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Edición Nº 1816 |
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Portada
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Afrodisiacos
La muestra tiene dos partes altamente diferenciables. En la primera, se aprecian altas estructuras de barrotes metálicos que sirven para ir acumulando botellas y fragmentos que los artistas se han encargado de rellenar con enigmático criterio. Los barrotes pudieran constituir una perfecta metáfora de la cárcel creativa a que han sido sometidos los artistas, fallando en el intento. La sala mayor en cambio es sobresaliente. Mi interés se inicia con la propuesta de Iván Esquivel. Su Absolut Nothing podrá tener cancha y concha, quizás llegue a irritar... pero ¿acaso no es lo que se había propuesto? Y yo que soy devoto de Duchamp respeto las agallas de este niño-terrible del arte local. La participación de Martinat es altamente elaborada y resulta espectacular en el centro de la sala. El alterna botellas, trasmisores, cámaras y monitores en un juego tecnológico próximo a las experiencias de Gary Hill. Es uno de los jóvenes que realmente importan en el medio. La tercera participante que concentra atención es Sylvia Fernández, chica-maravilla que en poquísimo tiempo ha pasado a ser parte de la movida posfeminista en Lima. Hay cierto freno en sus cuadros que pudiera deberse a parámetros empresariales; sin embargo, al contener la juerga -retirando dos cuadros que aquí publicamos- Fernández libera al morbo en esos laberintos en los cuales una de las posibles salidas nos lleva al sexo con vodka o viceversa. Umberto Eco lo definiría como obra abierta. Hay que destacar el notorio progreso formal de esta mujer a quien deseamos que la notable acogida obtenida nunca la lleve a ser fashionable y se llegue a entorpecer el brillante futuro que es posible avizorarle. Las propuestas de Eduardo Tokeshi y Aldo Shiroma esquivan a las restantes para trabajar lo lúdico con buena dosis de ternura. Tokeshi figura en la plana mayor de nuestros artistas, pero mantiene dos características que lo hacen permanentemente joven: el humor y el candor. El tiempo pasa y en su caso ha sido para mejor. Por su parte Maya García Miró participa con una obra que no es la más afortunada de la muestra. El aburrimiento en cuestiones artísticas es un recurso letal. Lamento no haber visto la obra de Huarcaya debido a problemas con el proyector. En cuanto a la intervención exterior se recomienda verla en las noches, con adecuada iluminación. La colectiva amerita visitarse. Que no todos los artistas hayan sido capaces de reaccionar al mismo nivel hace que la muestra sea aún de mayor interés. En cuanto a mi atracción por la innovación y el humor, admito que es totalmente subjetiva, pero no puedo evitar que, como un buen vodka con Red Bull, me pudieran resultar afrodisíacos. Agradecimiento. Un ofendido lector escribe a Somos -qué raro que no se dirigiera a CARETAS- por mi comentario sobre Paola Denegri, cuya obra nunca he criticado. La revista aprovecha la respuesta para insultarme. Pueden decir lo que les venga en gana porque no les volveré a contestar. Si ese es el costo a pagar por revelar las presiones sociales sobre un medio de comunicación, lo asumo con gusto. Lo importante es que a la semana siguiente de haber salido mi nota en esta revista, decidieron elevar la información artística sobre el nivel de Circo Beat, regresando la muy inteligente Doris Bayly a escribir de nuevo sobre arte. Gracias por hacerme caso, compadres.
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