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Edición Nº 1819 |
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Chupones
Supremos A principio de mes, el cardenal Juan Luis Cipriani, acosado por el absurdo caso que investiga las circunstancias del fallecimiento de monseñor Vargas Alzamora, lanzó una acusación muy específica: Desde hace algún tiempo, aseguró, las tres líneas telefónicas fijas del Arzobispado de Lima están interceptadas. Inocentemente no aludió al celular que seguramente posee. El Cardenal tampoco explicó cómo se percató de esta situación ni identificó al servicio, agencia o entidad que estaría realizando esta tarea, pero sí especuló en público sobre la responsabilidad de Palacio de Gobierno. Ahora bien, eso de que el poder político intervenga las comunicaciones de la jerarquía eclesiástica tendría un cierto caché renacentista si no fuera ilegal. Colocar micros secretos en los confesionarios -lo que se ha hecho en ciertos países- sería peor, pero de todas maneras la protesta de Cipriani merece una investigación severa. Por otro lado, no faltó quien se preguntara si el Cardenal no estaba padeciendo de la paranoia que agobia a tantos periodistas. Muchos nos creemos `chuponeados' -en realidad, presumir que nuestros teléfonos no están interceptados equivale a perder autoestima. Y eso que se asegura que no le quedan equipos a la descabezada Central Nacional de Inteligencia (CNI), y que el resto de los sospechosos, públicos y privados, exclaman "a mí que me registren". Además, siempre se ha dicho que intervenir teléfonos
es en realidad una actividad muy limitada.
Al final de la Segunda Guerra Mundial, Allan Dulles, el afamado primer director de la CIA, vio a la NSA como una hijastra indeseada cuando el presidente Truman la creó poco después de la Segunda Guerra Mundial. Truman reconoció así las proezas realizadas por un cuerpo dedicado al espionaje de las comunicaciones que decifró códigos aparentemente impenetrables, como el `Purple Code' japonés y desentrañó los misterios de máquinas de encriptación como la Enigma alemana y la Fish (el pescado) soviética. Al desatarse la Guerra Fría, filtrarse los secretos atómicos norteamericanos y estallar la guerra de Corea, la NSA fue requerida cada vez más y creció exponencialmente. Tan es así que ya en los años 70 Stansfield Turner, otro director de la CIA, se percató que la agencia rival tenía más presupuesto y estaba protegida por una muralla más secreta que la propia organización. El Sputnik 1 soviético había estrenado la era espacial en 1957 y quince años después el desarrollo de los satélites de inteligencia se encontraba en pleno auge. La CIA proponía planes para sembrar los cielos con ojos satelitales y la NSA con oídos que captaran señales radiales y microondas, conversaciones telefónicas, la telemetría de los misiles, etc. El director de la NSA era entonces el almirante Bobby Inman, quien se llevaba muy bien con el Congreso y logró un apoyo mayúsculo manteniendo un perfil muy bajo. La NSA tiene, entre otras curiosidades, una Dirección de Anonimato. A finales de los 60's la NSA lanzó primero un artefacto de espionaje espacial del tamaño de una pelota de fútbol, escondido secretamente dentro de un satélite de comunicaciones. Después, en 1970, puso en órbita geosincrónica, a 22,308 millas de altura para quedar permanente sobre Indonesia, cubriendo una amplia área de la Unión Soviética y China, el Rhyolite, un satélite del tamaño de una combi, capaz de captar todo tipo de comunicaciones inalámbricas. A través del Rhyolite, la NSA escuchó mas de una vez conversaciones de Leonid Brezhnev, el primer ministro soviético. En esa época, sin embargo, "las computadoras todavía tenían el tamaño de un tanque y la memoria de un reloj digital moderno", comentó un directivo de la NSA. Pero la tecnología de los satélites reemplazó ideas faraónicas previas - como la de construir una inmensa antena de 66 pisos de altura para rebotar señales contra la Luna o anclar docenas de globos alrededor del mundo a 14 millas de altura, en el borde de la atmósfera donde se registra una capa que es buena conductora del sonido. ECHELON, LA OREJA DEL CIELO Hacia los años 80, sin embargo, el sistema de enlace de satélites de comunicaciones (y de espionaje) era de tal naturaleza, que Estados Unidos y el Reino