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6 de mayo de 2004
Por RICHARD WEBB*

Apus Financieros
La banca peruana y el parto de los montes.

EN la mitología económica, los bancos son apus, líderes indispensables de la modernización y del crecimiento. Fomentan el ahorro, potencian a los empresarios pioneros y agilizan las transacciones de todo tipo. Y sobre todo, el crédito bancario viene a ser el motor de la economía.

Se explica entonces el aire a templo que tiene todo banco. No se levanta la voz, la gravedad y uniforme azul oscuro de los funcionarios, pisos de mármol, y valiosos objetos de arte.

La función motor de la banca fue reconocida desde que se inventó la ayuda internacional, hace medio siglo, y los organismos internacionales respaldaron la creación de los bancos de fomento. La tesis fue reimpulsada en los años noventas, década de gloria de las finanzas, cuando todos jugaban a la Bolsa, todo joven codiciaba un título en finanzas, y el Banco Mundial creó una vicepresidencia dedicada a impulsar el papel líder de la banca.

LA BANCA PERUANA

El Perú cuenta con una banca moderna y potente. Además, en su mayor parte son instituciones que están respaldadas por el capital, la tecnología y los contactos globalizados de la gran banca extranjera. Podría decirse que, en nuestro medio empresarial, la banca es un Mercedes Benz SL.

Pero, ¿es el modelo adecuado para un país de Ilaves y de PYMEs? Ciertamente, una primera impresión es que se trata de un auto de lujo con orden estricta de no circular fuera de dos o tres barrios, de esos bien asfaltados y saturados de guachimanes.

LA SEGURIDAD

Históricamente, los bancos nacieron por razones de seguridad. El medioevo era un mundo peligroso, digamos algo así como sigue siendo gran parte del Perú hoy. Los negocios, sean capitalistas o estatales, requieren de dinero y de seguridad física.

De los 1,828 distritos que tiene el Perú, en sólo 119 la población tiene dónde guardar su dinero con seguridad. Y si excluimos a Lima Metropolitana, sólo 4 por ciento de los distritos cuentan con una agencia bancaria. Ilave y su distrito Collao, con 60,000 habitantes, no está entre esa minoría. Incluso, de las 194 capitales de provincia, casi dos tercios no cuentan con bancos de depósito.

Parte de este vacío viene siendo llenado por las cajas de ahorro y crédito, pero su labor recién empieza.

El Estado no puede hacer todo directamente, pero sí debe y puede hacerse responsable de que la actividad privada tienda a proveer las necesidades básicas de la población, y ciertamente la seguridad de la propiedad -trátese de titulación o de bancos- es una de esas necesidades.

EL CRÉDITO

Durante el quinquenio de 1993 a 1998, la expansión del crédito bancario representó cerca de un tercio de la inversión privada en el Perú. Fue un breve "boom" financiero, cuando se multiplicaron los bancos, las tarjetas de crédito y los proyectos financiados con préstamos bancarios. Aún si descontamos el crédito que se dedicó, no a la inversión sino a bienes de consumo o simplemente a crear un ahorrito fuera del país, la banca dio un buen empujón a la inversión.

Pero lo que parecía el inicio de una nueva era, donde se cumpliría la teoría del motor financiero del desarrollo, resultó una mera excepción. Desde 1998 la expansión del crédito ha sido cero: la inversión privada no ha recibido aporte alguno de los bancos. Tampoco hubo aporte en décadas anteriores. En los años setentas apenas un 2 por ciento del financiamiento para la inversión vino de los bancos, y en los ochentas el aporte fue más bien negativo. En el mejor de los casos, los préstamos bancarios han aportado quizás el 5 por ciento de la inversión privada del último medio siglo.

Todo indica que el crédito bancario ni ha sido un motor del desarrollo en el Perú, ni es tan necesario como la teoría lo ha pintado.

LA ESTABILIDAD

La estabilidad macroeconómica es una función del Estado, no de los bancos. Sin embargo, los bancos pueden tener un papel estabilizador, cuando actúan como amortiguador de los ciclos económicos, o un papel desestabilizador, cuando más bien multiplican los auges o las recesiones.

En los últimos diez años el comportamiento de la banca nacional ha tenido un resultado desestabilizador, al impulsar el auge de los noventas con un exceso de crédito, y magnificar la recesión de fin de década por su reacción de extremo nerviosismo.

Desmitificar el papel de los bancos no es criticarlos. Es un sector inadecuado más, y en eso se diferencia poco del resto de la economía. Lamentablemente, no existen apus cuando se trata de economía.

 


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