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1 de abril de 2004

Las Sonantes Trompetas de Abril

SI alguno creyó que el presidente Alejandro Toledo mostraría en la última semana los signos de una agobiante marea política, se equivocó. Marzo no es mes de temblores limeños, pero hubo marejada y hubo tremantes asuntos que llevaron a insistir en el acortamiento del mandato presidencial y en el relevo del gobierno por una vía no muy clara pero queriendo acogerse a una relativa y salvadora constitucionalidad.

No se puede decir que el presidente Toledo haya estado rebosante a finales de marzo, pero su cumpleaños, la Asamblea del BID, las alentadoras nuevas de la economía mundial, el rebote de ella en nuestras exportaciones y los precios de los minerales, y el repliegue de su díscola bancada peruposibilista han dado margen para que el mandatario sonría y hasta se anime a decir, enfático y esperanzado, "gobernaré hasta el 2006".

En la intimidad su frase predilecta, que arranca sonrisas, es: "Me golpean tanto y tan duro, que ya me está gustando".

Marzo ha sido un mes de grandes palabras, alarmantes gestos y preocupaciones políticas del mayor calibre. El finteo contra Toledo sirve ya de poco, primero, porque no puede descender más en las encuestas, segundo porque la marea de la decepción y el escepticismo corroe, con pertinacia mórbida, a toda la clase política por igual. Está claro que hacer cera y pabilo de Toledo ya no da réditos ni sirve como una maniobra para ir enfilando a los aprestos electorales del 2006. Y aun cuando se mantenga una recia oposición a Toledo, en términos del ciudadano común, nadie está tan sordo como para no percibir algunos sones de dinerillo, inversiones y mejoras salariales en el segundo semestre de este año y el próximo.

Al cerrar el BID su asamblea, recomenzando las peripecias de la menuda y trivial política local, quedan claras algunas ideas básicas. Ya no tiene caso insistir en el adelanto de las elecciones (con previa defenestración toledana). No sólo no es posible, tampoco la población quiere algo semejante a la luz de venideras oportunidades económicas bonancibles en el corto plazo.

Enrique Iglesias ha repetido a los líderes de la oposición lo mismo que a algunos politólogos y periodistas: no dejar pasar este tiempo de mejores ingresos, busquen consensos, prepárense para batallas más importantes, sea en la agrupación multilateral de América Latina, sea en el curso bilateral con Estados Unidos, donde hay que ser previsor, precavido y alerta. Bueno, el resultado de este giro, en el que también ha jugado un gran papel la opinión ciudadana (consumidora de información pero que sabe tomar distancia de excesos o de nostalgias golpistas), es que los partidos y líderes políticos han decidido conversar entre ellos y, razonablemente, pensar en articulaciones preelectorales. Desde hace algunos meses Alan García lanzó la idea de un frente social y confesó que el Apra sola no podría de pronto arribar al gobierno en el 2006 y que si obtuviera el premio a su constancia, no podría gobernar sola. Si esa es la perspectiva del Apra, obviamente que todas las otras agrupaciones saben que hay que desembocar en lograr acuerdos concretos para asegurar un mínimo de gobernabilidad, del que ha carecido fatídicamente Alejandro Toledo.

La lideresa de Unidad Nacional avanza en varias ideas: refundar Unidad Nacional (de hecho no cuenta ya con Luis Castañeda Lossio), buscar alianzas regionales con gente nueva, joven, emprendedora, capturar el Congreso, en alianza con las otras fuerzas opositoras, definir un programa realista y, finalmente, ver la forma en que la Constitución por venir esté más temprano que tarde y pueda mediante algunos arreglos mejorar la calidad y la probabilidad de acierto del futuro gobierno. Algunas de estas ideas también las tiene el ex presidente García, a veces con fraseo distinto. Hay quien le pide a Toledo que se mire al espejo; la verdad, lo que está pasando es que todos los otros líderes políticos ante la inminencia de un 2006 anárquico, nebuloso o caótico, han empezado a mirarse en el espejo de Toledo.

El país tiene que curarse en salud respecto a su posibilidad democrática. Tanto el Apra como Unidad Nacional son las principales fuerzas, pero están requiriendo urgentemente sintonizar con un país que quiere confiar, quiere otras alternativas, que se resiste al tradicionalismo político (Unidad Nacional y el Apra, quién lo diría, pueden ser considerados así por la insurgente masa votante juvenil). Para evitar el aventurerismo hay que ponerse las pilas en búsqueda de acuerdos pero también para ser modernos, distintos, veraces y creíbles. Algunos dirán que esta marea calma probable salva a Alejandro Toledo ("Le daban duro con un palo y también con una piedra", César Vallejo), en realidad podría servir para poner una alta dosis de realismo y empezar a velar las armas de una campaña electoral que requiere nuevas leyes y nuevos comportamientos.

 


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