Unido crearon UKUSA para administrar Echelon, una plataforma que enlaza 54 sistemas de cómputo alrededor del mundo, unificándolos en una sede central en Fort Mead. Como simultáneamente se habían lanzado los satélites comerciales de comunicaciones INTELSAT (de los que hay en órbita 17 cubriendo 200 países), los socios de Echelon son capaces desde hace 20 años de chuponear masivamente conversaciones telefónicas, mensajes por fax, correspondencia diplomática, declaraciones de impuestos, etc., además de comunicaciones militares encriptadas y otros asuntos similares. Echelon cuenta con un programa apodado Dictionary, que le permite concentrar su atención y escoger entre millones de mensajes "blancos" en base no solo a los nombres y números de teléfono que lo alimenten, sino a palabras clave, frases, etc. Toda persona que utilice programas buscadores como Google en su computadora personal sabe que esto es perfectamente factible. A su vez, todo el que use su teléfono móvil, llame larga distancia, envíe mensajes por fax y e-mail, o use una línea fija que se trasmite a otra zona por microondas debe saber que en la gran aspiradora de Echelon pueden estar escuchando o mirando. Y el propio Cardenal bien podría considerar que
si exclama "¡hosanna!" en un rapto de júbilo religioso el
Dictionary de Echelon quizás encienda una luz roja de alerta, confundiendo
el término con el nombre de pila de bin Laden.
CERCA A CASA El World Factbook de la CIA establece (y casi advierte) que las telecomunicaciones internacionales del Perú se realizan a través del Panamerican Submarine Cable y uno de los INTELSAT que tiene su "pie" sobre el Atlántico. Ese cable submarino que pasa por el Callao y rodea el continente contribuyó a la formación moderna de la ahora llamada Dirección de Inteligencia Naval (DIN) del Perú durante la Segunda Guerra Mundial. La rama naval de lo que eventualmente sería la NSA proporcionó asistencia de diverso tipo a nuestra Marina para especializarla en la `Singint' (`signal intelligence', inteligencia de señales). Sucede que ese cable era una troncal principal e hipotéticamente segura para transmitir mensajes sensibles en tiempos de guerra, pero también podía ser `chuponeado'. Esas operaciones se realizaban y realizan hasta el día de hoy con submarinos capaces de estacionarse en el fondo marino. Buzos especializados colocan estrenques alrededor de las unidades repetidoras que, cada 50 o 60 kilómetros, impulsan las señales en el cable. La conexión capta estos mensajes por inducción sin dejar huella en el cable. La realidad descrita, fantástica como es, puede hacer poco contra el terrorismo - por el momento. En la NSA, según el autor Banford, han escuchado más de una vez a Osama bin Laden hablar con su madre desde Afganistán. Pero ubicarlo a él y a los integrantes de Al Qaeda es como buscar una aguja en una pajar - a Artemio en Oreja de Perro. HORMIGAS EN EL PAJAR Los terroristas no viajan con instrumentos de encriptación, que son voluminosos, y los teléfonos satelitales criptográficos también llaman la atención. El Perú, sin embargo, debiera sacar algunas lecciones de la NSA reducidas a nuestra modesta escala. Por razones de interés nacional es importante mantener un sistema de inteligencia con capacidad de interceptación y de resolución criptográfica dentro de los márgenes estrictos de la ley. Cabe recordar que en 1973 y 1974, cuando la NSA estaba multiplicando su capacidad de interceptar comunicaciones, Richard Nixon fue derribado de la presidencia porque se descubrió el intento de allegados suyos de colocar un micro en las oficinas del partido Demócrata en el edificio Watergate. Así que nada de espiar a curas o adversarios políticos y más atención en lo que pueda estar sucediendo entre Bolivia y Chile con el gas. La CNI debiera reclutar a matemáticos y lingüistas de primera y su cuerpo de comunicaciones bien podría estar poblado de aborígenes de la selva, cuya diversidad idiomática puede romper los moldes a una interceptación adversaria. Mientras tanto, rezar para que se escoja un buen director del CNI, capaz de limpiar a la "interna" que dejó allí Montesinos para alimentar a medios de comunicación dispuestos a propiciar metafóricas ejecuciones extrajudiciales con tal de ganar su poquito de rating.
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