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ARTICULO

1 de abril de 2004

Aprendiendo a Concertar
LA participación de Lourdes Flores en la inauguración del año académico del Instituto de Gobierno presidido por Alan García, seguida de su pedido de unir fuerzas a fin de presentar una candidatura unitaria de oposición para la directiva del Congreso, despertó muchos comentarios incidiendo, sobre todo, en la cercanía entre los líderes del PAP y del PPC. Sin embargo, la proximidad entre ambas organizaciones puede tener bastantes más consecuencias que una foto intercambiando sonrisas.

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Lourdes Flores y Alan García tienen motivos más que protocolares para un brindis. Al lado: si triunfa la oposición, la de Pease puede ser la última Mesa directiva oficialista del Congreso.

 

EN realidad, el APRA y el PPC pueden estar escribiendo el prólogo para una experiencia de concertación a la chilena en el país. Desde hace varios años las ideologías parecen contar poco en el mundo, pero aún así para las organizaciones políticas que cuentan con algún fundamento ideológico sólido, es más fácil establecer diálogos recíprocos para tratar afinidades y discrepancias. Mucho más difícil resulta entenderse con movimientos aglutinados tras un caudillo providencial o creados como grupos de interés sin perspectiva nacional. En el caso del APRA y el PPC, como se sabe, es explícita la vinculación con dos troncos ideológicos mundiales como la socialdemocracia y el socialcristianismo, precisamente las filiaciones internacionales de los partidos que conforman la concertación chilena, guardando las distancias.

No es aventurado decirlo, porque las coincidencias aparecen aún en enemigos irreconciliables, si no recuérdese que la modélica concertación chilena está fundada sobre la unión de socialistas y democratacristianos que estuvieron terriblemente enfrentados durante el gobierno de Salvador Allende.

El PAP y el PPC, como se recordara recientemente en el homenaje congresal a Luis Bedoya Reyes, fueron el sostén de la Asamblea Constituyente que elaboró la Constitución de 1979, sin que se produjese un desencuentro entre Haya de la Torre y Bedoya como el producido entre el primero y Fernando Belaunde. Quizá el momento de mayor distancia entre ambos partidos se produjo durante el gobierno aprista (1985-1990), especialmente a partir del intento de estatización de la banca, como recuerdan altos dirigentes del PPC. Huelga recordar que por esos años ambos partidos atravesaban por sendas etapas de radicalización ideológica hacia la izquierda y la derecha, respectivamente. En la actualidad, a pesar de sus imágenes mediáticas, ambas organizaciones se han movido bastante más hacia el centro.

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Haya y Bedoya concertaron para la elaboración de la Constitución de 1979. Der.: Lunes 29: Lourdes Flores diserta en la inauguración del año académico en el Instituto de Gobierno presidido por Alan García.

Sería aventurado especular sobre una candidatura unitaria APRA-PPC, como han sugerido algunos medios. En el país existe nula experiencia en procesos de concertación, al punto que todo político peruano que se respete tiene que recalcar que "conversar no es pactar", según la archiconocida fórmula de Ramiro Prialé, cuando conversa con un adversario. En esa misma línea, todo pedido de sumar fuerzas entre agrupaciones diferentes termina siendo visto como un síntoma de debilidad. Fuentes de primer nivel de ambas organizaciones han señalado a CARETAS su disposición para explorar formas de acción conjunta ante el continuo deterioro del sistema político en su conjunto, como podría ser la reiteración de una candidatura opositora al Congreso. Ambas tiendas políticas excluyen, sin embargo, la posibilidad de una candidatura conjunta para el 2006, porque traería más problemas que soluciones.

Si se mira con atención el discurrir de ambas agrupaciones, se notará que a su manera han ido configurando o proponiendo frentes que exceden sus marcos institucionales. El PPC es el alma de Unidad Nacional, pero tiene la urgencia de depurar las fuerzas centrífugas que podrían llevar a una ruptura del Frente meses antes de las elecciones, al aparecer alguna otra candidatura que se lance con una propuesta propia dejando offside a los promotores principales. No puede explicarse de otra manera la forma en que se están procesando las diferencias con Solidaridad Nacional del alcalde Castañeda Lossio. Muy distinta es la relación con la Coordinadora de independientes de Drago Kisic.

Por el lado del PAP, el llamado al Frente social es un guiño unitario a las fuerzas ubicadas más a la izquierda en el país, para discutir una agenda de temas sociales desatendidos en el debate nacional, pero muy presentes en el electorado de todo signo. Hasta el momento, salvo los contactos con el MNI y con figuras individuales, no ha habido mucha respuesta de los núcleos izquierdistas conocidos a la propuesta del Frente social. Probablemente no la haya debido a su proverbial antialanismo, pero ello no excluye que pueda ser recogida en el camino por otros actores.

Alan García y Lourdes Flores comparten una fuerte aprensión ante la posibilidad de un derrumbe súbito del tambaleante régimen de Toledo que termine arrastrando a sus partidos como parte de la escena oficial. Similar es su preocupación frente a la posibilidad de que los peruanos voten nuevamente por algún candidato al paso. El APRA no tiene la imagen de seriedad en el campo económico que tiene el PPC, mientras que éste es visto como carente del énfasis social que tiene el PAP. La sola constatación de las carencias y fortalezas podría servir de marco para un matrimonio por interés, pero no hay que ir tan lejos. Bastaría con comprometerse en puntos comunes de una agenda de gobierno a ser realizada por aquel de los dos que resulte victorioso, con el apoyo del otro. Tanto desprendimiento puede resultar sospechoso en la sociedad de la desconfianza, pero hay que recordar que los políticos de verdad también se regocijan cuando ven plasmadas en la práctica sus propuestas.

 


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