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Edición Nº 1821 |
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Portada |
Por JAIME BEDOYA MIGUEL Grau sabía lo que le esperaba en octubre de 18791. Bolognesi sabía lo que le sucedería en Arica luego de dar su respuesta. Alfonso Ugarte tuvo una visión panorámica de su futuro inmediato. Hasta Orlando Romero "Romerito" sabía lo que le iba a suceder aquella noche de 1983 en Las Vegas2. Ninguno de ellos eligió un comportamiento distinto al de la más absoluta dignidad. Por eso son lo que son. Alberto Fujimori, sabiendo lo que le iba a pasar en noviembre del 2000 (hacerse responsable de sus actos), tomó un avión a Brunei3. Lo hizo llevándose cuarenta maletas llenas de videos. Luego apeló a un fax para renunciar a distancia a la presidencia. ¿Por qué actuó así? Porque "sabía lo que le iba a pasar", alegan sus exégetas. Cuatro años después, un 18 % de los directos perjudicados por su inmoralidad e insultados por este acto flagrante de cobardía, consideran que Fujimori debería ser el próximo presidente del Perú. Si esto es normal, los anteriormente mencionados cometieron un irreversible error existencial. Entregando el Huáscar en honroso ceremonial naval, Grau hubiera muerto en Lima como un viejo prudente, pero rodeado de nietos. Rendido el Morro, Bolognesi perdía una plaza con su nombre, pero ganaba un cargo en la inevitable prefectura chilena de Arequipa. Ugarte hubiera transferido pulcramente doblada la bandera al enemigo. Y Romerito, tirándose a la lona, tendría intactos los millones de neuronas cerebrales que le mató Mancini en nueve rounds. Según el 18 %, eso hubiera sido lo normal. Pero no lo es4. No puede ser normal premiar el deshonor. La minusvalía sicológica que nos envuelve empieza por incluir en una encuesta a alguien imposibilitado de postular5, deshonestidad intelectual que produce como infeliz resultado cuestionar la democracia desde la semificticia realidad estadística. Luego se arguye, por supuesto, "eso es lo que dice la gente" en vez de "eso es lo que le hacemos decir a la gente". Actuales y aguerridos moralizadores de la democracia (que en su momento trabajaron con el gobierno de Fujimori) lo hacen todos los días ante la algarabía popular y la propia gloria patrimonial. Este 18 % ha suscitado por lo menos tres explicaciones centrales para hacer racional su condición de vergüenza propia. Primero, en el Perú se perdona el crimen, si es que el delincuente "hace obra": Felizmente a Abimael Guzmán no se le ocurrió poner agua y desagüe. Segundo, Toledo tiene la culpa. Este presidente ha hecho de su ineptitud un rito cabalístico autónomo. La barbarie medieval de Ilave6 fermentaba mientras él y su esposa -antes indigenistas, luego buzos, ahora chalanes- recibían las pulcras pifias de Mamacona. El divorcio entre Estado y país con finas riendas de seda: mientras en Mamacona pitucos disfrazados de capataces querían gritarle a un cholo, en Ilave la población indígena quería ser boliviana. Teóricamente, el peor Toledo debería haber sido preferible al mejor Fujimori: esto Toledo lo supo, y de alguna manera lo aplicó durante su campaña. Al llegar al poder el credo de la superioridad moral naufragó en Johnny Walker. Y tercero, la ausencia de alternativas de parte de la clase política crea un vacío ahí donde éste no puede existir. Lo suple una nostalgia distorsionada por el autoritarismo del binacional, según la ocasión, peruano-japonés. El mantra peruano del siglo XXI está establecido: Ya nadie cree en nadie. Las tres son ciertas y las tres son penosas. Pero podría haber una más. Ninguna propuesta política alcanza a educar sobre lo correcto y lo incorrecto. La masoquista nostalgia fujimorista, mejorada por ese elemento de desastre permanente de la gestión de Toledo, tampoco. El problema empieza en lo que está sucediendo en los hogares de ese 18 %. Qué leen, qué ven, qué aprenden: La pendejada y la distorsión se han convertido en nuevos valores nacionales, haciendo de la autoestima una masa informe que apenas toma mísero cuerpo en las vísperas de un partido de la selección, desmoronándose según lo adverso del resultado. Un peruano nunca orina solo, era un axioma que denotaba algún tipo de solidaridad renal nacional. Tal vez en realidad aludía a la necesidad de un testigo, una confirmación de la proeza excretoria. La primera persona en que un peruano no cree es en sí mismo. Celebren, reciclados. ___________ 2 El pugilista peruano se subió al ring para enfrentar en 12 rounds al temible Ray "Boom Boom" Mancini. Este, a puñetes, acababa de matar (involuntariamente) en un ring de box al coreano Duk Koo Kim. Mancini llegó a Las Vegas con la mirada vidriosa: se había enterado que la madre del coreano se había suicidado ante la desgracia. 3 Población: 300 mil habitantes. Seis veces el Monumental de la U. 4 Cien menos dieciocho = 82 5 Fujimori, prófugo reo contumaz, ha sido inhabilitado para ocupar cargos públicos por 10 años. 6 Aprobación de Toledo en la sierra sur: 6 %. (Margen de error:+_ 4 %)
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