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Edición Nº 1817 |
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Portada
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Aprendiendo
a Concertar
EN realidad, el APRA y el PPC pueden estar escribiendo el prólogo para una experiencia de concertación a la chilena en el país. Desde hace varios años las ideologías parecen contar poco en el mundo, pero aún así para las organizaciones políticas que cuentan con algún fundamento ideológico sólido, es más fácil establecer diálogos recíprocos para tratar afinidades y discrepancias. Mucho más difícil resulta entenderse con movimientos aglutinados tras un caudillo providencial o creados como grupos de interés sin perspectiva nacional. En el caso del APRA y el PPC, como se sabe, es explícita la vinculación con dos troncos ideológicos mundiales como la socialdemocracia y el socialcristianismo, precisamente las filiaciones internacionales de los partidos que conforman la concertación chilena, guardando las distancias. No es aventurado decirlo, porque las coincidencias aparecen aún en enemigos irreconciliables, si no recuérdese que la modélica concertación chilena está fundada sobre la unión de socialistas y democratacristianos que estuvieron terriblemente enfrentados durante el gobierno de Salvador Allende. El PAP y el PPC, como se recordara recientemente en el
homenaje congresal a Luis Bedoya Reyes, fueron el sostén de la
Asamblea Constituyente que elaboró la Constitución de 1979,
sin que se produjese un desencuentro entre Haya de la Torre y Bedoya como
el producido entre el primero y Fernando Belaunde. Quizá el momento
de mayor distancia entre ambos partidos se produjo durante el gobierno
aprista (1985-1990), especialmente a partir del intento de estatización
de la banca, como recuerdan altos dirigentes del PPC. Huelga recordar
que por esos años ambos partidos atravesaban por sendas etapas
de radicalización ideológica hacia la izquierda y la derecha,
respectivamente. En la actualidad, a pesar de sus imágenes mediáticas,
ambas organizaciones se han movido bastante más hacia el centro. Por el lado del PAP, el llamado al Frente social es un guiño unitario a las fuerzas ubicadas más a la izquierda en el país, para discutir una agenda de temas sociales desatendidos en el debate nacional, pero muy presentes en el electorado de todo signo. Hasta el momento, salvo los contactos con el MNI y con figuras individuales, no ha habido mucha respuesta de los núcleos izquierdistas conocidos a la propuesta del Frente social. Probablemente no la haya debido a su proverbial antialanismo, pero ello no excluye que pueda ser recogida en el camino por otros actores. Alan García y Lourdes Flores comparten una fuerte aprensión ante la posibilidad de un derrumbe súbito del tambaleante régimen de Toledo que termine arrastrando a sus partidos como parte de la escena oficial. Similar es su preocupación frente a la posibilidad de que los peruanos voten nuevamente por algún candidato al paso. El APRA no tiene la imagen de seriedad en el campo económico que tiene el PPC, mientras que éste es visto como carente del énfasis social que tiene el PAP. La sola constatación de las carencias y fortalezas podría servir de marco para un matrimonio por interés, pero no hay que ir tan lejos. Bastaría con comprometerse en puntos comunes de una agenda de gobierno a ser realizada por aquel de los dos que resulte victorioso, con el apoyo del otro. Tanto desprendimiento puede resultar sospechoso en la sociedad de la desconfianza, pero hay que recordar que los políticos de verdad también se regocijan cuando ven plasmadas en la práctica sus propuestas.
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