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Edición Nº 1817 |
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Portada
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El Humala
Que Yo Conocí Escribe ENRIQUE CHAVEZ "Me llama un jueves en la noche y me dice: `Muñeca, ¿qué haces?' Me estoy yendo a La Gloria a tomarme un pisco sour, le dije. Me muero de ganas de tomarme un pisco sour. `¿Dónde queda La Gloria?', me pregunta. Es un restaurante en Miraflores. Tiene el pisco sour más rico de Lima y me estoy yendo. Ahorita viene mi taxi a recogerme. `Ya, me dice, yo te acompaño.' El pata no me había pagado y si le decía que no se iba a resentir". Tal como ocurrieron las cosas, el líder etnocacerista Antauro Humala nunca le pagó. Llegaría de improviso al restaurante durante varios jueves más y se plantaría frente a Nora Bruce, su ex relacionista pública. "¿`Me puedo sentar?', preguntaba. Y yo le contestaba que el sitio es público y que podía sentarse si quería. Conversaba, conversaba y se iba". Los personajes son tan opuestos e improbables que la historia de ambos podría convencer al cinéfilo más exigente. Ella es vecina de San Isidro, socia del club Regatas y prima del ministro de Vivienda y Construcción, Carlos Bruce. Él amenazó con fusilar a varios de sus amigos de infancia. Bruce tiene el talante de las personas a las que nadie
les quitará lo bailado. No se expresa con amargura, pero los adjetivos
afloran uno tras otro con naturalidad. "Es un farsante. Mitómano
a más no poder. Miente por cositas estúpidas. Ególatra,
soberbio, irresponsable". La imagen se comenzó a resquebrajar muy tempranamente. "Un día él estaba en Tacna y me llamó por teléfono. `¿Has escuchado las noticias?' Una encuesta de la UNI le daba el 7% `Eso quiere decir que por lo menos ya tengo un sitio en el Congreso. Qué pena que mis pobres reservistas no van a conseguir nada'. Ahí fue donde yo abrí los ojos. Lo único que le interesa es tener asiento en el Parlamento porque su situación es atroz. Tiene dos chicos en el Franco Peruano y una hija no reconocida con una tal Lucero en Tumbes que para reclamándole pensión de alimentos. Es lo único que le interesa". Esas eran las atingencias de fondo, pero la forma tampoco iba muy bien. Bruce señala que Humala le obligó a usar una peluca durante las presentaciones públicas. La razón argumentada tenía que ver con cierto monstruo de ojos verdes. "Como la esposa ya sabía que trabajaba con una rubia me la compró. Luego la cambié por otra". El episodio de la peluca sirve como ejemplo de los conflictos librados en la mente de Antauro: "Su nacionalismo es pura fufulla. Para comenzar, no le gusta la mujer peruana. Las prefiere rubias, altas y delgadas. Una vez, en una conferencia, le pusieron como asistentes a dos chicas. Lo miraban embelesadas, pero él me dijo que detesta a las mujeres gordas. Se cree regio. Es más, sus hermanas están casadas con europeos y viven fuera". MARIHUANA CONTRA EL TRAFICO Hacia mediados de octubre del año pasado, Bruce decidió dejar el trabajo. Si bien ella deja en claro que entre ambos nunca existió ligazón romántica alguna, la conducta de Humala era preocupante. "Comenzó a llamarme, a mortificarme, martirizarme. Tenía identificado su número y ya no contestaba. Luego venía a las 11 de la noche, a la 1 de la mañana, a las 5. Me decía, `Muñeca, comprende mi situación'". Los hábitos de Humala se tornaban excesivos. "Últimamente, encima, se ha vuelto recontra marihuanero. Se fuma medio `troncho' y se va hasta el cielo. Las últimas veces que vino por acá, lo prendía. Yo nerviosísima porque el Serenazgo pasa constantemente y le había pedido a (el alcalde de San Isidro) Jorge (Salmón) que vigilaran mi casa porque me preocupaba mi seguridad". Bruce no puede afirmar con certeza si Humala se recrea con sustancias más duras, pero "me hace sospechar porque la marihuana te relaja y él, por el contrario, venía muy alterado durante las madrugadas. Una vez comenzó a tocar el timbre como loco". Bruce asegura que también fue testigo de
proezas etílicas. "Una vez se tomó 7 pisco sours dobles.
En otra ocasión al celebrar el cumpleaños de una amiga mía
en Barranco, estaba muy borracho y luego de dejarme me llamó porque
lo había parado un policía. Le habían pedido documentos
y él maneja sin brevete ni tarjeta de propiedad. Tiene solamente
su carnet del Ejército. Se lo alcanzó y de adentro se le
cayó un troncho. El policía le dijo, mayor Humala, usted
está manejando en estado etílico, no tiene documentos y
para colmo esto. Le dio 20 soles y asunto arreglado".
Para Bruce, muchas de las taras actuales de Humala son consecuencia de la educación recibida en casa. "Por lo que sé, el padre era muy estricto. Los obligaba a leer un libro diario y les hacía preguntas a la hora del almuerzo. Antauro era el más desubicado y rebelde, Ollanta el más serio". De hecho, la relación entre el mayor retirado y su hermano tiene sus puntos sensibles. "Me dijo que jamás me lo iba a presentar porque si salía alguna vez con él, nos mataba a los dos. Antauro afirma que él, y no Ollanta, fue el que planeó la rebelión. Dice que ese día Ollanta estaba buscando su cepillo de dientes y su desodorante. Preocupado por su colonia. Eso indica que tu hermano es limpio, le dije". Antauro remató la discusión al recordarle
orgulloso que fue él quien puso el revólver en la sien de
uno de los militares que se resistieron al levantamiento en Locumba, Tacna.
"Siempre me preguntaba por armas, si conocía de alguien que
las pudiera conseguir... Todo el tiempo repite lo de los fusilamientos
y dice que no le importa morir. Quiere fusilar a José Ugaz por
corrupto. A Emilio Rodríguez Larraín por chileno" . CONTACTO EN EL PENTAGONITO Nora Bruce piensa que Humala es un individuo peligroso y advierte sobre sus contactos con mandos medios del Ejército. "Yo lo acompañé al Pentagonito a recoger a un coronel. De allí salió la foto del general vestido de travesti publicada en su periódico". Con respecto a otras posibles vinculaciones de Humala, Bruce puntualiza que le reconoció un financiamiento inicial por parte del presidente venezolano Hugo Chávez. "Otro día que estábamos comiendo en el Manolo le pregunté si conocía narcotraficantes y vació mi cartera para comprobar que no escondía una grabadora". Bruce insiste en la importancia de desenmascararlo. Le preocupa sobre todo la explotación que Humala hace de los reservistas. "Una noche se me aparecieron, todos con sus uniformes de soldados. Eran las ocho de la noche y los 15 ahí parados. Uno se me acerca muy protocolar con una caja de chocolates y me dice que venían de parte del mayor Antauro. Los chocolates estaban pasados. La caja decía Obsesión. Chocolates malogrados con una caja que decía una cursilería".
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