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Edición Nº 1821 |
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Alo
¿Indecopi?
Como algunas respuestas carecían de verosimilitud, entrevisté al Dr. Gustavo León y León Durán, Asesor Jurídico de la otra parte, quien sostiene: : 1. INDECOPI reconoce a EGEDA Perú el 21 de junio del 2000. 2. El 30 de junio del 2003, luego de un año de conversaciones, EGEDA se dirige a TMSAC resumiendo su posición con respecto a los pagos que les corresponde administrar. 3. El 5 de agosto del 2003 TMSAC responde que cumple respetuosamente con el pago de derechos de autor, reclamando la demostración obra por obra, lo que, irónicamente, en el ámbito jurídico llaman "prueba diabólica". 4. No existe posibilidad alguna que TVE haga una franja diferenciada para los países cuyas empresas rehúsen pagar los derechos de autor. 5. España paga a EGEDA, Ecuador también lo hace y transmite TVE internacional. 6. Las tarifas de EGEDA son "conversables" pero no tienen interlocutor para tratarlo. Luego de Argentina, EGEDA se expandirá por toda América Latina. ¿Se mostrarán tan sumisos como los abonados del Perú? La respuesta la deberá dar la Oficina de Derechos de Autor de INDECOPI. Seguiremos en el empeño. Esta página está dedicada a la cultura visual contemporánea. Y la TV, por más prostibularia que sea, también forma parte de ella. Reivindicación de la pintura pudiera ser un buen título para la colectiva organizada por Lucía de la Puente con motivo de las visitas oficiales de semanas atrás. El primer piso está lleno de pinturas y esculturas de maestros, junto a otros establecidos como Haroldo Higa, Yaker, Zeppilli, Agois, Letts y Tokeshi. Hay una curiosa cerámica de Carlos Runcie cotizada en US$ 45,000.00. Si fue por autoestima debió pedir 450,000. Igual nadie los iba a pagar. En el segundo piso están los más nuevos. Sobresalen: Autorretrato de Jaime Higa y su perro, vestidos de cuero negro (foto), Giancarlo Vitor con el mejor fotorrealismo que haya visto en el Perú y la apasionada gestualidad de Paola Cabrera. A Sylvia Fernández -notable participación- cabría sugerirle que se abstenga de participar en más colectivas antes de terminar incinerada en nuestra hoguera de las vanidades. Usualmente no solemos ocuparnos de este tipo de eventos, pero su interés radica en que demuestra -a contracorriente- cómo los curadores pueden ser absolutamente prescindibles y cómo la pintura sigue siendo estimulante. Su ausencia en las últimas colectivas de interés se debe a prejuicios, ignorancia o ideología del curador. Decídanlo ustedes. Y al ver tantas obras "convencionales" de primer nivel, uno sale de allí con una duda ineludible: ¿en medio de nuestro crepuscular alboroto, vivimos una tradición de vanguardia o una vanguardia de tradición?
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