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7 de abril de 2004
Por RICHARD WEBB*

El Nuevo Tono
Los costos ocultos de la jarana fiscalizadora.

Yo te investigo.

Tú me investigas.

El nos investiga.

Está de moda. La música del momento. La mejor diversión de los últimos años.

Pero "diversión" en el sentido pleno de la palabra. Como reza el diccionario, diversión es recreo, y también "una acción de distraer o desviar la atención."

UNA DIVERSIÓN CARA

Siendo economista, o sea aguafiestas de profesión, debo advertir que esta manía de la investigación, para ser diversión, es cara.

El costo visible de la diversión consiste en pagar a todos los personajes que nos proveen el espectáculo diario: políticos, medios de comunicación, técnicos en espionaje, fiscales, abogados y jueces con sus respectivos secretarios. Una industria entera.

Algunos argumentan que el alto costo de la industria de la investigación se debe a su atrasadísima tecnología. Para producir un grano de verdad se gastan cientos de horas en recoger testimonios, citaciones postergadas, sesiones de comisiones investigadoras, transcripción de declaraciones contradictorias, y toneladas de papel, rollos de película, y horas de cámara. Se duplica, triplica y hasta cuadruplica cada investigación con la participación paralela del Congreso, las unidades de investigación de los medios, la Contraloría, la Fiscalía, los juzgados, y sendas otras instancias. Y muchas comisarías y despachos aún utilizan máquinas de escribir de museo.

Ingenuo error. Es como decir que una obra de Hollywood cuesta demasiado para la poquísima enseñanza que nos transmite; que lo mismo puede decirse en un breve comunicado. Pero, justamente, el gusto está en la música, los disfraces, los escenarios, las cortinas de humo y en la confusión y la contradicción. ¿Acaso el objetivo no es la diversión?

EL COSTO OCULTO

Pero, como el malo de la película debo señalar un gran costo oculto en toda esta distracción. Me refiero a todo lo que se queda sin hacer, especialmente, lo que no hace el Estado mientras se dedica a ese entretenimiento.

Es que, como el circo romano, el espectáculo de la investigación necesita de víctimas. Y los cristianos del momento son los funcionarios públicos. Que no se sorprenda nadie entonces si un funcionario se demora en firmar un papel. Y, si multiplicamos esa demora por un millón, tenemos al Estado paralizado de hoy.

Para muestra un botón: estamos en abril y el Estado aún no se atreve a decidir cuáles van a ser las facultades de los gobiernos locales en el manejo de los programas sociales este año. A falta de normas claras, muchos alcaldes prefieren no asumir responsabilidades. En consecuencia, los alimentos que nos ofrece en donación el Programa Mundial de Alimentos se quedan en el almacén, y existe la posibilidad de que las Naciones Unidas nos recorte el presupuesto futuro.

Otro botón: cuando un funcionario de Economía se quejó hace dos años de su incapacidad para trabajar y a la vez atender múltiples acusaciones e investigaciones, se preguntó a los demás asistentes de la reunión de coordinación del sector si tenían problemas similares. De los 28 presentes, todos funcionarios en puestos claves de la administración de la economía, 16 levantaron la mano.

Sugiero repetir ese censo, pero a nivel de todos los funcionarios públicos. Los resultados nos ayudarán a entender por qué hay tanto atraso en la acción del Estado.

PERU PRÓSPERO

Felizmente, somos un país próspero, y podemos darnos el lujo de divertirnos con el circo de la investigación. Aquí no hay hambre y nadie padece una falta de atención médica elemental ni falta de carretera ni de la ignorancia por una educación pésima.

 


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