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Edición Nº 1821 |
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Portada |
Reos del
Recurseo LOS miles de jóvenes que diariamente abren el periódico para buscar trabajo en los clasificados, se encontraron, el día 17 de abril, con un aviso mucho más atractivo que los habituales: "¿Quieres emigrar?" -decía. "Québec, tierra de oportunidades". Se trataba de un anuncio del Servicio de Inmigración del Gobierno de Québec, Canadá, que remitía a una página web que informa sobre los sencillos pasos para obtener visa de residencia o trabajo en el país del norte. Para otorgar visas, Canadá no es como su vecino
EE.UU., que pone a los latinos mil y una dificultades. Por el contrario,
como dice un funcionario de la embajada: "Canadá es un país
grande que siempre necesita gente". Qué diferente con el Perú,
donde diariamente mil nuevos jóvenes egresados de institutos técnicos
y universidades irrumpen en un mercado laboral atiborrado de gente dispuesta
a ganar cada vez menos con tal de sobrevivir.
Y eso que la economía del Perú está creciendo
a un ritmo de 4 % al año. Esta cifra no es nada esperanzadora,
como lo confirma el Instituto Nacional de Estadística e Informática:
el número promedio de desempleados del primer trimestre del 2004
llegó, en Lima Metropolitana, a casi medio millón de personas
(ver cuadro), aumentando en 5.8 % con respecto al mismo periodo del
año 2003. Según Pablo Secada, economista asociado al Instituto
Peruano de Economía, el Perú tendría que crecer
en 5.8 % al año para que esos mil jóvenes que diariamente
ingresan al mercado laboral encuentren un trabajo. Pero es recién
con un crecimiento de 6.5 ó 7 % que se podría cantar victoria.
Hasta los desempleados mayores de cuarenta años volverían
a ser parte de la PEA. Por el momento, sin vara, ni carné del partido, ni consanguinidad, las únicas alternativas que quedan son el subempleo, el dupleteo o el recurseo tipo 'Mil oficios'. Es el caso de Marilú Iparraguirre, de 28 años, que estudió durante cinco años Administración Hotelera en la Universidad San Martín de Porres y ahora trabaja como azafata en el Café de la Paz, en Miraflores. Según cuenta, la única respuesta que le dieron cuando intentó buscar en Lima un trabajo acorde a su formación, fue: Deje su currículo. La vamos a llamar. Cansada de esperar, se resignó por el subempleo. Pero hace un año, leyó el aviso en el periódico y se propuso algún día viajar a Canadá. "Estoy estudiando inglés", dice, "porque es el único requisito que me falta para postular a la visa". ¿Qué piensas que vas a encontrar en Canadá? -le preguntamos. "Un país civilizado", responde ella, "con trabajadores que pueden pagar la renta de un departamento, comprar un carro usado, mandar remesas a los familiares y, encima, ahorrar". La desilusión juvenil se convierte en rabia generalizada al descubrirse, una vez más, algunas prácticas de nepotismo entre los funcionarios del gobierno. El caso más reciente es el de Ivanoe Vega, gerente general del Programa Nacional de Cuencas Hidrográficas y Conservación de Suelos. Según la denuncia del programa Cuarto Poder, este funcionario no sólo malgastó los recursos del Banco Mundial destinados a la capacitación de campesinos, sino que colocó en altos cargos de la institución a parientes y allegados no aptos para el cargo. El costo de un puesto de trabajo para el hermano o el amigo peruposibilista es, sin más ni más, la postergación o despido de un profesional de verdad. Y eso le consta al ingeniero zootécnico Gustavo Escobar, 43 años, soltero y sin hijos. Un profesional calificado con veinte años de experiencia en entidades del Estado e instituciones internacionales de desarrollo agropecuario, cuya independencia de criterio -léase falta de afiliación partidaria- lo ha lanzado, en más de una oportunidad, de bruces al subempleo. Por estos días, mientras postula a un trabajo acorde con su calificación, si no está arreglando su jardín, se cachuelea dando conferencias o colocando inyecciones a animales domésticos. Toda chamba es bienvenida.
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