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Edición Nº 1821 |
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El Mal
del Fondo El Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional tuvieron la semana pasada pocos motivos para celebrar el 60o aniversario de su fundación. Las reuniones de primavera de ambas entidades concluyeron en Washington con un magro balance en avances contra la pobreza y extrema cautela sobre la inminente recuperación económica mundial.
Lejos de llamar la atención por las masivas movilizaciones en su contra -experiencia que ya era parte de la oferta turística de la ciudad-, en esta oportunidad la cumbre recibió el escrutinio más notorio de la dirigencia misma de dichos organismos. La cumbre estuvo caracterizada por un abierto reconocimiento de parte de ambas entidades de la preocupante disparidad en el progreso económico entre las naciones más ricas y las más pobres (e inclusive dentro de éstas últimas), la divergencia regional en el avance de la lucha contra la pobreza, el limitado y hasta cierto punto decepcionante impacto que ha reportado la iniciativa para el alivio de la deuda externa de los países pobres altamente endeudados (Heavily Indebted Poor Countries Initiative- HIPC, en sus siglas en inglés), y la casi certeza de que al paso actual los países en desarrollo no lograrán alcanzar la mayoría de las llamadas Metas del Milenio impulsadas por las Naciones Unidas. Dichas metas fueron el compromiso que la comunidad internacional adoptó el año 2000: reducir la extrema pobreza mundial a la mitad, alcanzar la educación primaria universal, disminuir en dos terceras y tres cuartas partes la mortalidad infantil y la mortalidad materna en el momento del parto, respectivamente, y eliminar las disparidades de género en el acceso a la educación hacia el año 2015. En todos estos desafíos el BM ha estado particularmente
involucrado, y el perfil de su diagnóstico sobre el desarrollo
mundial y el tono de la rueda de prensa que ofreció James Wolfensohn,
director gerente de la institución, son muestras de que al parecer
el coloso financiero habría asumido saludablemente algo de responsabilidad.
En América Latina, a pesar de que la riqueza por habitante creció 15% en términos reales en el período 1990-2000, la pobreza extrema sólo se redujo en 1.8 puntos porcentuales; es decir por cada 1% de crecimiento del Producto Bruto Interno (PBI) per cápita que logra la región, se espera que la pobreza extrema sólo se reduzca en 0.5 puntos porcentuales. La marcada desigualdad en la distribución del ingreso y la propiedad de la tierra productiva en América Latina (la región, según diversas medidas, se ubica como la más desigual del planeta) explican sin duda el escuálido impacto del crecimiento en la pobreza. COLCHÓN PARA RATO Después del llano reconocimiento de que algo no funciona en la estrategia multilateral contra la pobreza en el mundo en desarrollo, la Reunión de Primavera ha procreado nuevas iniciativas que intentan ajustar algunos tornillos de una mecánica global cada vez más complicada. La Iniciativa Gordon Brown (también conocida como la Iniciativa para la Ampliación Financiera Internacional) es la más importante, y consiste en una propuesta de duplicar (como lo lee) el monto total de ayuda internacional para los países en desarrollo, de US$ 50 mil millones a US$ 100 mil millones, con el objetivo específico de impulsar el cumplimiento de las Metas del Milenio hacia el 2015. Aún están por definir las condiciones que cada país candidato deberá cumplir para acceder a estos fondos, pero se presume que una evidencia de lucha contra la corrupción, leyes sobre buen gobierno y nueva legislación para evitar el financiamiento del terrorismo -función recientemente asignada al FMI-, serán claves en el "examen de ingreso". Finalmente, y en coherencia con la posición del español Rodrigo Rato (por todos voceado nuevo presidente del FMI), los dos organismos internacionales coincidieron al final de la cumbre que la recuperación económica mundial a la vista -debido a los signos de franca mejoría en las economías de EEUU y Japón- requiere más cautela que entusiasmo. Las devastadoras consecuencias de la crisis asiática, cuyas semillas fueron cultivadas justamente en el período previo de expansión económica mundial, no hicieron más que reafirmar el viejo dicho popular de "guardar pan para mayo". En lo que resulta un discurso notoriamente similar al de Rato, el BM y el FMI acordaron el pasado fin de semana concentrar esfuerzos para evitar nuevas crisis financieras, y en particular, luchar contra los riesgos que toda expansión económica trae consigo: inminente alza en tasas de interés internacionales, relajamiento de la supervisión bancaria, tendencia al mayor gasto público, así como asegurar una mayor flexibilidad en el manejo del tipo de cambio como escudo contra eventuales shocks externos. justify Por su parte, América Latina, en lugar de seguir endeudándose y gastar en forma ineficiente, debería aprovechar el nuevo período de expansión para invertir en fortalecer sus instituciones, mantener su relativa estabilidad macroeconómica y establecer productivos vínculos con el sector privado.
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