón empapado en bencina. Pero resulta que quien me había tirado el chicle no paró ahí, yo sentí un portazo como de callejón de un solo caño y una voz de corneja con rinitis que gritaba, "¡Miegdá, pituca de miegdá, tú eges de las que no pagán sus impuestós, pituca de miegdá, yo también tengó degechó a venig a sacag mi peliculá, miegdá!".

Bueno, no necesito decirte quién era porque ya te habrás enterado por mail, ¿no es cierto? Es que no me iba a quedar tranquila y escribí todo esto que había pasado y le pedí a mi secretaria, la Paolah's Mileydih's que se lo pasara a tooooodas las direcciones de mi archivo y para qué le dije, hasta ahora la computadora está que pasa mails porque tengo más direcciones que las Páginas Amarillas, no sabes. Ahora te digo una cosa, independientemente de que la loca de la Carrot haya perdido en ese momento la razón de esa manera, admito que se ha mejorado de físico. ¿Y sabes tú por qué? Bien fácil. Es de las que tienen el síndrome el-mal-me-hace-bien, el mismo que descubrió Bion en sus investigaciones con marginales belgas a los que cuanto más les pegaba la policía, más se rejuvenecían, es todo un misterio de la ciencia, cómo te explico.

Pero bueno, cuando me di cuenta de quién era la interfecta, pucha, también recordé quién era yo. Pucha, la vi entrando a la botica hecha una tolva de gladiolos recién fertilizados, bizca de la pura furia, con los collares de Esther Ventura que se le daban vueltas en el cuello y una cushma de coniba del Ucayali tres tallas más grandes y se me salió el Villa María: "Hooooooola, qué regia que estás, ¿cómo va la Fundación Pacha?" Hija, Pacha te voy a dar, la mujercita no se calmaba ni porque los quince guardaespaldas la agarraban de los brazos y piernas y le conté hasta noventaitrés "miegdás" lanzados al aire otoñal de Lima como si estuviera lavando pañales a pulmón en el río Bruselas, qué tal level, hija, pero qué tal level.

En fin, en situaciones así, cómo te explico, no hay nada como un bamboleo de coronas y pasar la página. La cuestión es que me quedé un poco nerviosona y en lugar de 21 Gramos, pucha, le llevé a María Belén Garganta Profunda y bueno, no necesito decirte la que se armó al día siguiente cuando la mocosa contó el argumento en el colegio del Opus al que la metieron. Muy complicada es la vida, chola, y peor hoy, que estoy de presentación de libro. Deséame good luck. Chau, chau. (Rafo León)


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