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ARTICULO

22 de abril de 2004
Paginas 94 y 95 de la edición impresa.


TODAS LAS SANGRES Alumnos de ascendencia maorí, asiática y europea en el colegio secundario de Avondale, en Auckland. Derecha, la universidad de Lincoln, en Christchurch. Al lado: La Sky Tower en Auckland es la torre más alta del hemisferio sur y la rampa de lanzamiento preferida de los aficionados al bungi-jumping. Los cazadores de adrenalina no son los únicos visitantes de Nueva Zelanda, uno de los destinos turísticos más espectaculares del planeta. Cada año son más los extranjeros que optan por estudiar en uno de los mejores sistemas de educación del mundo. Der.: Itinerario por el sistema educativo de Nueva Zelanda. En febrero último, y durante una semana, CARETAS recorrió la isla, invitado por el gobierno de ese país, en singular tour. Arriba, el simpático puerto de Auckland.

Nueva Zelanda Salto al Futuro
Crónica de un vertiginoso viaje a Nueva Zelanda, donde los colegios públicos no parecen públicos ni los barrios pobres, pobres.

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Escribe MARCO ZILERI

A los neocelandeses el vértigo les atrae como la miel a las abejas. En la ciudad de Auckland, la más poblada de la isla con 1,2 millones de habitantes, la Sky Tower es una torre de telecomunicaciones de 328 metros de altura y principal rampa de lanzamiento de los aficionados al bungi-jumping.

Es la más alta del Hemisferio Sur, más que la Torre Eiffel y la AMP de Sydney. En la noche se la ilumina de color púrpura y se empina sobre el mar de Oceanía como una gigantesca hipodérmica, símbolo indiscutido de hacia dónde apunta Nueva Zelanda en el siglo XXI.

La Sky Tower transformó el paisaje de Auckland en 1997, tanto como el desembarco de turistas y estudiantes extranjeros -esencialmente del sudeste asiático- viene moldeando en los últimos diez años el rostro, los sabores y el humor del simpático puerto. Atraídos por el haz de luz, hay chinos como cancha, y no están solos.

"En ciertos momentos culturales de la ciudad, como en la última final de tenis que ganó el brasileño `Guga', se nota la presencia latina", contó el profesor Matthew O'Meagher, director del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Auckland, y competente tenista.

También durante la esperada temporada de conciertos de la Orquesta Filarmónica de Auckland, ésta salta a la vista sin necesidad alguna de alzar los binoculares: el director de la Orquesta es el peruano Miguel Harth-Bedoya, quien pone la nota en esta espléndida tierra ignota desde 1996.

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Peruana Ursula Antúnez de Mayolo, una bonita tarde en la Universidad de Lincoln. Der.: Maestro Miguel Harth-Bedoya es el director de la Orquesta Filamónica de Auckland.

COMO UNA GOTA EN EL MAR

En febrero pasado, cuando El Señor de los Anillos cosechó once estatuillas Oscar, no sólo puso en el mapa a la pequeña isla de Nueva Zelanda sino de relieve la singular personalidad de sus gentes.

"Es la primera vez que hacemos una fiesta con dinero de los norteamericanos", bromeó un isleño mientras sorbía una pinta de Guinness.

Nueva Zelanda se encuentra a once horas de vuelo de Sudamérica, de Norteamérica e incluso de China. Australia, el vecino más cercano, está igual de lejos que Santiago de Chile de Lima. "Somos dos gotas perdidas en el mar", graficó el profesor Logan Muller.

A pesar de estas oceánicas distancias, el año pasado visitaron Nueva Zelanda más de dos millones de turistas y ahora se preparan para una oleada aún mayor ansiosos de conocer a Hobbit. El turismo es su principal fuente de divisas, seguido de la exportación de lácteos, de carne y de un producto insospechado y madre de todos los corderos: la educación.


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Matthew O'Meagher, director del Centro de Estudios Latinoamericanos, la U. de Auckland, y peruanista. Der.: En Palmerston North, maestra luce un tatuaje maorí que representa el conocimiento.  

DESDE LA CUNA HASTA LA TUMBA

El sistema educativo de Nueva Zelanda es público y uno de los mejores del mundo. Computadoras, bibliotecas, centros de información, piscinas y teatros son el pan de cada día en cada uno de sus centros. La asignatura del año para aquellos que optan por estudiar carpintería en la escuela secundaria de Avondale es construir un velero que echan al mar al final del año. No está mal.

