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ARTICULO

6 de mayo de 2004
Paginas 10 y 11 de la edición impresa.


Tilali, sábado 1 de mayo. Manifestantes exigen salida de alcalde. Ojo con la bandera boliviana.

La Resaca de Ilave
También en Tilali airada población aymara revocó a su alcalde a la fuerza, pero sin que la sangre esta vez llegue al lago.

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Regidores de Tilali estuvieron como rehenes durante cinco días. en local municipal. Al lado, Luis Thais, titular del CND, en Ilave. Le faltó muñeca y aplomo en difícil crisis.

 

EL capitán PNP, Jorge Zúñiga, se acomoda el chullo a pesar del inclemente sol que enciende la ribera del Titicaca. Se seca el sudor, sonríe, va vestido de paisano. "Esta gente es brava, no entra en vainas", dice, mientras nos acercamos a Tilali, poblado peruano fronterizo con Bolivia, que se encuentra en pie de guerra desde hace veinte días exigiendo lo mismo que en Ilave acabó en baño de sangre: la salida de su alcalde.

El sábado 1 de mayo, las cosas ya no estaban para más en esa localidad, a tres horas por trocha carrozable desde la ciudad de Puno. Más de 1,500 pobladores aymaras habían tomado la plaza y tenían en rehenes a cinco regidores y tres policías, reclamando la vacancia inmediata de Melesio Larico, alcalde del distrito, acusado de malos manejos de las cuentas municipales.

"Tilali tiene un presupuesto de un millón y medio de soles. Pero el alcalde sólo ha gastado 390 mil soles en obras menores ¿Dónde está el resto del dinero?", gritaba Eduardo Palli Chipana, delegado del pueblo, ante la comisión de alto nivel designada por el gobierno que, de emergencia, había llegado hasta la zona en helicóptero.

La misión estaba integrada por los congresistas oficialistas Rosa Yanarico y Leoncio Torres, el asesor del CND, Martín Soto, Carlos Trujillo del JNE y personal del Ministerio Público. Se apostaron frente al municipio y fueron rodeados por una turba de doscientos manifestantes.

Ni el discurso en aymara de Yanarico, ni la propuesta del comandante PNP Hubert Mérida, jefe de la división policial de Juliaca, que un día antes se ofreció en rehén a cambio de sus hombres, lograba calmar el ánimo de los campesinos. Es más, el parlamentario Leoncio Torres y el subprefecto Francisco Huanca, -integrante de la administración de Larico y quien temerariamente se había apersonado al lugar-, fueron agredidos por los manifestantes.

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Dirigente negociador Eduardo Palli pide a sus paisanos que lo azoten ante inviabilidad de negociaciones. Al lado, horas más tarde, Martín Soto del CND dicta el acta que establecerá la salida de Larico de alcaldía de Tilali. Fueron más de cuatro horas de negociaciones.

BRECHAS ABIERTAS

En el razonamiento de los pobladores de Tilali sólo una cosa tenía pleno significado: la salida inmediata de Larico. Acusado no sólo de malos manejos, Larico había obligado a sus regidores a realizar sesiones de cabildo abierto en Juliaca y consignarlas como si se realizaran en Tilali. De esta manera, evitaba cualquier posible vacancia del cargo, al estar ausente por más de 30 días de su jurisdicción. "Larico tiene que dejar la alcaldía hoy día", repetían los pobladores.

Después de casi cuatro horas de discusión a puertas cerradas, la cosa pudo pasar a mayores. La comunidad tomaba como engaño las explicaciones de los miembros del JNE sobre el plazo de cinco días para el proceso de vacancia y se pusieron a golpear con palos las puertas de la sala de reuniones. "Va a ver, otro Ilave van a tener", decía una señora, que minutos antes, nos había ofrecido amablemente un caldo de pollo. Palli salió de la sala de reuniones y pidió a los manifestantes que lo azotaran públicamente. "Nadie sale vivo, si no se declara la vacancia", repetía. Al final la comisión cedió y declaró la vacancia de Larico, así como los cinco días de plazo para oficializar su destitución. Su reemplazo momentáneo será Lorenzo Yujra, primer regidor de Tilali.

Ilave o Tilali no son los únicos poblados convulsionados en el altiplano. La mayoría de municipios provinciales de Puno se encuentran en la misma situación como Melgar, Ayaviri, Azángaro, Acora y Huancané. La situación en esas zonas, lejos de amainar, se encuentra en conflicto y algunos, inclusive, exigen su anexión a Bolivia. Como dice Teodoro Limache, dirigente de la parcialidad Pataschi, "nos queremos ir a Bolivia porque las autoridades acá no nos escuchan. Nadie nos toma verdadera importancia". (Carlos Hidalgo)

 


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