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Edición Nº 1822 |
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Portada
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Encrucijada
Rospigliosi Los
sucesos de Ilave siguen trayendo cola. El ministro del Interior Fernando
Rospigliosi fue blanco de una arremetida de congresistas opositores a
la que se sumaron solícitos oficialistas buscando ganarse alguito.
Las responsabilidades de Rospigliosi y del gobierno en general merecieron
un tratamiento más serio de parte del Congreso y de los principales
líderes políticos del país, pero aparentemente aquello
es mucho pedir en estos días. El ministro optó por la infalibilidad,
al no aceptar error alguno en su sector. El gobierno tarda siempre en
responder y cuando lo hace deja cabos sueltos. En conjunto, la situación
de Rospigliosi es insostenible y su alejamiento del gabinete ocurrirá
pronto, con censura o sin ésta. Las implicancias de su salida están
aún por verse, pero lo que sí es seguro es que el remezón
vendrá muy fuerte.
LOS asistentes a la sesión de la subcomisión encargada de investigar los sucesos de Ilave, presidida por el congresista Chávez Sivina, la noche del martes 4, no dejaron de notar el rostro cansino y el tono moderado del usualmente acelerado Fernando Rospigliosi. El ministro del Interior parecía llevar la procesión por dentro. Los impulsores de su censura tuvieron una primera victoria al lograr que se convoque a una sesión extraordinaria para el miércoles 5 y adelantar la crítica discusión sobre la permanencia del ministro en el gabinete. Una numerosa delegación de dirigentes del Partido Aprista, incluyendo varios parlamentarios, viajaba a México a un evento por los 80 años de la fundación del APRA, el jueves. Sorprendentemente, la mesa directiva y los líderes del oficialismo accedieron al pedido allanando el camino para que se debata la censura. Las cartas del oficialismo, sin embargo, no estaban jugadas. La abierta disidencia de algunos parlamentarios de la chakana que, en la sesión del 29 de abril, anunciaron públicamente que votarían por la censura tuvo un inocultable sabor a diáspora. Las respuestas del gobierno fueron, como siempre, crípticas. Al principio, ni Toledo ni Ferrero se pronunciaron directamente sobre el asunto, pero luego habrían buscado que los díscolos del oficialismo se ausentaran de la sesión del miércoles argumentando que no podían concurrir ante una convocatoria tan precipitada. Algunos parlamentarios retiraron sus amenazas, aunque no mostraron mucho interés en salvarle la cabeza a Rospigliosi. En este sentir, no hacían sino interpretar las decisiones de su líder. KILL ROSPI Es público y notorio que el presidente Toledo no ve con buenos ojos la permanencia de Rospigliosi en el gabinete. El ministro se porta como un personaje completamente incómodo que mantiene una gran independencia de las decisiones del gobierno y se involucra en disputas con personajes del oficialismo como Daniel Mora o el ministro de Agricultura José León, por no mencionar al congresista Mufarech. Precisamente, uno de los gestos más celebrados por la amplia legión de fans que ha acumulado Rospigliosi en el último tiempo, es la forma pública en que se diferencia del detestado entorno de Palacio de gobierno. Este hecho es pasado por alto debido a la desaprobación masiva que tiene el Presidente, pero en términos de gobernabilidad es impensable sostener a un ministro del Interior que funcione por su cuenta. A pesar de ello, Toledo no se puede dar el lujo de perder a su libérrimo ministro en una votación en el Congreso en la que la oposición triunfe arrancándole votos al oficialismo. La imagen de congresistas de Perú Posible desgranándose de la mazorca toledista actualiza el fantasma de la vacancia presidencial. Actualmente, se necesitan 61 votos del Congreso para imponer la remoción del Primer Mandatario. Esta semana fue aprobado un proyecto en comisiones que sube el número a 80, pero éste aún no ha sido aceptado por el pleno. Si a ello se suma la turbulencia social que sacude el país, se verá que no es el mejor momento para cambiar al titular del Interior. De esta manera, Toledo se ha visto en la encrucijada de
impedir, sin que se note, que le censuren a Rospigliosi en esas condiciones,
aunque al mismo tiempo le busca reemplazo sin guardar modales. Al interior
de la bancada oficialista no hay un sector identificable que se haya comprado
abiertamente el pleito de defenderlo. El paso del ministro por el gobierno
ha dejado heridos y contusos (la mayoría de veces en el amor propio)
entre los peruposibilistas y no son pocos los que afirman haber sido maltratados
de palabra o gesto por Rospigliosi. Independientemente de susceptibilidades,
los congresistas oficialistas han tenido que aceptar, al igual que el
mismo Toledo, que no cuentan con cuadros partidarios para hacerse cargo
del sector. Huelga hacer un ejercicio para imaginar lo que habría
sido la tragedia de Ilave con un Sanabria al mando. CHIVO EXPIATORIO Sin embargo, las deficiencias anotadas no conducen necesariamente a que Rospigliosi deba ser censurado y obligado a renunciar. Presionar en este sentido, sería convertirlo en chivo expiatorio de un conjunto de problemas que exceden su gestión y comprometen al Estado, los partidos políticos y la sociedad civil. No en vano, el caso Ilave se ha convertido en un pretexto político para impulsar agendas políticas particulares que poco tienen que ver con el destino de los ilaveños y la búsqueda de justicia por el crimen del alcalde. El estilo bronco de Rospigliosi tiene sus admiradores, pero es también una fuente de irritación permanente para oficialistas y opositores que buscan ahora convertir el pitbull en chivo expiatorio. La moción de censura promovida por el Apra y sustentada por el congresista Mauricio Mulder en el pleno del jueves 29 es un magnífico ejemplo de cómo se hace política en el país, con intereses personales sobreponiéndose a los nacionales y como se promueven linchamientos simbólicos de saco y corbata. Mulder, en carrera por la secretaría general de su partido, cargó tanto las tintas contra Rospigliosi que terminó diluyendo el tema en debate. Luego, su bancada erró al abandonar el hemiciclo antes de que terminase la réplica de Rospigliosi. Fue una muestra de intolerancia injustificada que se convirtió en un bumerang contra el Apra al día siguiente. Otros congresistas, como Ántero Flores del PPC y Natale Amprimo de Somos Perú, golpearon más fuerte la posición de Rospigliosi sin tanto aspaviento y abrieron la posibilidad en serio de la censura. A estas alturas, es claro que llegó a su fin la presencia de Rospigliosi en el Ejecutivo. Independientemente de si es por una censura o por una renuncia, tanta veces anunciada, allegados al ministro confirman que éste sólo espera que se logre aprobar leyes centrales para la reforma policial en curso, referidas al plan de la carrera y los regímenes personal, disciplinario y educativo. De esta manera, removido por la turba congresal (es un decir) o yéndose por su propio paso, el ministro terminó siendo la segunda baja de Ilave.
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