Así, en el año 2000 Nueva Zelanda ocupó el tercer lugar en comprensión de lectura y aprestamiento matemático y el sexto en ciencias, entre 32 países que fueron evaluados por el Programa Internacional de Aprestamiento Estudiantil a estudiantes de 15 años de edad. Y en el 2002, recibió 82,000 estudiantes extranjeros, la mitad para estudiar inglés, y la otra, para seguir cursos universitarios, particularmente de postgrado, y la educación generó US$ 1,700 millones en divisas.

La isla tiene ocho universidades y 23 institutos politécnicos, todos públicos (para los estudiantes neocelandeses). Tiene 250,000 estudiantes, de los cuales cerca del 10% llevan cursos de postgrado.

La excelencia de la educación neocelandesa no es fortuita. Responde a la prioridad que sucesivos gobiernos neocelandeses asignaron al sistema educativo.

Desde finales del siglo XIX, cuando Nueva Zelanda fue el primer país en aceptar el voto femenino, crear un ministerio de salud, un plan de bienestar para los desempleados e incluso el primer sistema de sanatorios mentales, los isleños tienen el orgullo de ser "el primer laboratorio social del mundo". Pero el ethos de este estado de bienestar quedó consagrado en 1938, cuando el primer ministro Michael Joseph Savage afirmó que la seguridad social regiría en la isla para sus ciudadanos "desde la cuna hasta la tumba".

UNA MIRADA DE ESTE A OESTE

Ahora el sistema educativo neocelandés, muy activamente, está cerrando convenios con sus pares latinoamericanos, que permitan aumentar la cuota de estudiantes interesados en iniciar o proseguir sus estudios en Nueva Zelanda. Los acuerdos más auspiciosos a la fecha son con México, Brasil, Argentina y Chile.

El Perú está por el momento debajo del radar, si bien en el pasado hubo lazos estrechos, particularmente con la Universidad de Lincoln (UL), una suerte de Universidad Agraria a toda mecha sobre 47 hectáreas de campiña en Christchurch, la ciudad más poblada (250,000 hab.) de la Isla del Sur.
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Ritual de bienvenida maorí. Los nativos tampoco dan su brazo a torcer en rugby.

A fines de los 70's y principios de los 80's, Lincoln condujo un memorable programa para el mejoramiento de pastos en Puno, pero Sendero Luminoso se encargó de desbaratarlo. Curados del susto, en 1997 hubo un intento por rescatarlo que culminó bochornosamente: Alberto Fujimori fue distinguido con el título de Honoris Causa por la Universidad -"¡y en Derecho!", ironizó uno de sus catedráticos-, en la primera y única visita de un gobernante peruano a ese país.

Se recuerda que Keiko quedó encantada con Lincoln, pero después no volvió a escucharse más de ella ni de Puno. Lástima. La UL es uno de los centros de estudios agropecuarios más calificados de Nueva Zelanda.

"Es fácil firmar acuerdos, hay cenas deliciosas, pero para lograr que las cosas marchen implica mucho dinero", sostuvo Christopher Hawley, director del Centro de Desarrollo Internacional de la Universidad Tecnológica de Auckland.

Así las cosas, sólo hay cinco estudiantes peruanos becados siguiendo cursos de maestría en toda Nueva Zelanda, a pesar de los convenios suscritos existentes con universidades peruanas (ver recuadro).

El sistema educativo es particularmente fuerte en las industrias sin chimeneas: agro, ganadería, veterinaria, medicina, ingeniería, turismo. Nueva Zelanda ofrece una boutique de soluciones para el desarrollo en estos campos, además del inglés, sin el cual la comunicación en un mundo global sería chino.

"Un país que no tiene por lo menos una universidad de primer nivel mundial, quedará a la zaga", dijo el rector de la Universidad de Auckland, quien está armando maletas. El caballero acaba de aceptar el rectorado de la longeva y venerable Universidad de Oxford, y es el primer extranjero en acceder a tan honorable cargo en la historia de Oxford.

En Auckland, en Palmerston North, en Wellington y en Christchurch se escuchó la misma certeza y determinación. En la Universidad de Massey, donde se investiga el ADN de las vacas; en el Instituto Tecnológico UNITEC de Auckland, que trabaja un programa con campesinos de Huancavelica y Apurímac para conectarlos vía Internet al mercado (ver recuadro); en la Universidad de Auckland, donde se desarrollan fármacos punta para enfermedades tan nuestras como la tuberculosis.

Hasta en la escuelita rural de Mackenzie en el condado de Fairlie, ubicado sobre una suerte de loma cajamarquina rumbo al emblemático nevado Cook (3,754 msnm), el más alto del archipiélago, uno de los maestros de zapatos gastados lo resumió con optimismo y a su manera: "La verdad es que hay que ser bastante listos para tener éxito en la granja".

 

 


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